Compromiso Social

LA PAZ ESTÉ CON NOSOTROS

Cabecera del árticulo

El español Ray Cazorla nominado al Premio Nobel de la Paz 2020

Por Ángel de Quinta

Nelson Mandela, Rigoberta Menchú, Teresa de Calcuta, Henry Kissinger, Martin Luther King, Kofi Annan… ¿sigo? La paz está con todos ellos porque vivieron -y en muchos casos murieron- en pos de alcanzarla. Hay quien dedica su vida a hacer fortuna, a despilfarrarla o a negociar con ella y multiplicarla al precio que sea, o a aprovecharse de la que estos generan sentados tranquilamente a la sombra. Muchos invaden, invierten, fabrican, explotan… y hay otros -no tantos, la verdad- que se entregan a diario a una lucha sin tregua por un mundo más justo. Y eso se premia.

DIBUJO DE PREMIADOS

Guerra y Paz

El filántropo sueco Alfred Nobel ha contribuido a la humanidad dando guerra y dando paz, como si de la novela de Tolstói se tratara, por cierto uno de los laureados con el apellido de nuestro protagonista. El mismo que inventó la dinamita fue el creador de los premios más importantes que se otorgan al ser humano, entre ellos el de la paz. De contradicciones estamos hechos, no hay duda, y de paradojas también, como paradójico fue que el hijo de un productor de explosivos sueco siguiera los pasos de su progenitor antes de dar un giro radical a su forma de vida. Instalado en San Petersburgo (aún faltaba mucho para ser Leningrado), donde su padre había montado una importante fábrica de armamento, se implicó en el negocio familiar tomando el relevo de una de las empresas pioneras en el sector en toda Europa. Parece que su natural inquietud, y un fallo técnico que le costó la vida a su hermano menor, le hizo esforzarse en perfeccionar los métodos explosivos para que provocaran menos accidentes fortuitos, como el que había afectado trágicamente a su familia.

Medalla Alfred Nobel

Rodeado de pólvora y nitroglicerina, y acrecentando cada vez más el negocio gracias a la industria armamentística y la extracción de petróleo, a Nobel le fue invadiendo la culpa por todo el daño que sus productos estaban causando en el mundo, especialmente cuando supo de su apodo, “el mercader de la muerte”, un eficaz revulsivo para apartarle de la ambición empresarial como único motor de su existencia.

Como un Don Juan Tenorio cualquiera, viéndole los ojos al lobo cerca ya de sus últimos días, una sensación de arrepentimiento lo llevó a cultivar una vida más austera y desprendida, dando a la cultura, la lectura, los idiomas (llegó a hablar cinco lenguas con fluidez), la filosofía y la literatura toda la importancia que antes otorgó a la riqueza material. Así se explica que decidiera donar su fortuna a la creación de un reconocimiento económico anual a los talentos que destacaran más en distintos campos de la sabiduría, “aquellos quienes durante el año anterior hayan otorgado el mayor beneficio a la humanidad…”, en los campos de la física, la química, la medicina y en la literatura. A estas disciplinas se unió un galardón que reconocería a quienes hubieran luchado por la fraternidad entre las naciones y la reducción de los ejércitos en el mundo. Curiosa contradicción, uno de los hombres que más se beneficiaron de los conflictos y las guerras estaba creando un premio para reconocer a quienes más se esforzaran en acabar con todas ellas. Y así surgió la última de las categorías a valorar, la más importante de hecho y la menos tangible de todas, porque puede resultar fácil apreciar un hallazgo físico o químico, un avance médico o una obra de excelencia literaria, pero ¿cómo evaluar el trabajo de conseguir algo tan abstracto y a la vez tan necesario como la paz?

Nobel murió en 1896, y cinco años después se concedieron los primeros premios que ostentan su nombre, puestos en marcha gracias a los 406 millones de dólares que el difunto había legado como fondo de inversión para asegurar la continuidad de los mismos después de su desaparición.

Imagen de fardos de dolares

Así, en 1901, se entregaron por primera vez en la capital sueca los reconocimientos a los físicos, químicos, médicos y escritores más sobresalientes de aquel año, decididos por distintos expertos de cada materia entre los que se encontraban la Academia Sueca de Ciencias y la de Literatura o el Instituto Karolinska de Estocolmo, encargado de designar el galardón al mejor trabajo en medicina o fisiología. A partir de 1968 se decidió añadir una categoría más, incorporándose el de Economía a los anteriormente citados.  Desde el comienzo, el que se otorgaba a los hacedores de la paz lo eligió un comité compuesto de forma secreta por el parlamento noruego, tal como se continúa haciendo en la actualidad. Por diversas razones este es el único de los seis galardones que se gestiona y se concede en Noruega y no en Suecia como los otros cinco. Así que este próximo diciembre (mes en el que se entregan tradicionalmente), como todos los anteriores, tendremos puestos los ojos en Estocolmo, claro, pero muy especialmente en Oslo, donde podría ser designado uno de los pocos españoles que en la historia han aspirado al, según nuestro entender, más importante laurel de todos los que existen, e incluyo los Oscars de Hollywood, por supuesto. 

