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Carta al lector

Carta al lector / Ángel de Quinta

Carta al lector

¡Qué bello es vivir!

Por Ángel de Quinta / Profesor de Arte y Literatura

Ángel de Quinta / Grazie MagazinePrepárate. O igual ya te has preparado y empleado a fondo en pensar, buscar y encontrar el regalo perfecto. Te has inventado una excusa para perderte en el océano revuelto que es tu ciudad en diciembre, hoy le has echado valor. Has calculado, ajustado cuentas, sabes hasta cuánto puedes gastarte y lo que te gustaría poder gastar pero no puedes. Está empezando a llover, y hace un frío... Acuérdate. Lo dijo aquel día mientras mirabais escaparates, y ahora no lo recuerdas. Sí su expresión al decirlo, hasta lo que llevaba puesto, pero, ¿qué era por dios? Perfumes, ropa, música, complementos, ¿otra cartera?, ¿otro bolso?, esta vez quieres ser original pero es tan difícil… Ojalá no hubieran inventado los ebooks ni los spotifys y le pudieras seguir regalando libros y discos. ¿O fue mientras veíais los anuncios en la tele? Un fin de semana en una casa rural con encanto, un viaje a París (esta vez sin pasar por Disneyland por favor), unas botas de trekking, un maillot nuevo para pilates, un reloj de esos que son como un ordenador amarrado a la muñeca. Más tiempo juntos, más caricias, un beso sorpresa de los que os dabais antes, escuchar mejor cuando ella habla, decirle lo guapo que sigue estando, lo bien que le queda esa corbata, ese vestido nuevo. Espera, no vaya a ser que no sea nuevo y metas la pata otra vez. Tantas veces, cien, doscientas al cabo del día, olvidamos lo que de verdad importa perdidos en el espeso bosque de las obligaciones, las prisas, los deberes… Ahora mismo te está pasando, no quieres llegar tarde al día de navidad, o de reyes, o de su cumpleaños -o de San Valentín, que por mucho que te niegues lo seguís celebrando-, y la ansiedad está al acecho. Y qué de gente en la cola de la caja, uff. Intentas relajarte, después de que te envuelvan la pashmina que acabas de elegir sin mucho convencimiento, vas a tomarte un café en el bar de la esquina.


Te has llevado esa revista que acabas de coger del mostrador –para algo que dan gratis…- y te sientas un rato para entrar en calor y atender los nueve o diez mensajes de whatsapp a los que aún no has respondido, más los chats de los dichosos grupos que cualquier día vas y te sales de todos. Memes de felicitaciones, chistes sin gracia, fotos de reuniones que no te interesan lo más mínimo, discusiones sobre qué día ponemos la comida de los amigos este año, ¿otra comida por el amor de dios? El aviso de que la batería está a punto de agotarse es como una señal del más allá para que guardes el teléfono y te centres en ese chocolate caliente –al final ha sido un chocolate- y disfrutes de él, que con lo que te ha costado ya te vale. Y miras a la gente pasando a través del ventanal, padres con niños embutidos en forros polares, una chica con gorro de lana calado hasta los ojos que camina sin desviar la vista de su Smartphone, una despedida de soltera armando un escándalo digno de una manifestación sindical, una pareja de ancianos que teme ser arrollada por la turba callejera. Algunos paraguas siguen abiertos a pesar de que ya hace un rato que ha dejado de llover. Entre el estruendo de risas que llega hasta el interior del café, y a pesar de que el volumen de la música bien podría impedirlo –qué manía martirizarnos con villancicos que igual nadie quiere oír-, reparas en sus rostros, algunos van en silencio, otros caminan, o corren, no sabes, ni tal vez sepan a dónde, y vuelves a hacer lo que hace mucho tiempo que no hacías. Inventar sus vidas, imaginar sus inquietudes, sus problemas, sus ilusiones. Y si han comprado ya sus regalos, y a quién se los van a comprar, y dónde. Te pones a hojear la revista. Grazie, te gusta el nombre. “Grazie, prego”. Un viaje a Italia, ¿por qué no? Demasiado turismo, ya, pero nunca habéis ido a Venecia juntos. Ese sería un buen regalo, pero ¿cuándo? No es tan fácil encontrar fecha…


Miras los anuncios, bonitas fotos, igual encuentras la idea perfecta entre estas páginas. Un curso de cocina, un taller de mindfulness (tal vez te venga mejor a ti), unas entradas para ese musical que tanto éxito está teniendo, pero de las buenas ¿eh?, de patio de butacas. ¿Y qué tal si este año no nos regalamos nada y donamos el dinero a una ONG?, mira, aquí hablan de una. ¿Y romper la tradición después de tanto tiempo? Venga, no tires la toalla. En cuanto pagues la cuenta sales de nuevo a dejar que la inspiración te encuentre por ahí. Qué de gente guapa en esa entrega de premios. Míralos cómo sonríen, ¿no van a sonreír? Ricos, elegantes, modernos, realizados… ¿Te estarás perdiendo algo en la vida? ¿O en realidad todos los que ves posando en ese fotocall están deseando llegar a su casa y ponerse en zapatillas? Cierras la revista y te dispones a levantarte. Está sonando What a wonderfull world, una canción que siempre te puso melancólico. En realidad no sabes de lo que habla, o nunca te has parado a pensarlo. The colors of the rainbow so pretty in the sky, are also on the faces of people going by… Buscas en el cielo por si ves un arco iris, como dice la canción. Pero no, eso ya sería demasiado. Te cruzas la mirada con alguien que pasa y sientes que algo os conecta, a lo mejor estáis pensando lo mismo en este preciso instante. Que a pesar de la confusión, la soledad, la ambición, el miedo y la locura de un mundo que parece escaparse de nuestras manos, a pesar del frío que hace en esta jodida ciudad y de que cada vez cueste más ver las estrellas con tanto alumbrado de colores, las mejores cosas en la vida siguen siendo gratis. Mira, como esa revista que ibas a dejar en el bar pero al final te has llevado contigo. Y piensas para ti mismo que, después de todo –y aunque aún sigues sin saber qué demonios vas a regalarle- merece la pena vivir.

By: GraZie Magazine

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