Salud

Nuestra Vida

Rosa tirada

Por Dra.Elisabeth Arrojo (Directora médica / Instituto médico de oncología avanzada INMOA)

Es cuando sufrimos cuando nos paramos realmente a pensar profundamente acerca de nuestra vida… Y no cuando sufrimos por algo banal, sino cuando algo nos afecta profundamente, cuando algo impacta de una manera directa sobre lo más hondo de nuestro ser. Es entonces cuando sale a la luz nuestro espíritu de supervivencia, al igual que cuando de manera instintiva echamos a correr, sin siquiera tener que pensarlo, si vemos que un peligro se acerca. Cuando nuestro “yo” más íntimo se ve amenazado de manera vital, nuestro cuerpo, mente y alma, buscan de manera instintiva el modo de “sobrevivir”.

Soy médico oncólogo. A lo largo de mis 36 años he vivido momentos extremadamente maravillosos, inmensamente felices, los cuales guardo en mi memoria y mi corazón, y me hacen esbozar una sonrisa cuando los recuerdo… Pero también he vivido momentos tremendamente difíciles. Cada uno tenemos una parte, un núcleo vital que habita en nosotros y que es el centro de nuestro existir, algo que, si se daña, parece que “nos roba la vida”. El sufrimiento físico debe ser algo terrible, y digo debe, porque afortunadamente pese a que he sufrido alguna vez físicamente como la mayoría de nosotros, no considero haber estado nunca al límite. Frente al sufrimiento físico, he aprendido muchos tipos de tratamientos, terapias, especialmente por mi condición de médico y oncólogo que muchas veces se enfrenta a situaciones de pacientes que padecen un dolor físico terrible.

Lo más llamativo cuando echo la vista atrás y pienso los miles de horas que me he pasado estudiando durante mi carrera universitaria, especialidad y ahora… es que apenas he estudiado nada, apenas había nada en el temario de mis libros y apuntes sobre el sufrimiento “psíquico”, más allá de la definición de qué es una depresión y cómo tratarla, qué es el duelo y unas pocas dolencias más... Muchos pensarán que mi experiencia profesional debe ser muy corta para poder hablar sobre “experiencia”. Hace doce años que soy médico, algunos menos que soy especialista en oncología, pero debo decir que han sido y son, años llenos de experiencias e intensidad. Durante estos doce años he trabajado en varios países y varias comunidades diferentes dentro de España. He visto una media de 300 pacientes cada año, lo que, si multiplicamos por 12 años, suponen una media de 3600 pacientes.

Mano de mujer y de hombre, acercandose

Me gustaría destacar, que los médicos y muy especialmente en especialidades donde el paciente sufre una amenaza vital importante, nos vemos en la situación de atender no sólo “físicamente” a los pacientes que acuden a nuestra consulta, sino también de atenderles “psicológicamente” a ellos, e incluso también a sus seres queridos, a los que la enfermedad de sus allegados les afecta de una manera directa y contundente amenazando su “yo” más interior. Es más, me atrevería a decir, que en muchas ocasiones he visto sufrir más al familiar que al propio paciente con la enfermedad de este, y me refiero claramente a un sufrimiento psíquico, que puede convertirse en el peor de los sufrimientos para una persona. Con esto quiero decir, que no son más de 3000 pacientes, sino varios miles más de personas con las que me he encontrado a lo largo de mi vida fundamentalmente profesional, pero también personal, en situaciones de estrés y sufrimiento psicológico intenso.

En realidad, sólo quiero resumir, que el mayor reto que se me presenta cuando tengo a un paciente que padece cáncer delante y su familia o allegados, no considero que sea únicamente curar su enfermedad, sino aliviar su sufrimiento. Uno puede curarse de un cáncer, pero si no se “cura” del sufrimiento, seguirá enfermo. Como dice la OMS, la salud es: “El perfecto estado de bienestar físico, psíquico y mental, y no sólo la ausencia de enfermedad”. Y parece que esto es conocido, pero sin embargo esta búsqueda de “salud plena” es poco practicada, y se reduce habitualmente únicamente a la salud del cuerpo, olvidándonos de la parte más profunda del ser humano, que es el alma.

Como oncólogo y como ser humano, por las experiencias muy duras que he vivido, he tenido que sacar a la luz mi “espíritu de supervivencia” para defenderme de lo que me amenazaba profunda y dolorosamente. He aprendido que nuestro modo de vivir la vida, en muchas ocasiones, debe cambiar para lograr sentirnos seguros, plenos y fuertes en nuestro día a día. Que debemos cuidar el “psique”, el “yo” de las personas, para que realmente puedan curar su cuerpo y prevenir la enfermedad. La vida es tremendamente corta por larga que sea, ya que es maravillosa, y debemos disfrutarla cada instante, cada segundo. Debemos buscar siempre lo que nos hace feliz en cada cosa que hacemos, y evitar lo que nos afecta negativamente. Debemos valorar la importancia de las pequeñas cosas que tenemos que son realmente tan inmensas para nosotros, aunque sean diminutas para otros. Debemos vivir “hoy”, y no vivir en el mañana, ni recordando únicamente el ayer.