Constructores de Paz

Envueltos frecuentemente en polémica, incluso en no pocos escándalos, la designación de los Premios Nobel se ha desarrollado casi ininterrumpidamente desde 1901 hasta la actualidad, salvo años en los que no han podido celebrarse por causas generalmente relacionadas con conflictos internacionales. A lo largo de esta andadura, han sido reconocidos nombres como los de Guillermo Marconi y Albert Einstein (Física), Eduard Buchner y Marie Curie (Química), Alexander Fleming y Severo Ochoa (Medicina) y Rabindranath Tagore, Thomas Mann o Ernest Hemingway en literatura, siendo premiados solamente ocho españoles en toda la historia, a saber: José Echegaray, Jacinto Benavente, Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre y Camilo José Cela en literatura (a los que podemos añadir a Mario Vargas Llosa por gozar de nacionalidad española desde 1993), y dos en medicina y fisiología: Santiago Ramón y Cajal y Severo Ochoa.

Si nos referimos al Premio Nobel de la paz tenemos que afirmar que nunca hasta la fecha ha sido otorgado a un ciudadano español, aunque han sido varios los que han estado nominados o considerados para este honor. Y es precisamente en esta categoría en la que la polémica a la que antes nos referíamos se ha podido recrudecer más, al encontrarse frecuentemente vinculada a aspectos políticos o gubernamentales. Ya se sabe, lo que para ti es la paz para mí puede significar la guerra, si nos ceñimos a muchos de los grandes acuerdos o pactos que han pretendido poner fin a conflictos bélicos o territoriales, y las consecuencias que a corto o largo plazo han podido acarrear a unos y otros.

A pesar de que por tradición no se pueden hacer públicas las listas completas de candidatos hasta pasados cincuenta años de su proposición, han sido muchos los nombres que se han filtrado a lo largo de más de un siglo, especialmente cuando se trata de algún personaje especialmente popular o envuelto en la controversia. Uno de los ejemplos más llamativos es el de Adolph Hitler, aspirante al título en 1939 aunque la propuesta fuera finalmente retirada, como Mussolini y Stalin también lo fueron, en 1935 el primero y en 1945 y 1948 el segundo. ¿Dije antes que de contradicciones estamos hechos? También Eva Perón y Gandhi han estado en las listas, ¿te imaginas? ¿Gandhi y Hitler en la misma competición?    

De los españoles que tenemos noticias hay que destacar a miembros de la monarquía como Alfonso XIII (dos veces nominado) y su nieto Juan Carlos como principales postulantes. El último fue propuesto en el año 1981, después de haber culminado un proceso de transición a la democracia ejemplar en el mundo y, aún más importante, haber ayudado a la frustración de un golpe de estado militar como el del 23-F. Pero finalmente decidieron concedérselo al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados.

Germen de planta

El humanista e impulsor de la Institución Libre de Enseñanza Rafael Altamira fue candidato en dos ocasiones (1933 y 1951), al igual que Salvador de Madariaga, escritor y diplomático que optó por tal reconocimiento en 1937 y 1952, por su participación en el Congreso de La Haya y su labor en pos de los derechos humanos y la democracia. El violonchelista catalán Pau Casals tal vez tenga el record de candidaturas, con catorce intentos durante los años más activos de su carrera artística y su lucha por la libertad y la justicia. Entre otros méritos que lo justifican, aparte de sus innumerables conciertos benéficos, compuso el himno de las Naciones Unidas -también conocido como “Himno de la Paz”- en 1971.

Hacedores de justicia en un mundo injusto, mensajeros de la paz en un mundo en guerra (me permito robar el nombre de la ONG de nuestro amigo y admirado Padre Ángel, que algún día debería tener este premio en su repisa), ingenieros que tienden puentes para el acercamiento, valientes hombres y mujeres que han sacrificado horas de ocio y sueño para meterse en berenjenales diversos sin temer a las consecuencias, en muchos casos de extrema gravedad. La paz sea con ellos, y la gloria.

