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Íñigo Urrechu

Íñigo Urrechu

El placer de Urrechu

Iñigo Urrechu / Grazie Magazine

 

Íñigo Pérez de Leceta nació en Villareal de Urrechu (Urretxu), Guipúzcoa, el 22-08-1970.

Sus primeros pasos en cocina fueron en el año 1987, de la mano de Martín Berasategui, con el que aprendió no solo el gusto por la cocina, sino el sentir con pasión cada plato que hace, cada momento de la cocina y, sobre todo, a ser buena persona, para que ese sentimiento de cariño se refleje en los platos.

Después pasó ocho años en El Amparo, hasta que en 2002 consiguió el sueño de su vida: tener su propio restaurante. Sus numerosos libros de cocina, su imaginación y su excelente actitud para con las personas le han convertido en un gran comunicador.

La calidez y cercanía de este chef la podemos disfrutar en cada uno de sus restaurantes.

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A todo el que le pregunto por ti sonríe y se alegra, ¿tiene algo eso que ver contigo?

-Si yo tuviera que poner una palabra en mi vida, sería pasión; digo esto porque cuando yo veo a un amigo yo no le doy la mano, yo le doy un abrazo. Cuando veo a alguien yo no le saludo, yo le sonrío y el hacerlo me hace muchísima ilusión. Si uno le transmite a la gente alegría, ellos te devuelven alegría. Uno debe aprender a alimentarse de la felicidad de la gente que viene a comer a su casa, y eso lo vivo con muchísima pasión.

IÑIGO URRECHU / GraZie MAGAZINE

¿Qué motiva a Íñigo a venir cada día con esas ganas y esa fuerza que le identifica? ¿Cuál es el secreto?
-El secreto, para mí, está en apreciar y valorar esos pequeños puntitos que se van uniendo y con los que puedo suspirar. Cuando hago lo que me gusta, como estar con mi amigos, compartir con la familia o estar en el restaurante, aprovecho esos pequeños puntitos que van conformando mi línea de la felicidad.

¿La vida es una sola o vamos a venir más veces?
-Yo no sé si vamos a venir más veces o si hemos venido ya más veces (risas). Yo lo que sé es que hay dos tipos de vida: la vida personal y la vida profesional, y para estar feliz en la vida personal es importante sentirse desarrollado profesionalmente. Que cosa más bonita es que alguien elija aquello que le apasiona y le gusta. Pienso también que hay que aprender a separar una de la otra, es decir, en el trabajo se hacen cosas del trabajo y en la casa, cosas de la casa. Así que vivo mis dos tipos de vida intensamente y entre sí conforman mi propia vida.

Muchos hemos crecido escuchando a nuestros padres decir: «Lo he preparado con amor». ¿El amor, al cocinar, realmente influye a la hora de recibir los alimentos? ¿Tú eres de los que lo dice?
-Sí, totalmente, es que es básico. La cuestión no es llenar la tripa, la cuestión es enamorar. Tenemos que darle besitos al producto, esos besitos significan cuidar el punto exacto de cocción y comprobar que todo esté bien integrado y balanceado. El cariño y el amor en la cocina son la máxima expresión de gastronomía. Intentamos enamorar a las personas con las muestras de amor que tenemos al preparar la comida.

Sabemos que eres deportista. El deporte y la comida, ¿qué relación e importancia crees que tienen en la vida de las personas?
-Ambos son muy importantes. El deporte es un ejemplo para con una serie de valores y una buena alimentación es fundamental para el pleno desempeño. Yo siempre digo que es bueno marcarse objetivos deportivos, como un maratón, senderismo o algo que nos motive, y si a esto lo acompañamos de buenos hábitos alimenticios, sin duda nos ayudarán a superar nuestras barreras y límites. Con el deporte comprendí que con constancia, criterio y humildad, todos los retos son posibles.

IÑIGO URRECHU / GraZie MAGAZINE

Sabemos también que tienes una anécdota de haber corrido toda una noche y madrugada en La Finca por un desafío solidario, cuéntanos.
-Hay cosas en esta vida que me hacen sentir bien como ser humano, que me hacen sonreír; cuando estoy ayudando a alguien, eso me hace feliz. Mi vida personal se nutre de una serie de cosas, entre ellas el compromiso que tengo para con la sociedad. Este reto solidario fue una oportunidad para entregarle todo mi esfuerzo y empeño a aquellas personas que, por una u otra razón, tienen o están pasando por una situación difícil y complicada.

Íñigo, ¿la solidaridad, la generosidad y la humildad están asociadas al éxito?
-No, no tienen por qué estar asociadas. Hay personas con mucho éxito económico que no son buenas personas. En cambio, hay personas que, aun ganando mucho menos dinero, contribuyen y dan a aquellos que tienen y perciben menos. «El éxito para mí es rodearse de aquellas personas a las que quieres».

¿Qué crees entonces que hace falta para que entendamos que actuando hacia el bien podemos conseguir grandes cosas?
-Hacen falta las ganas de ayudar y de querer servir a los demás por el simple hecho de hacerlo. Sin más.

Íñigo es amigo de sus amigos, ¿cómo sales de situaciones incómodas con gente que no conoces, tienes algún otro recurso además de sonreír?
-Sin duda no poniéndome la coraza, porque si yo me la pongo, seguro que no me llevo el hachazo, pero con la coraza puesta tampoco puedo recibir o apreciar las cosas buenas que me deparan. Yo asumo que todos los días voy a tener sopapos por todos los lados, pero también asumo que voy a conocer a gente maravillosa. La gente tiene el lícito derecho a equivocarse, los fallos son algo innato y todos deberíamos tener la oportunidad de enmendar nuestros errores.

 

Hagamos un juego:

Si te digo comida, tú dices…
Si te digo familia, tú dices…
Si te digo deporte, tú dices…
Si te digo valores, tú dices…
Y si te pregunto por un sueño, tú dices…

...Pasión.

...Amor.

...Vida.

...El ser humano.

...Mantener la sonrisa.

 

¿Te gustaría añadir algo?

-Sí, me siento tremendamente halagado de que vosotros me hayáis escogido para que la gente me conozca no solo como cocinero, sino como persona.

 

Muchas GraZie Íñigo.

Iñigo Urrechu / GraZie MAGAZINE

ENTREVISTA y FOTOGRAFÍA: GraZie MAGAZINE

 

 

 

 

By: GraZie Magazine

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