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Mindfulness contra el asma

Mindfulness / Grazie Magazine

Concentrarse en el momento presente sin juzgar

La ciencia está presente en cada uno de los rincones de un hospital. Viste de blanco y en ocasiones lleva un fonendo al cuello. Pero también se la puede ver en el laboratorio, donde muchas máquinas, de tecnología cada vez más sofisticada, trabajan al mismo tiempo para extraer resultados; en una sala de hemodiálisis, donde varios pacientes afectados por problemas de riñón viven horas y horas conectados a unos complejos aparatos que limpian su sangre; en un quirófano; en una sala de paritorio; en neonatología, donde las modernas incubadoras parecen casi mininaves espaciales… Todo ha de ser preciso, exacto, casi sin posibilidad de error o equivocación, porque un traspié puede provocar consecuencias perjudiciales sobre la salud de una persona.

¿Y si en medio de este marasmo de máquinas, números y fórmulas, de dosis calculadas al milímetro, se introduce una técnica, nada novedosa por otra parte, que puede ayudar al paciente a sentirse mejor? En el Servicio de Pediatría del Hospital Severo Ochoa se animaron a intentarlo, pero no quisieron hacerlo a ciegas.

Thorax, una prestigiosa revista científica británica, publicaba un artículo objetivo, contrastado y riguroso sobre los beneficios para la salud en personas adultas de la técnica de mindfulness, también llamada atención plena, o estar en el momento presente sin juzgar. Y es así como la jefa del Servicio de Pediatría, María Luz García, se animó a experimentar y a llevar mindfulness al hospital.

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Faltaba el público objetivo y la dolencia sobre la que aplicar esta técnica basada en la meditación. No hubo que pensar mucho, rápido salió. «Escogimos a dos grupos de niños de entre siete y doce años con enfermedad asmática y que actualmente responden de manera óptima al tratamiento aplicamos mindfulness y en otro, no. Teníamos como objetivo comprobar hasta qué punto esta técnica puede mejorar el control del asma en los más pequeños y también en sus familias», explica la doctora García. Pero insiste en recordar que el mindfulness solo es la pata de un proceso en el que hay más patas, es decir, en el que también, y por encima de todo, está la ciencia, el tratamiento médico y farmacológico que estos niños reciben a diario y que, por supuesto, nunca puede faltar.

Así nació el programa de mindfulness que el Hospital Severo Ochoa ha estado aplicando cada martes por la tarde, durante cuatro meses y en dieciséis sesiones de una hora cada una, a niños con asma y a sus padres, porque esta enfermedad tiene además una elevada carga emocional, no solo en quien la padece, sino también en las personas que forman parte de su entorno más directo.

Este proyecto de investigación ha sido becado por la Universidad Alfonso X el Sabio de Madrid. Tiene detrás las manos, la voz y la sabiduría de dos maestros, de dos expertos pedagogos, Alfonso Moreno y Lorena Santos, que cada martes han estado guiando a los dieciocho niños del grupo evaluado y a sus familias. Y sobre ellos, la gran responsabilidad de lograr resultados. 

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En la sesión de hoy, Alfonso ha lanzado una pregunta al aire en formato de cuento budista: «El discípulo preguntó: “Maestro, ¿cuál es el secreto de la felicidad?”, y el Maestro respondió: “Cuando como, como; cuando duermo, duermo”». Qué simple parece, ¿verdad? «En eso se basa la técnica de mindfulness, en centrarse en el momento en el que uno está sin evadirse; en buscar una relación entre pensamiento, emoción y actitud», concreta Alfonso mientras prepara a sus «otros discípulos», a los niños, para la meditación. Después, enciende su reproductor y una música suave, que acaricia, comienza a deslizarse por el ambiente. Y sobre la música, su voz, casi radiofónica, que actúa a modo de mecedora sobre los infantes… y no tan infantes. La meditación dura entre quince y veinte minutos.

Lorena, que ejerce de educadora infantil en el colegio San Gabriel de Madrid, al igual que Alfonso, reconoce que «al principio los niños se mostraron muy inquietos, les costaba participar, sobre todo cuando había que trabajar las posturas corporales. Ahora yo soy un poco espejo para ellos y ya han aprendido a dominar su cuerpo». Corrobora esta afirmación Eva, la madre de Erin, una niña de diez años que a diario sufre crisis asmáticas y que suma a su dolencia la alergia a las gramíneas y al llamado hongo de la humedad. Cuatro meses después de haber comenzado las sesiones de mindfulness en el Hospital Severo Ochoa reconoce con satisfacción que su hija se encuentra «mucho mejor», que «ya no tiene que tomar la medicación extra que antes sí era necesaria cada vez que entraba en crisis asmática». . Y… ¿qué hace Erin cuando sobreviene esa crisis? «Si está en el colegio, le dice al profesor que se tiene que retirar un momento a meditar. Se sienta en el suelo, pone postura de meditación, y a partir de ese instante reflexiona y se tranquiliza. Funciona», añade con orgullo su madre.

Lo mismo sucede con Gabriel, un niño de ocho años que desde los tres presenta un cuadro de asma y dermatitis atópica al que se le suma una especie de síndrome de colon irritable. Ana, su madre, ha temido siempre la llegada del otoño y del invierno. «Son dos estaciones muy malas para mi hijo», asegura, «porque en este período se le descama mucho la piel y tiene que faltar muchos días al colegio. No puede respirar y le duele la tripa constantemente». Pero mindfulness ha actuado sobre él como si de una varita mágica se tratase. «Desde que comenzamos con las sesiones en enero de este año, Biel (así le llama su madre) ya no ha vuelto a tener brote de dermatitis. Y este año, por primera vez, no he tenido que ingresarle en el hospital por neumonía. Mi hijo está mucho mejor y estoy encantadísima».

El entrenamiento mindfulness «ha demostrado ser una técnica eficaz para mitigar el malestar no solo contra al asma, sino también contra otras enfermedades», concluye la doctora María Luz García. «La percepción por parte de los padres y de sus hijos ha sido muy buena. Con las técnicas de mindfulness, los niños han logrado controlar mejor los episodios de broncoespasmo. Vamos a continuar con el programa a partir del nuevo curso escolar, pero siempre como medida complementaria al proceso médico que estos niños asmáticos ya siguen en el hospital».

La ciencia avanza cada día y hay nuevos descubrimientos que generan esperanza para curar enfermedades hasta ahora sin remedio. Pero hay métodos que tienen más de 2500 años de antigüedad que siguen estando vigentes y que han vuelto a ponerse de moda, sobre todo en Occidente. El mindfulness es uno de ellos y ha irrumpido con fuerza en nuestra sociedad. Y hoy en día, las aplicaciones de este concepto se extienden a casi todos los campos del saber y el conocimiento. En el Hospital Severo Ochoa de Leganés ya es una técnica que utilizan en enfermería y ahora también en el campo de la medicina, con niños asmáticos. Un paso más para conseguir que el paciente, sobre todo si es crónico, tenga mayor calidad de vida y bienestar.

ARTÍCULO y FOTOGRAFÍA: GraZie Magazine

REDACCIÓN: Jorge Villablino

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