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La Furia del Color / Francisco Iturrino (1864-1924)

La Furia del Color / Francisco Iturrino / Grazie Magacine

Por Elena Muñoz Martín

Historiadora del Arte

El Museo Carmen Thyssen Málaga ofrece, a través de medio centenar de obras, un discurso expositivo que rinde homenaje a Francisco Iturrino, pintor de los colores vivos, de la pincelada exaltada y la paleta valiente que se sitúa como una de las figuras claves de los inicios de la modernidad española.

Nacido en Santander pero vasco de adopción, abandonó sus estudios de ingeniería por no encontrar en ellos el refugio que halló en la pintura, iniciando así un itinerario nómada que le hizo traspasar de norte a sur la geografía española y adentrarse en el corazón de las capitales culturales más dinámicas de Europa donde se relacionó con importantísimos artistas e intelectuales de su tiempo como Picasso, Matisse, Derain, Zuloaga, Unamuno, entre otros muchos, con quienes compartió experiencias, galerías, viajes y en algunos casos, pinceles.

La presente exposición temporal lleva por título La furia del color, Francisco Iturrino (1864-1924), y mantiene un diálogo directo con diversas obras, contemporáneas al pintor, procedentes de otras colecciones. A través de este recorrido se plantean tres discursos que subrayan la evolución artística y temática del artista, así como la relación de sus piezas pictóricas con la de otros pintores que formaban parte del poliédrico panorama artístico que emergía a principios del siglo XX.

La primera sección del itinerario expositivo denominado Español en París, parisino en España (1895-1910) muestra una simplicidad de ejecución conmovedora apoyada en el uso expresivo del color que se evidencia a través de una serie de obras que concilian la tradición española con el estilo pictórico vanguardista, sirviéndose de la figura femenina como leitmotiv. De este modo, gitanas, mujeres con mantilla y manolas adornadas con elementos populares protagonizan la mayor parte de los lienzos del pintor santanderino fascinado por la claridad deslumbrante del sur.

1 Francisco Iturrino, La mujer del abanico, c. 1899- 1901.
Museo de Bellas Artes de Bilbao.

2 Francisco Iturrino, Dos gitanas, c.1901-1903.
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

La Furia del Color / Francisco Iturrino / Grazie Magazine

Así lo describía Miguel de Unamuno en De Arte pictórica (1912): “ […] mi excelente amigo Iturrino, alma de niño, pintor fantástico, colorista desenfrenado, que se va a Andalucía a pintar agitanadas mozas, desvestidas más bien que desnudas, y luego se mete de rondón en cualquier salón secesionista de París a meter ruido con sus colores que chillan y danzan, y hacen danzar”.

Iturrino fue capaz de volcar en sus obras una independencia estilística y una aportación innovadora que se observa en el tratamiento de una pincelada líquida, alargada y gestual que renueva el folclore español en sus lienzos aportando una visión desenfadada de la realidad, fiel reflejo de su concepto emocional de la pintura. Su desinterés por el detalle, así como por la individualidad de sus personajes bajo una estética arcaizante hacen de cada pintura el arquetipo de un ideal de alegría y vitalidad a través de la mancha de color y la perspectiva de sus planos.

3 Francisco Iturrino, Manolas, c.1910.
Colección Banco Santander.

La Furia del Color / Francisco Iturrino / Grazie Magazine

Un salvaje en el sur (1910-1913) se corresponde con la segunda parte correlativa del recorrido. A partir de ahora, se aprecian obras de un corte más libidinoso, desde una aportación más radical, donde la mujer se muestra liberada, activa, recíproca y desenfadada; alejándose del ideario predominante que ofrecieron otros pintores de la estética finisecular en el que quedaba relegada a un plano pasivo y melancólico. El cuerpo desnudo será uno de los denominadores comunes de esta etapa que aportó una gama cromática exaltada y un sentido sensual del color que suponen una alegoría a la vida a través del cuerpo femenino, poseedor de un componente táctil.

