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El ESTRÉS y nuestra alimentación

00 El estres y nuestra alimentacion / GraZie Magazine

Estamos en un mundo en el que el estrés forma parte de nuestro alrededor. De forma inconsciente, en la mayoría de ocasiones, estamos tan acostumbrados a él que no nos damos cuenta de que se convierte en algo propio y pasa de ser un momento puntual en el que nos ponemos alerta ante algo a algo habitual en nuestra vida.

Imbuidos en él, hacemos nuestra rutina diaria sin saber cómo nos influye en nuestras decisiones y formas de actuar y, por tanto, sin saber qué consecuencias puede tener en nuestra salud en un medio-largo plazo.

Los horarios de trabajo, las responsabilidades diarias y las actividades que realizamos hacen que se reduzca nuestro tiempo en casa y en la cocina. Frente a esta situación, lo que se suele necesitar son productos que sean rápidos de cocinar o que vengan ya preparados para no invertir tiempo en ello y esto lleva a comprar alimentos precocinados o a llamar a algún fast-food, todo alto en aditivos y poco saludable para nuestro intestino.

Además, el estrés continuado nos resta fuerzas, por lo que el cuerpo pide alimentos altos en azúcar o grasas saturadas para levantar el ánimo y esto se acaba convirtiendo en una dependencia: nos acostumbramos a comer productos dulces en estos momentos y en esas situaciones necesitamos sabores así, llegando a ponernos tristes si no los conseguimos.

Lo mismo ocurre con las grasas saturadas, y es que en un estudio reciente se ha detectado que pueden causar reacciones químicas en el cerebro similares a las drogas, provocando emociones negativas si no las ingerimos.

Pero comer este tipo de productos no solo genera esta dependencia, que ya es mala en sí misma, sino que puede provocar obesidad y una pequeña inflamación en el cerebro que está relacionada con la depresión y la ansiedad.

Junto con esto, aparece el café en escena, el gran aliado de muchas personas para poder llevar el ritmo de vida. Sabemos que el café tiene numerosos beneficios, pero también puede provocar el efecto contrario al deseado: una gran cantidad puede quitar el sueño también por la noche y, por tanto, hacer que al día siguiente estemos más cansados todavía y necesitemos más café.

Hay que tener en cuenta también que el café irrita el intestino y puede hacer que personas más sensibles no hagan bien las digestiones o tengan incluso diarreas, según la cantidad que consuman.

Y por último, es importante saber que el estrés hace que nuestro cuerpo ignore la sensación de saciedad y por eso suele crear un impulso de comer más cantidad de estos u otros alimentos o lo contrario, no tener ganas de comer nada por estar con el «estómago cerrado».

01 EL ESTRES Y NUESTRA ALIMENTACION / GraZie Magazine

¿Pero cómo puede afectar lo que comemos al cerebro?
Pues al intestino lo llaman el segundo cerebro, y es que ambos se desarrollan en la misma parte del embrión y tienen las mismas terminaciones nerviosas y neurotransmisores. Por eso, el intestino reacciona ante la ansiedad o el miedo, por ejemplo, de forma que hay una doble circulación de emociones y síntomas intestinales.

También, los niveles de cortisol elevados que aparecen en situaciones de estrés crónico afectan a las paredes y la mucosa del intestino, desequilibrando la flora y provocando inflamación, lo que favorecería cambios en el estado de ánimo.

Así que cualquier alimento que comamos cuando tenemos estrés puede que no lo digiramos bien y los alimentos que nos alegren en el momento (y que quizás comamos en exceso) después podrán provocarnos el efecto contrario.

¿Y qué hacer cuando el estrés nos domina?
Lo primero, si es posible, evitar vivir con él.
Algo que ayuda mucho también es dedicarnos un rato al día exclusivo para nosotros, para hacer algo que nos guste y nos haga desconectar.

Una buena planificación en la cocina hará que no busquemos alternativas de comida poco saludable en el último momento, sino que cojamos algo que hayamos hecho con antelación.

Pero si, por la razón que sea, es difícil evitarlo y nos llega una situación de estrés y una ansiedad por comer esos productos altos en azúcar o grasas saturadas, lo mejor sería trabajar este hábito y cambiarlo por otro poco a poco. Puede servirnos el hecho de evitar comprar esos productos para no tenerlos a la vista en ese momento.

Y si nos damos ese atracón finalmente, lo más importante es no tener pensamientos y emociones negativas por ello después. Hay que pensar en uno mismo, aceptarse y quererse siempre, pero en ese momento más todavía para no hundirse en el «lo he vuelto a hacer». Por eso, es interesante trabajar de forma continuada el autoconocimiento y la aceptación, y comer de forma consciente.

Para ello, os propondría en algún momento del día, al comer, hacerlo observando bien el alimento que vais a ingerir, el color, la forma, etc., tratar de masticarlo bastantes veces y saborearlo. Si conseguís hacerlo a diario, aunque solo sea una vez, disfrutaréis de la comida de otra forma, os saciaréis más y no tendréis pensamientos culpables si decidís comer ese producto que os «anima» ante el estrés.

Por Andrea Torres

Coach nutricional por UCM y fundadora de Amali

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By: GraZie Magazine

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