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Vida y Ocio

El cazador de ilusiones

El cazador de ilusiones

EL CAZADOR DE ILUSIONES / GraZie MAGAZINE

Soy la antítesis del padre que empuja a su hijo a jugar al fútbol. Es un mundo que siempre me produjo una profunda indiferencia. Me resistí, le distraje de todo lo relacionado con él, pero no conseguí desviar su atención. Los acontecimientos se precipitaron cuando Ralf exjugador, entrenador y cazador de ilusiones, creyó ver maneras en el afán con el que mi hijo mezclaba sus pies con un balón en el patio del colegio.

EL CAZADOR DE ILUSIONES / GraZie MAGAZINE

Fue sutilmente persuasivo, facilitando la posibilidad de acercarlo un poco más al fútbol, de forma que consiguió tornar mi indiferencia en duda, luego en curiosidad, interés y en sucesivos descubrimientos que hoy hacen que haya comenzado la quinta temporada en que me veo, aún perplejo, madrugando cada sábado para no perderme un solo partido, ajustando la vida al ritmo de tres entrenamientos semanales, llueva o nieve. El fútbol base tiene poco que ver con élites, lujos, glamur o repeticiones de jugadas a cámara lenta. Los niños imitan, pero también crean, inventan y agitan la realidad hasta convertirla en algo auténtico, diferente y alejado de cualquier cliché. En ocasiones parecen querer ser como sus ídolos, toman prestados sus gestos, pero hacen su propio partido ajustándose a sus posibilidades y superándolas casi siempre. Construyen su propia forma de estar en el campo, de afrontar la derrota y el triunfo, adentrándose a la realidad de la vida misma, acumulando experiencias que, de otra forma, sería casi imposible reunir a esas edades. En España hay casi veinte mil clubes de fútbol y en ellos juegan los futuros médicos, electricistas, agentes comerciales, fontaneros, ingenieros o policías que, gracias a su contacto con este deporte y a la guía de sus entrenadores, serán mejores en cada una de sus disciplinas debido al descubrimiento precoz del sentido que encuentran en el trabajo en equipo, el esfuerzo, el respeto, el compañerismo, la constancia, la amistad y la templanza ante un rival insolente, y todo ello, a fuego lento, desde la más tierna infancia.

J. L. Argenta

By: GraZie Magazine

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