4 Francisco Iturrino, Desnudo, 1910.
Colección particular, Madrid.

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5 Francisco Iturrino, Desnudo femenino, 1910-1911.
Museo de Arte Contemporáneo de Santander y
Cantabria.

La Furia del Color / Francisco Iturrino

En esta etapa encontramos analogías entre la pintura de Iturrino y la de otros artistas como Cèzanne, Renoir, Gauguin, Van Gogh o Matisse a los que homenajea ocasionalmente con sus obras a través del diseño de pinturas semejantes en dimensiones y temática. Tampoco escapó nuestro maestro a las tradiciones seculares de Zurbarán, Velázquez o Goya, a quienes dedicó determinados guiños pictóricos, pero siempre manteniendo una visión distinta de los temas con una pincelada radiante. Una vez más, Iturrino logró reinventarse por medio de la simplificación de las formas, y supo fundir en un mismo principio la estructura del paisaje y el sentido de la corporeidad.
Su audacia de colorista puro, bien alejada de la pintura academicista, propone una musicalidad entre las transparencias de la indumentaria y las carnaciones de la piel que producen armonía, júbilo y vitalidad a la vez que comulgan directamente con las premisas de un arte exuberante y radicalmente moderno.

6 Francisco Iturrino, El baño (Sevilla), c.1908.
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

7 Francisco Iturrino, Interior sevillano, 1910-1911.
Museo de Bellas Artes de Bilbao (Depósito Colección
Zorrilla Lequerica).

La ferocidad de su pintura se mayúscula en el tercer y último espacio expositivo, El pintor en su paraíso(1913-1920), donde Iturrino rinde culto, más que nunca, al color del sur sirviéndose del malagueño Jardín de La Concepción que le cautivó en 1913 y que sería el principal objeto de su producción artística hasta 1919. Son los años de plenitud del artista donde destapa un auténtico estallido polícromo en sus lienzos teniendo como referente la grandiosidad de dicho exótico vergel.

8 Francisco Iturrino, Jardín de La Concepción, c.1913-1919.
Colección Vega Sicilia. (Detalle).

La Furia del Color / Francisco Iturrino / Grazie Magazine

Las distintas especies vegetales se yuxtaponen unas sobre otras, de una forma casi plana, mediante bombardeos de color ardiente. Pocas veces vemos el cielo, Iturrino hace protagonista al espesor botánico que, en ocasiones, comparte escena con la figura femenina. A partir de ahora cuerpo y naturaleza se vuelven a reinterpretar y, reiteradas veces, se plasman de una forma tan homogénea que se confunden la carne y la flora. Nos deleita la forma tan sutil de vincular la voluptuosidad corporal sobre un fondo compuesto por gamas de azules, verdes, violetas y amarillos que convergen con una pincelada tan empastada como deslumbrante.

9 Francisco Iturrino, Andaluzas(El jardín de Lesba), c.1911-1912.
Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria.

10 Francisco Iturrino, Desnudos en un paisaje, c.1916-1918.
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.

La Furia del Color / Francisco Iturrino / Grazie Magazine

El punto de fuga, no siempre tan manifiesto, nace de los senderos, las cascadas o las fuentes del Jardín y nos transporta, trazando las emociones del alma, hacia un mundo idílico de fantasía y color, a la belleza de lo perdido. Esta libertad frente al lienzo recobra un efecto real a través de la Colección Fernández Rivero (1920-1925) que reúne una serie de postales antiguas del Jardín de La Concepción que demuestran la belleza que en su día atrapó al pintor de la paleta más espontánea.

11 Francisco Iturrino, La cascada, c.1913-1919.
Colección Zorrilla Lequerica.

La Furia del Color / Francisco Iturrino / Grazie Magazine

A medias tintas entre el Fauvismo, el Impresionismo, y el Modernismo, sin perder su identidad, destacó la figura de Iturrino como uno de los grandes transmisores de emociones a través de la paleta. Sus armonías cromáticas en constante diálogo con el sur de España le llevaron a crear una pintura desprejuiciada y libre, como su propia vida, que aún a día de hoy consigue liberar al adulto de las trabas del sentido común.

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By: GraZie Magazine

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