Paz en la Tierra

Este año tenemos un candidato de aquí, y se llama Ray Cazorla. Nacido en Las Palmas de Gran Canaria, este inquieto empresario –y filántropo como el sueco Nobel- es español hasta la médula, hispano de convencimiento y, en definitiva, ciudadano del mundo, pero no del que tenemos ahora, sino del que él, junto con otros cuantos locos, quieren conseguir algún día. Por eso dejó su tierra tan joven y se fue a estudiar, a trabajar, a explorar y sembrar lejos de Schamann, el barrio isleño donde dio los primeros pasos. Y sus pasos le han llevado a convertirse en un activista comprometido y promotor de proyectos de carácter internacional enfocados en el entendimiento entre unos y otros, que no se me ocurre tarea más ambiciosa visto lo visto. Y en la educación, y en el conocimiento desde el que nacen la comprensión, la tolerancia, y claro, la paz que solo puede venir como resultado de hablar más y pelear menos.

Dibujo de Ray Cazorla, candidato al Premio Nobel

Catedrático Extraordinario de la UCAM (Universidad Católica de Murcia), está considerado actualmente como uno de los hispanos más influyentes del mundo. A sus 42 años dirige el departamento de Liderazgo y Compromiso Social de dicha universidad, ha fundado en Nueva York el Hispanic-American College (HAC) una corporación encargada de extender la cultura y la lengua española en el campo de los negocios y las relaciones internacionales, con sedes en Europa y América; preside el Inspiring Committed Leaders Foundation desde el que organiza la gala anual New York Summitt, unos premios que reconocen a las personalidades más implicadas con la lucha por los derechos civiles y sociales en los últimos tiempos y que se ha convertido en el evento más relevante entre las comunidades de habla hispana. Gracias a estos encuentros comprometidos con causas tan urgentes como la lucha contra el cambio climático, Cazorla ha podido reunir a ciudadanos anónimos de diversas partes del globo con celebridades que representan la entrega por un mundo más justo y equitativo, como pueden ser los familiares y sucesores directos de Martin Luther King, Nelson Mandela, Malcom X o Robert Kennedy, que pudieron asistir, gracias a su infatigable empeño, a la gala del pasado 2019 junto con su antecesora la activista guatemalteca y Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú, entre otras muchas personalidades de la política, las artes y la cultura.

Resulta simbólico que estos mitos en la lucha por los derechos civiles, hayan desaparecido entregando, literalmente, su vida a unos ideales de justicia e igualdad por encima de los obstáculos sociales o raciales impuestos por una sociedad forjada a base de prejuicios.  Y contra estos prejuicios lucha nuestro flamante candidato, un padre de familia dedicado e inquieto especialmente con uno de los aspectos que considera más importantes para alcanzar un mundo mejor, la educación, la formación en valores no importa cuál sea tu origen, lengua (con un claro objetivo en la difusión y la defensa del español en el mundo universitario y empresarial), sexo o religión.

Actualmente se encuentra entregado a la organización de la “Primera Cumbre Mundial: Refundar el Planeta”, que se efectuará, dios y covid mediante, en la ciudad de Málaga en octubre de 2021, y es que para Ray Cazorla no existen los retos grandes, solo sueños por cumplir.

Que lo hayan propuesto para el Nobel de la Paz no sorprende cuando echas un vistazo a su andadura -de la que solo hemos hecho un escueto resumen, créanme-, que se lo den es lo de menos, porque el año próximo seguramente volverá a estar nominado, y el otro, no cabe duda. El impulsor del “Manifiesto por la paz mundial, la justicia y la lucha contra el cambio climático”, que es a su vez el primer español nombrado Embajador de la Paz por la ONU, es toda una inspiración, un líder en el mejor de los sentidos que esta palabra pueda tener, un hombre apasionado y comprometido que merece estar en la lista de nombres con los que comencé este artículo que ya acabo.

Dentro de unos días se conocerán por fin los próximos Premios Nobel que este año, lamentablemente, se entregarán sin una gala que les congregue en Estocolmo o en Oslo, aunque igualmente se volverá a celebrar la excelencia del ser humano en las distintas manifestaciones de su grandeza. Desde las páginas de esta humilde publicación deseamos suerte a nuestro compatriota, aunque más que suerte debemos desearle fuerza e ilusión para seguir firme en su empeño -premios y distinciones aparte- de construir algo nuevo cada día.

Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad, ¡que sea contigo!

 

Firma de Ángel de Quinta

 

Por:Ángel de Quinta

Ficha del autor:

Ángel de Quinta

Ángel de Quinta

Licenciado en Historia del Arte


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