¿La Navidad es de todos?

por Ángel Gutiérrez Sanz | Compromiso social

Antes de iniciar este artículo me hubiera gustado salir a la calle, teléfono en ristre y atosigar con preguntas a todo el que se pusiera a tiro, pero bien mirado es suficiente con el testimonio de la gente que conozco y tener los ojos bien abiertos para saber interpretar los gestos y comportamientos de quienes se disponen a celebrar la Navidad. No son muchas, pero por extraño que parezca, hay personas a quienes estas fiestas les produce escalofrío, un cierto sentimiento de angustia y les gustaría tirar de la cuerda para desprender del calendario estas señaladas fechas. Los motivos pueden ser diversos, entre otros, estarían los sentimientos de nostalgia por la pérdida de seres queridos, cuyos asientos han quedado vacíos o puede tratarse de personas marginadas que, cuando llegan estos cálidos días, se agudiza su sentimiento de orfandad. Aparte de estos casos aislados, por lo general las fiestas navideñas resultan ser las más alegres de todo el año.

¿La Navidad es de todos¿

Partiendo del hecho de que las Navidades son unas fiestas de todos y para todos, es obligado decir, que lo son por distintos motivos. Por eso no estaría mal dejar claro, en cada caso, de qué Navidades estamos hablando. Desde hace unos años hasta el presente, se aprecia un intento, por parte de las Administraciones Públicas, con contadas excepciones, de neutralizar el espíritu cristiano, tal como lo manifiesta la recomendación, no digo ya por parte de la Liga de los Estados Árabes, sino de la misma Unión Europea, de no felicitar las Navidades sino decir, simplemente “Felices Fiestas” por aquello de no herir sensibilidades. En el fondo, de lo que se trata es de restablecer el sentido pagano de las fiestas saturnales, en honor a Saturno que tenían lugar en el solsticio de invierno, en que se rendía culto al sol naciente, coincidiendo con la fermentación del vino y la cerveza. Época esa también en que se sacrificaba un gran número de animales para no tener que alimentarlos en invierno, por lo que la celebración de bacanales y orgías para consumir productos caducables era casi una necesidad.

¿La Navidad es de todos? por Ángel Gutiérrez

En este contexto es fácil de explicar por qué en calles, plaza y lugares públicos de nuestros pueblos y ciudades hayan ido desapareciendo los iconos religiosos, para colocar en su lugar un derroche de puntos luminosos, así como sustituir los rituales religiosos por jolgorios y celebraciones gastronómicas de carácter familiar o social, que a veces acaban como el rosario de la aurora, después de haber tomado algunas copas de más. Muchos son los que, en llegando estas fiestas, las más hermosas del año, se sienten trasportados al país de los sueños, al contemplar cómo los espacios se visten de luz y de colores. Quien más y quien menos se cree en la obligación de estar alegre, aunque sin saber por qué y durante esta breve tregua en su rutinario vivir, cada cual se lo monta como puede, en orden a conseguir un poco de esa felicidad voluptuosa, característica de nuestra sociedad hedonista posmoderna.

¿La Navidad es de todos?

Por otra parte, está el grupo de quienes interpretan la Navidad como unas fiestas familiares entrañables y cálidas, tiempo para el abrazo fraterno y la entrega generosa. No en vano se la conoce como “Fiesta de los Regalos”.  Tocados por la magia de estas fechas, algunos hombres y mujeres, de repente, se vuelven espléndidos y dadivosos por unos días.  Sienten la necesidad de manifestar su afecto a los demás a través de algún obsequio, pues aunque parezca mentira, hay a quienes les complace más el dar que el recibir.  Benditos aquellos que en esta época del año estén rodeados por este tipo de personas tan generosas. Ojalá los afortunados fueran, quienes peor lo están pasando. La pena es que, en estos días, de forma camuflada, se dispara el consumismo descontrolado y voraz.  Este sentimiento generalizado de solidaridad universal que nos invade durante esta época, nos lleva a pensar también en nuestro mundo, convulsionado por la violencia y por la guerra y  uno piensa que el mejor pregón de Navidad para este año, podría ser, gritar  todos unidos  a los  cuatro vientos, que estamos cansados de tanto belicismo y confrontación ideológica, asqueados de tanta manipulación política  y lo único que queremos es  que callen las armas y estalle la paz, que desaparezca el odio y reine el amor.

