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Juan Oiarzabal / EL ESPAÑOL QUE TOCÓ LOS CIELOS DEL HIMALAYA

Juan Oiarzabal / Grazie Magazine

Sobre la cima de las montañas más elevadas del planeta solo pululan durante algunos segundos del día aquellos que eligen el riesgo por encima de cualquier otro oficio en la vida. El silencio que reina en el lugar prometido, en el Olimpo de los dioses del Himalaya, es inaudito. De hecho, pocos han tenido el placer de contemplarlo. Juan Oiarzabal, a sus 63 años, lo ha hecho en 26 ocasiones durante las 47 expediciones realizadas a la cordillera más destacada de nuestro planeta.

Juan Oiarzabal / GraZie MAGAZINE

¿Es igualmente digno de alabar el hecho de subir una montaña con una expedición comercial que hacerlo al estilo clásico? ¿Se reconoce de la misma forma por parte de los profesionales?
‘‘No todo el mundo es igual. Siempre nos fijamos en el Everest, y ahora hay que fijarse en más montañas, porque desgraciadamente ahora vamos hacia atrás. En el Himalaya ahora vamos hacia atrás. Cuando yo hice mi primer ochomil en el año 85, a mí ni se me pasaba por la cabeza utilizar oxígeno. Vaya, ni comentarlo, ni hablarlo, ni siquiera pensarlo. Todo esto ha cambiado, y lo ha hecho a peor. En los años 70 y 80, aquellas expediciones yugoslavas, polacas, los rusos, que eran verdaderamente innovadores y estaban por encima del alpinismo, hacían grandes cosas.

Hoy, para ir al Everest de la forma en la que se hace, no se debe dar dinero público. Otra cosa es que yo sea colega tuyo y te dé 50.000 euros. Sin embargo, ir a pedir dinero para subir el Everest por la ruta clásica y de la forma que estamos acostumbrados a verlo, que no ha sido mi caso, pues no tiene mucho sentido. Es verdad que todo el mundo se fija en esta montaña por lo que está ocurriendo, pero el Everest no es sinónimo de que todas las montañas se hagan de la misma forma’’.

Acerca de las nuevas tendencias en el alpinismo, ¿es una innovación el hecho de que Alex Txikon haya utilizado el método de los iglús para conseguir una temperatura de 0 grados?
“Eso ya estaba desde muchísimo antes. Los inuits ya los hacían. Es una técnica que ya se hacía y a él se le ha ocurrido la brillante idea de ir allá y hacer unos iglús para que en temporada invernal la temperatura a la hora de dormir sea más cálida, y sobre todo para que no se produzca condensación. Yo también he estado en invierno en la montaña y la condensación que se forma dentro de las tiendas es una pasada. Ellos tuvieron esa idea, pero no creo que sea innovador ni nada de ello, pues cuando he estado en un 8000 en invierno lo he hecho en tiendas normales y corrientes, y teníamos unas estufas en Pakistán, en el Broad Peak’’.

Al hilo de esta expedición sobre la que preguntamos, ¿es ético en el alpinismo seguir a toda costa hacia la cima o, en el caso último de Txikon en el K2, darse la vuelta para socorrer a dos personas con pocas probabilidades de supervivencia?
‘‘Esos valores no corresponden a la ética del alpinismo ni mucho menos. La ética del alpinismo es para mí otra cosa. Una cosa es ser solidario y otra es que tú entiendas y creas necesario que

tienes que ir a buscarles o hacer un reconocimiento, o echar un cable o hacer una ayuda. En este caso, efectivamente, después de unos días, el aguantar allí en una situación invernal, con mal tiempo y mucha nieve es lo más lógico que no se sobreviva.

Pero no solo ha sido Alex, sino que se ha hecho en otras montañas y otras personas. En el intento de rescate de Juanjo Garra, que desgraciadamente estaba con Lolo, Alex Txikon intentó hacer, en la medida de lo posible, lo máximo, pero no se pudo conseguir nada.

Esto lo puede hacer Alex Txikon o cualquiera de nosotros. Hay que encontrarse en el momento, y yo, personalmente, nunca he tenido esa experiencia ni me he encontrado con ello. No se trata de una ética, sino de ser solidario, sino de echar una mano a unos compañeros para ver dónde podrían encontrarse’’.

Juan Oiarzabal / GraZie Magazine

¿Qué opinión le merece Carlos Soria, quien a sus 80 años desea completar los 14 ochomiles? ¿Y Súper Paco, el malagueño que realiza carreras de resistencia?
‘‘Tengo opiniones encontradas en cuanto a Carlos. En primer lugar, creo que es una gesta de superación la que realmente tiene Carlos Soria. Le conozco y muy bien, ya que he compartido con él infinidad de momentos en infinidad de expediciones. Lo que pretende y lo que quiere hacer es algo digno de señalar, porque una persona ahora con 80 años con esa capacidad de aguante que tiene que tener una persona mayor en un campamento base en condiciones extremas es para quitarse el sombrero y decir: ‘Hostias, este hombre sabe lo que quiere’.

Sin embargo, alguien que ha ido nueve, y ahora la décima, al Dhaulagiri, evidentemente, por su cabeza tienen que pasar muchas cosas. Es un hombre muy tenaz y tiene mucha ilusión, ambición y cabeza para subirlo, pero ir con 80 años 10 veces, creo que ya está bien. Tiene que dejar paso, porque ya no estamos para andar haciendo expediciones de la naturaleza que él hace. Me merece todos los respetos, en cualquier caso.

En el caso de Paco, pues también. Es diferente, ya que no tiene nada que ver una disciplina con la otra, pero, desde luego, la tenacidad que tiene que tener es inmensa. Merecen respeto, pero creo que Carlos Soria debería olvidarse de completar los 14 ochomiles’’.

¿A quién debe dejar paso Carlos Soria y su generación? ¿A jóvenes que están innovando y desafiando los límites?
‘‘El problema es que en el Himalaya, en montañas de 8000 metros y en sietemiles, por parte de gente de España, está absolutamente todo hecho. Por lo tanto, lo que hay que valorar es a aquellas personas que económicamente no tengan el sustento. Hay que apoyar a esas personas con fondos siempre que vayan a hacer algo distinto, porque financiar una expedición en Euskadi, de donde yo vengo, para hacer un chollo, pues no lo veo adecuado. Creo que eso no es dejar paso a los que vienen detrás, porque ellos tienen que hacer cosas nuevas, distintas y creativas’’.

Javier Oiarzabal / GraZie Magazine

 

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