Compromiso Social

EL virus de la igualdad

Cabera articulo, el virus de la igualdad

Por Dra. Elisabeth Arrojo

Médico oncólogo / Directora médica de INMOA (Instituto médico de oncología avanzada)

 

Resulta llamativo...

     Cuando alguien está enfermo, inevitablemente, las personas que le rodean tienden a compadecerle. Con mucha frecuencia, las personas de su alrededor le miran con cara de “pena”, y con excesiva frecuencia, el enfermo no es capaz de tener una conversación sobre la vida “normal”, sin tener nada que ver con su día a día como enfermo. La persona enferma, muchas veces, parece que deja de ser persona para convertirse sólo en “enfermo”. Así, no tiene descanso de su enfermedad, para seguir siendo persona... Y esta falta de descanso, no sólo es porque sus síntomas físicos y psíquicos no le dejan, sino también porque la propia sociedad no le deja seguir siendo persona, y no sólo enfermo.

Como seres humanos, con frecuencia sentimos compasión por las personas que viven dificultades. Y para nada considero que sea un sentimiento negativo, salvo que cuando este sentimiento hace desaparecer a la persona en todas sus dimensiones, para reducirla únicamente a lo que vemos como “una desgracia”, estamos contribuyendo a reducir a nuestros semejantes a algo triste, a hacerles “pequeñitos”, quedando de lado toda la grandeza que representan esas personas.

Compasión por las personas

La pandemia de COVID-19 que vivimos está siendo terrible. Está afectando a la salud física y psíquica de millones de personas. Personas de todas las clases sociales, edades y condiciones. No distingue por nivel económico, que muchas veces es lo que tendemos a pensar que diferencia el pronóstico de las enfermedades. Cuántas veces las personas sienten que la gente con muchos millones en sus cuentas bancarias son “invencibles”…

Por supuesto, esta pandemia está siendo realmente dramática, pero habitualmente pienso que las cosas suelen ocurrir por algo. La vida, continuamente nos envía señales que modifican nuestro presente y futuro, pero desafortunadamente no siempre somos capaces de verlas. Vivimos en un mundo de prisas, de mirar hacia nosotros, de rutina, de no pensar, de seguir la corriente. Y de pronto, la vida, nos ha hecho parar, y parar de una manera brusca. Ha roto todas nuestras rutinas, nos ha hecho ver, lo que con una venda en los ojos no podíamos distinguir. Nos ha puesto delante un rótulo luminoso mostrándonos lo que de verdad importa, nuestra salud, nuestro bienestar, nuestra felicidad y la de aquellos que nos rodean. La importancia de preocuparse por los demás. La importancia de cuidarnos para cuidar al resto. La importancia del esfuerzo, trabajo y dedicación de muchas profesiones tan poco valoradas a veces... La importancia de ayudarnos desde lo que nos une más profundamente, que es nuestra condición de seres humanos, vulnerables.

Se ha llevado a cabo la polémica manifestación del 8M, en busca de la igualdad, y en paralelo la mayor manifestación de igualdad posible, ya había llegado a nuestras vidas, a la de todos lo seres humanos de este planeta. El terrible COVID-19 ha sido una gran manifestación de igualdad como personas finitas y con necesidad de unidad para poder avanzar, para salir adelante.

Y vuelvo al principio de esta reflexión, y especialmente por dirigirme a aquellas personas que padecen una enfermedad grave que ha trastocado sus vidas, para resaltar lo que muchas veces hablo con tantos y tantos pacientes, con tantas y tantas personas. La vida es lo que tenemos en este instante, sin saber lo que va a pasar dentro de un segundo. La vida cambia de una manera radical en el momento más inesperado, y cambia para cualquier persona, sin distinción por clases, género y sexo. La vida es para disfrutarla con las cartas que tenemos en cada momento. Cuántas de aquellas personas que sentían compasión por otra persona que padecía una enfermedad grave, han vivido y sufrido la letalidad de esta pandemia de manera súbita. Cuántos pensaban que su vida ya se acababa, y continuará, y cuántos pensaban en su futuro “inmortal” hasta la senectud y ya no están aquí.

Flor blanca sobre agua azul

Aprovechemos esta grandísima señal que nos envía la vida para aprender, para reflexionar, para crecer. “Lo que no te mata, te hace más fuerte”. El COVID-19 nos está haciendo mucho daño, pero nos da la oportunidad de abrir los ojos, muy grandes y darnos un baño de realidad que puede ayudarnos a vivir de una manera mejor.

¡¡Ánimo valientes!!, que unidos somos demasiado grandes para sentirnos pequeños. El mundo es maravilloso, y lo estamos viviendo más que nunca con las muestras de ayuda y apoyo de unos a otros para salir adelante. Y la próxima vez que veamos a alguna persona enferma, borremos nuestra cara de compasión, y hagámosle pensar en todas las maravillas de nuestro mundo olvidándose por un momento de su sufrimiento.

Los médicos conocemos el pronóstico de las enfermedades, pero no el veredicto. Nadie sabe donde está su final, y por ello, disfrutemos al máximo del presente que es lo único real que tenemos.

 

Firma de Dra. Elisabeth Arrojo

 

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Por:Dra. Elisabeth Arrojo

Ficha del autor:

Dra. Elisabeth Arrojo

Médico oncólogo / Directora médica de INMOA (Instituto médico de oncología avanzada)

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