Valor Humano

No esperes nada... y lo tendrás TODO

Cabecera del post. No esperes nada... y lo tendras todo.

Por Sandra Gómez Marrupe

Se nos llena la boca sugiriendo por ahí a los demás que no esperen nada de nadie. Incluso nos lo sugerimos a nosotros mismos en ocasiones. ¡Qué cosas! ¡Como si fuera tan fácil! ¿verdad? La mente empieza a jugar con nosotros a veces de forma tan sutil, tan natural, que nosotros como niños y niñas no podemos más que entrar en su juego. Y ahí empieza todo…

Tanto se ha hablado de las expectativas, de rechazarlas, que casi siento necesidad de pregonar que forman parte de nosotros. Estas cabecitas locas nuestras siempre van a buscar nuestro bien, aunque no sea un bien real, aunque no se aproxime a la felicidad. Nuestra mente va a buscar de cada situación aquello que le da seguridad, aquello que nos protege, aquello que puede aportarnos.

Y así sucede. Un día María comienza su nuevo trabajo pensando que será ideal y que podrá crecer profesional y personalmente en él. Pablo quedará por primera vez con Cristina mañana, y siente que será su pareja definitiva, augurando que todo va a ir genial. Lucas prepara la fiesta de cumpleaños de su madre cuidando cada detalle e imaginando lo mucho que le gustará, y que todo saldrá perfecto. Todos ellos esperan algo y no están locos. No hay nada de real aún en lo que están imaginando, pero les mueve una ilusión o un motivo. Es bello tener motivos y alegrías que muevan nuestro mundo porque esto nos hace amar nuestros pasos.

Reflejos del Sol a traves de columnas

Pero claro, no siempre las cosas son como habíamos imaginado, y a veces distan mucho de nuestro ideal, de hecho. Las expectativas nos han jugado una mala pasada y la decepción es fuerte. No nos merecen la pena en otra ocasión: “¿para qué ilusionarme la próxima vez si siempre me pasa lo mismo?” ¿No te has preguntado o afirmado esto alguna vez? Las decepciones nos hacen crear miedos a la ilusión y ponen barreras a nuestros sueños, lo que no es nada justo para nosotros porque nos limitamos. Es más fácil recordar aquello que no salió como esperábamos que lo que superó nuestras expectativas. De nuevo esa mente protectora actuando…

¿Qué hacer entonces para vivir la ilusión y no sufrir tanto? ¿Cómo hacer para amortiguar caídas? ¿Qué recomendarle a María, Pablo o Lucas que hagan en caso de que sus planes no salgan como ellos esperan? La respuesta es bastante simple, ¿obvia, tal vez?: consciencia. Es muy importante ser conscientes de lo que nuestra mente está ideando y preguntarnos cuánto de real es lo que estamos armando. No podemos castrar nuestra imaginación, nuestra capacidad de construir esperanza y motivación; sin embargo, sí que podemos ser conscientes de ello. Podemos reconocernos a nosotros mismos que existe una situación ilusionante que es capaz de captar toda nuestra atención y hacernos divagar, y que no hay nada de malo en ello, podemos dejarnos llevar durante un buen rato antes de recordar que estamos aún unos puntos más atrás, y que ese solo es o será uno de los escenarios posibles. Y ya en ese momento decidiremos si queremos imaginar otros escenarios posibles o simplemente esperar a ver qué sucede.

Este simple ejercicio nos ayuda a plantar los pies en suelo firme sin coartar nuestra libertad de pensamiento, que resulta también sana. Solo entonces puede que empecemos a valorar más de una probabilidad o simplemente nos dejemos llevar. Ambas decisiones serán tremendamente positivas.

Cuando no esperamos “nada”, o empezamos a esperar cualquier cosa todo cambia. Todo lo que llegue será válido o sencillamente, será (como tenga que ser). Cambiamos las expectativas por capacidad de sorpresa, y cultivar el arte de dejarnos sorprender también es vivir con ilusión. Y, recordemos, no hay que vivir de ilusiones, pero sí con ellas.

Firma de Sandra

Por:Sandra Gómez Marrupe

Ficha del autor:

Sandra Gómez Marrupe

Sandra Gómez Marrupe

Me fascinan las personas y creo firmemente en la educación


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