Deporte de superación

JAVIER FERNÁNDEZ

Cabecera de Javier Fernández

Déjame contarte una historia de príncipes...

...una historia de lejanas galerías heladas del paraíso del arte, de la lujuria, del encanto. Allí, no reside nadie más que quien la perfección busca, que quien por sus sueños lucha. Allí, las personas que viven una vida cotidiana tienen en su haber varios hitos escritos a mano en los libros de leyenda. Un bronce cosechado en tierras asiáticas se postra como protagonista. Se coloca en una estantería, observando el trabajo diario de la ciudadanía de aquellas lejanías. No envidia, sino solo recuerda.

Dos botas se alzan sobre el vacío del aire que contiene el Martín Carpena. Se anudan una tras otra, en el mayor de los silencios, si es que alguna vez existió este sonido. Dos cuchillas se denotan bajo estas, dos que responden al brillo de los leds del pasillo, y no a la batalla. Las luces se hunden en el camino, responden a la demanda de los que vinieron a presenciar esta obra de arte.

El lienzo, como viene siendo habitual, se tiñe de transparencia. Podría ser líquido, pero es sólido. Es agua. Nieve. Hielo. Los protagonistas, como también es costumbre, muestran sus colores con encanto, con peripecias que nunca nadie vio antes. Juegan a ser sombras, a demostrar que la oscuridad no les intimida. Sin embargo, la luz que antes se había marchado les busca incansablemente. Siempre. Sin cesar.

Las cuchillas lijan el lienzo y crean la primera obra de arte. Las páginas de los libros comienzan a escribirse, y Oscar Wilde retira su frase de que «cualquiera puede hacer historia». Solo ellos saben hacerla. Eso es lo que le parece a cada uno de los presentes.

Javier Fernandez en una de sus piruetas

En ese instante, los ojos del respetable se funden con una combinación que demuestra que las artes se olvidaron del patinaje artístico. Van y vienen, no se pierden. El foco los guía. Desfilan por el cuadro decenas de botas anudadas, bien sujetas, bien acomodadas para desafiar los límites de lo prohibido en el deporte. La gravedad se altera para dejarles paso, pues incluso ella los observa con atención, sin perder detalle de sus gestos, de su elegancia, de su perfección.

Sin titubeo alguno, las melodías de voces místicas brotan de la cúpula del Palacio de los Deportes de Málaga. Las cuchillas siguen con su propia historia, conectando con el corazón de los que valoraron anteriormente la fuerza expresiva. A veces se despega una de ellas, en la mayoría de ocasiones lo hacen ambas. No pierden equilibrio. Todo lo contrario, lo dominan.

Danzan uno detrás de otro, revolucionando el patinaje, buscando atraer la magia a un lugar tocado por la varita de Houdini. Paso a paso, giro a giro, ceden relevancia al estandarte de la obra. Se apartan, en señal de compañerismo, ya que todos han cautivado a quienes allí los han presenciado. De la esquina superior derecha emanan destellos, unos que brillan más que aquellos de las cuchillas, que la propia magnificencia demostrada. Una corona hace acto de presencia.
Los príncipes se arrodillan.
El bronce cierra los ojos.
Es Javier.
Qué decir del rey.

Javier Fernández y Pablo Alboran

Javier Fernández nació en Madrid hace 27 años un 15 de abril. Nadie le privó de gota de sudor alguna en su lucha constante por cumplir sus objetivos. Entrenó en sus inicios en el Club Igloo, situado en Majadahonda y fundado en 1998, y, tras pulular por el Club Circus Villalba, retornó a él. Desde ese mismo instante, su carrera se convirtió en un sinfín de oportunidades profesionales que fueron surgiendo mes a mes hasta el punto de subir a lo más alto del planeta del patinaje.

Campeón de España Júnior en 2007, 2008 y 2009, y 14º con tan solo 19 años en los Juegos de Vancouver 2010, Fernández marcó una época. Desde 1956, con Darío Villalba, el patinaje español no había gozado de representante en la máxima categoría, sin embargo, este joven madrileño desafió los límites de lo establecido y cargó con dicha responsabilidad a sus espaldas. El Campeonato de España de 2010 fue suyo en un alarde de superioridad que se ha mantenido sin interrupciones desde 2012 hasta hoy día.

La leyenda se escribió con mayúsculas desde sus primeros pasos, o poesía, sobre el pulido hielo de la esfera terrestre. Javier se proclamó campeón europeo en 2013, así como internacional en 2015, año en el que consiguió el triple galardón: España, Europa y Mundial. Pese a todo ello, lo que lo convierte en especial no es únicamente el hecho de haberse colgado la medalla, sino haberlo hecho en seis ocasiones a nivel europeo y en dos a nivel mundial, así como en ocho en la categoría nacional.

