Valor Humano

HÉROES

Cabecera árticulo

Por Celia Benito Quislant

El héroe de Molokai, ese libro que mi abuela atesoraba en la mesilla de noche, un poco desvencijado, con una ilustración en azules de un señor con barba, hábito blanco y banda azul. Esa fascinante historia que costaba creer que fuera verdad y que mi abuela, además de enseñarme a rezar el rosario, me leía por las noches porque era una de sus historias favoritas. Recuerdo con claridad aquél pequeño libro por la huella que dejó en mí el sacrificio y la ejemplaridad de este señor que sin conocer de nada a los habitantes de una isla perdida y enfermos todos de lepra, decidió vivir con ellos para curarles. Ese es el mensaje que me quedó entonces de aquélla aventura extraña. Hoy comprendo que el héroe de Molokai curaba además algo más importante que la enfermedad del cuerpo, la del alma.

Cuando tuve más sentido leí sobre aquél héroe que en realidad era el padre Damián de Veuster, a quien después santificarían. Era belga y de la congregación de los Sagrados Corazones y decidió dar un salto oceánico hasta Molokai, en Hawaii.  Allí se ordenó sacerdote, en el exótico Honolulu y su vida cambió radicalmente cuando la lepra penetró en este paraíso.  No dudó en solicitar a sus superiores el destino que nadie quería: la llamada Colonia de la Muerte. Un lugar donde, como en la película de Ben Hur, agrupaban a todos los enfermos de lepra. Una ciudad fantasma, triste, arrinconada por el resto de las personas sanas de la isla. La colonia del miedo.

Imagen de cuento y corona sobre un cogin

Damián calmó los ánimos de los más de 600 enfermos de aquella colonia que se peleaban entre ellos para sobrevivir; construyó una iglesia, recuperó el trabajo en las granjas, estableció escuelas para los niños y animó a los habitantes a pintar de nuevo sus casas. El padre Damián no lo sabía, pero además de santo era un líder.

La vida está llena de héroes invisibles, que pasan de puntillas por nuestro lado hasta que descubrimos sus hazañas y nos clavan un aguijón que nos crea la necesidad de contarlo. He tenido la fortuna de cruzarme últimamente con varios: Con Gloria Viseras, Campeona de España de gimnasia rítmica en la era de Nadia Comaneci, que con una valentía digna de titanes nos contó cómo su entrenador la violó repetidamente desde los 11 hasta los 16 años mientras se preparaba para las olimpiadas. Y lo relató sin perder esa maravillosa sonrisa, entre lágrimas que no puede evitar siempre que lo recuerda, delante de las cámaras para un programa de televisión que dirigí que se llama Acosados.  Gloria desde que pudo contarlo después de 30 años, dedica su vida a la lucha contra de los abusos sexuales a menores en el deporte. Como el caso de Sonia Vivas, que también nos lo contó para el mismo programa, una policía a la que acosaron sus propios compañeros, otros policías, para hacerle abandonar lo que más le apasionaba en la vida: defender a los demás. Se enfrentó a todos ellos, sufrió mucho y hoy, me consta, sigue luchando en favor de los derechos de lo más débiles.

Dibujo de coronas sobre un papel cuadriculado

Pero estos nombres, que quizá nos parecen personas muy fuertes, con destinos elegidos a pesar del sufrimiento, no son los únicos héroes que conozco. Vosotros también os cruzáis a diario con muchos más: en el metro, en la panadería, en el supermercado. Ayer, cuando caminaba por el andén del metro de Madrid, me adelantó una señora que a duras penas podía caminar. Tenía los pies hacia dentro y andar parecía una tarea imposible, pero ella sola y sin ayuda de nadie subía las escaleras como cualquiera de nosotros. Hace un par de días, hablando con unas vecinas, una de ellas nos contó que se quedó viuda a los 24 años, de golpe, con dos niños pequeños y sin trabajo y hoy, sus dos hijos tienen puestos de responsabilidad y ella mantiene una serenidad que contagia. Otro de ellos, sin perder la sonrisa, nos dijo que él era huérfano y que nunca conoció a sus padres. Siempre vivió con familias de acogida y en centros para niños. Su talante, su simpatía y su energía iluminan las mañanas cuando lo encuentro.

Imagen de corneta real

La vida está llena de héroes que no somos capaces de distinguir. Basta un poco de atención para descubrirlos bajo el foco cenital de los elegidos. Cuando la oscuridad comience a anegar nuestro corazón, pensemos en ellos, en su coraje y en su manera de afrontar la vida que es, siempre, el mejor regalo que nadie podrá igualar nunca.

Firma de Celia

Por:Celia Benito Quislant

Ficha del autor:

Celia Benito Quislant

Soy esencialmente creativa y positiva.

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