No tiene sentido sufrir por lo que pasará dentro de un mes, si ni siquiera sabemos que pasará dentro de una milésima de segundo.

Velas encendidas y luna llena

Cada día tenemos una nueva oportunidad para ser felices. Debemos quedarnos con la esencia de las cosas, irnos a la cama pensando todo lo bueno que hemos vivido, y no regodeándonos en lo malo. Centrarnos en las personas que nos hacen crecer, y no en las que parecen querer hacernos más pequeños. Cuidar nuestro “yo” nos hace fuertes, resistentes frente a las enfermedades. Cuando estamos felices, satisfechos con nuestra vida, y positivos ante el hoy y el mañana, somos capaces de cualquier cosa que se nos ponga por delante. Y siempre, dentro del sufrimiento por las cosas dolorosas o terribles que nos suceden, debemos enfocarnos en todo lo bueno que nos rodea, ya que esto es lo que nos da fuerzas para seguir.

Esto, como decía, no lo enseñan en la universidad, ni siquiera en la de medicina, que trata sobre la salud de las personas, esto hoy en día lo aprendemos en lo que yo llamo “La escuela de la vida”, que es la escuela que más huella deja en nosotros. En nuestro esfuerzo diario porque este sea un mundo mejor para nosotros y para los que vienen detrás, debemos fomentar el conocimiento de esa escuela, para que sea una parte más de nuestra formación como personas, como seres humanos, unidos por la maravillosa condición de humanidad que nos hace iguales, independientemente de nuestra raza, religión o situación…

Mi experiencia con GraZie…
Ya he dicho que, a lo largo de mi vida, lo he pasado mal, realmente mal. Cada uno sufre por cosas diferentes y con distinta intensidad, y no es comparable el sufrimiento entre personas ya que cuando uno se compara con otros, siempre piensa “podría ser peor o mejor…” pero mi sentir, es que he vivido como ya he dicho, situaciones muy difíciles. Me he visto inmersa en la negatividad y el “malestar” que nos quieren hacer creer que hay en el mundo, y esto ha hecho despertar mi espíritu de supervivencia, y darme cuenta que el mundo realmente en general es maravilloso, y sólo hay “algunas” cosas que nos perturban realmente, y que además, sólo pueden perturbarnos si nosotros le damos esa posibilidad.
GraZie es vida, alegría, energía, personas, realidad que tenemos delante pero el ruido a veces no nos deja ver. Ese punto de encuentro al que cuando uno va por primera vez, siempre quiere volver. Esa espera que mes a mes nos intriga por saber a qué otras personas maravillosas conoceremos en el próximo número. Ese “desnudar” a “figuras” muy conocidas públicamente, o totalmente desconocidas para nosotros, esos ídolos inalcanzables, que GraZie convierte en seres humanos como nosotros, con sus ilusiones, miedos y alegrías. Ese conocimiento de que el bien y el éxito para nada están reñidos, sino todo lo contrario, se potencian. Confieso que tras leer las páginas de GraZie, a menudo me he ido a buscar en internet sobre esas maravillosas personas que existen en el “mundo GraZie”. He sentido esa cercanía, y esa afinidad que nos une como seres humanos, y tras leer GraZie, tengo un gran número de personas nuevas en mi lista de: “grandes personas por conocer”. Custodia, extraordinaria persona directora de GraZie (sin olvidarme del resto del fantástico equipo GraZie), se ríe cuando se lo digo, pero ahora, cuando se presenta una situación que me perturba y que me envuelve en ese mundo de “tensión” en el que algunos quieren hacernos creer que vivimos, pienso “espíritu GraZie” y toda la rabia se convierte en aceptación, compresión o incluso cambiar mi foco de atención hacia otras de las maravillosas perspectivas que hay en mi vida. Y es que continuamente volvemos a caer en la rueda de la “negatividad” que está tentándonos a cada paso, del “mundo malo” que parece que se nos quiere vender. Pero si dedicamos unos minutos a pararnos a pensar y valorar la realidad en todas sus dimensiones, cada vez esa rueda se hará más lejana y esas tentaciones mucho menos atrayentes, y podremos centrar nuestra mirada a una vida mucho más “grazificante”. “graZieficante”

En resumen, GraZie por existir!

Doctora Elisabeth Arrojo

 

Firma de la Dra. Elisabeth Arrojo

 

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Por:Dra. Elisabeth Arrojo

Ficha del autor:

Dra. Elisabeth Arrojo

Médico oncólogo / Directora médica de INMOA (Instituto médico de oncología avanzada)

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