Su seriedad en la pista y su serenidad a la hora de ejecutar cada programa hicieron de él un estandarte nacional. Acaparó portadas, tachó objetivos de la lista, jugó con los corazones de aquellos que un día vieron este deporte apartado de lo cotidiano y lo sintieron como suyo. Acabó con los ideales de la individualidad y creó un equipo en cada coreografía en solitario. Consiguió hacer lo que nadie antes y había cosechado sus frutos, todo ello con una sonrisa en los labios.

Y como patinar fue lo que mantuvo viva la llama de la felicidad de un chico de Madrid que llegó a dominar el planeta, patinar es lo que continuó realizando. Después de hacerse con el primer bronce en la historia de España en unos Juegos de Invierno, los de Pyeongchang 2018, en patinaje artístico, decidió mostrar a su país por qué hacía lo que hacía. El resultado de ello fue idear un proyecto distinto del resto, que desafiaba los límites y convivía plenamente con los ideales de la disciplina. Un proyecto que revolucionaba el patinaje.

Javier Fernández

Hablar de Javier es hablar de arte, de figuras, de movimientos imposibles, de perfección. Hablar de Javier es hablar de entrenamiento, de sacrificio por los sueños, de esfuerzo diario, de una historia sin precedentes. Sí, hablar de Javier es hablar de la magia de danzar sobre dos cuchillas, de los zapatos anudados con los que Jackson Haines inventó un nuevo lenguaje. Hablar de un campeón del mundo español no es únicamente hablar sobre él, sino de algo más.

¿Qué te llevó a ser patinador?
- Mi hermana fue quien despertó el gusanillo del patinaje en mí. Ella era mi referente cuando era pequeño.

Ahora cuando miras hacia atrás y ves todo lo que has conseguido, ¿qué es lo primero que se te viene a la cabeza?
- Reconocer el gran esfuerzo de mi familia me enorgullece; les debo todo.

Los comienzos siempre son duros; tú has conseguido alcanzar metas inalcanzables para algunos, ¿sigue siendo duro para ti?
- Todo en la vida es duro, pero cuando uno tiene unas metas y lucha por conseguirlas siempre llega el resultado.

¿Crees que eres afortunado?
- Por supuesto que lo soy, y no solo por tener la familia y amigos que tengo. He podido llevar a cabo mi profesión, he conseguido importantes victorias y he trabajado al lado de grandísimos profesionales. Ahora, con Revolution on Ice, traer a mi país el patinaje artístico de la mano de grandes amigos es otro sueño hecho realidad.

¿Tienes algún referente que te sirva de ejemplo e inspiración para tu vida? ¿Porqué?
- Rafa Nadal o Íker Casillas son deportistas españoles a quienes admiro por todas las alegrías que han dado al país y los valores que transmiten.

¿Cómo te describirías?
- Un chico sencillo, amigo de mis amigos y amante del deporte.

Has sido dos veces campeón del mundo y seis veces campeón de Europa, detrás de todas estas victorias hay mucho trabajo, esfuerzo y preparación física, pero, ¿hay algo más que tú consideres importante que influya también en todo esto?
- El apoyo de mi familia y amigos ha sido fundamental para conseguir estos éxitos.

Javier Fernández patinando

¿Sigues algún ritual cuando vas a competir?
- Muerdo un limón antes de empezar a competir.

Veintisiete años y muchas medallas y campeonatos ganados, muchos recuerdos y situaciones curiosas, ¿nos podrías contar algo que recuerdes con especial cariño?
- Desde luego que ganar el primer europeo fue una gran alegría después de tantos años de sacrificio y esfuerzo. A partir de ahí vinieron más títulos y cada uno de ellos siempre tienen un sabor especial

Sabemos que tu residencia habitual está en Toronto, ¿hay posibilidad de venir a vivir a España? ¿Qué necesitarías?
- Ya estoy viviendo en Madrid; aunque sigo viajando por todo el mundo, después de los Juegos Olímpicos me he vuelto a casa.

El patinaje va unido a la música, ¿qué te lleva a escoger un tipo de género en concreto?
- Junto con mis coreógrafos, escojo una serie de registros musicales con los que me encuentro cómodo y los adaptamos.

Hablemos de sueños… ¿Hay alguien con el que o la que te gustaría patinar?
- Pablo Alborán, en directo.

Revolution On Ice: después de esta gira, que termina el 29 de diciembre en Madrid, ¿qué proyectos tienes?
- Por supuesto, seguir empujando este show por toda España. Estamos desarrollando Flamenco on Ice para el mercado asiático y hago mi propio summer camp en España, que el año pasado fue todo un éxito y repetiremos en un futuro.

¿Qué mensaje nos quieres trasmitir?
- Sin trabajo no hay resultado.

Siempre GraZie

INTRODUCCIÓN: Francisco Zambrana

ENTREVISTA: Custodia Ponce

FOTOGRAFÍA: Bb / GraZie Magazine

Javier Fernández finalizando su espectáculo

 

Firma de Custodia Ponce

Por:Custodia Ponce

Ficha del autor:

Custodia Ponce

Editora / Directora de GraZie Magazine

Comentario al autor

Grazie Magazine una revista de colección
^