Hablando de la Navidad, nos vemos obligados naturalmente a preguntarnos ¿Que es la Navidad para el cristianismo? ¿Cuál es su sentido?  Desde hace 2000 años el mundo cristiano viene celebrando el Acontecimiento de los Siglos, que tuvo lugar en Belén, un pueblecito ubicado en el Centro de Cisjordania (Palestina) que hoy vuelve a ser noticia, pero desgraciadamente por motivo bien diferente. El portentoso acontecimiento sucedió siendo Augusto emperador de Roma, durante el largo periodo de la “Pax Roma”.  Era de noche, la gente dormía y todo estaba en calma. El planeta Tierra, ese punto minúsculo perdido entre mil galaxias, se preparaba para dar cobijo al Rey del Universo en aquella Noche de Dios, en aquella Noche de la Humanidad. Todo sucedió como estaba previsto. María, una doncella de Nazaret, daba a luz un Niño, pero era Dios el que nacía y lo hacía para estar más cerca de los hombres, para ser nuestro eterno compañero de viaje y experimentar en su propia carne la apasionante aventura de vivir. Dios abandonaba su cielo para ensuciarse con este barro nuestro.  Dios ponía el pie en nuestra tierra y se hacía uno de los nuestros.

¿La Navidad es de todos?

En Aquella primera Noche Buena, nuestro mundo, sumido en la oscuridad, se llenó de luz, desaparecieron los miedos y un gozo profundo, que no cabía en el pecho, se adueñó del corazón de los humanos, al saber que ya no estaban solos y que a partir de ahora ya nunca lo estarían.  Así es la Navidad cristiana, nada menos que el Misterio de Dios hecho Niño, por amor a los hombres. Poco importa que esta locura de Dios no pueda ser explicada ni comprendida, es suficiente con que veamos la ternura de Dios reflejada en el rostro de un recién nacido, tal como sucede con los niñitos pequeños, que tan solo se contentan con saber que sus padres les aman y pueden confiar en ellos ciegamente. Ésta fue la Navidad de las generaciones que nos precedieron. Por todo ello a J. L. Martín Descalzo le gustaba decir que la Navidad fue, es y seguirá siendo el ”Misterio de la Infancia”

El tiempo ha ido pasando y los hombres nos hemos hecho adultos, hemos ido acumulando exceso de peso, nuestra sangre se ha ido saturando de colesterol y en nuestros ojos se han ido formando cataratas que nos impiden ver la realidad en su versión amable. Fue Unamuno el que en unos inspirados versos suplicaba al Padre Celeste con estas encendidas palabras:

“Achícame por piedad;

vuélveme a la edad bendita

en que vivir es soñar”.

Nos hemos vuelto engreídos, autosuficientes, desconfiados y falsos, en una palabra, hemos perdido la inocencia y necesitamos unas Navidades para volver a ser ese niño que siempre fuimos y que nunca debimos dejar de ser o como bien dijera Goldwitzer necesitamos que “nuestro corazón helado se deshiele”. Necesitamos unas Navidades para recuperar ese niño que todos llevamos dentro, porque como decía Dostoievski: “El hombre que guarda muchos recuerdos de su infancia, ése está salvado para siempre”.  ¿A quién le gusta este mundo nuestro, plagado de engaños, mentiras, agresividad y vacío de nobles ideales? Ese mundo mejor que todos anhelamos, parece advertirnos Bernanos, solo es posible con la dulce complicidad de los niños. ¡Permaneced fieles a la infancia!, acabará diciéndonos, ¡Y no os convirtáis nunca en personas mayores!

A todos¡FELIZ Y GOZOSA NAVIDAD!
Ángel Gutiérrez Sanz

 

Sobre la autoría

Ángel Gutiérrez Sanz

Ángel Gutiérrez Sanz

Entre otros estudios se graduó en Filosofía obteniendo posteriormente el grado de Doctor en esta misma disciplina por la Universidad Complutense de Madrid, con la máxima calificación de “Sobresaliente cum laude”. Catedrático de esta misma asignatura, ha simultaneado la docencia con cargos directivos y trabajos de investigación, fruto de los cuales han sido la publicación de varios libros y numerosos artículos. Actualmente jubilado, sigue comprometido con el mundo de la cultura a través de publicaciones en relevantes medios de comunicación e impartiendo conferencias en foros de interés cultural, como puede ser el Ateneo de Madrid. Su próxima obra en la que lleva trabajando bastante tiempo será “El Humanismo cristiano en el contexto de una Antropología General".

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