Ray Cazorla

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La humanidad atraviesa por una de sus etapas más difíciles en las últimas décadas. En especial las cifras de la pandemia han superado los dos millones de fallecimientos en el planeta e impacta de manera frontal contra los más desfavorecidos. Por otro lado, sus indicaciones son preocupantes sobre la desigualdad, donde según informes de Naciones Unidas el 1% de la población mundial tiene mayores riquezas que el 99%, lo que deja ver claramente la grave crisis de liderazgo que va unida a todas las demás consecuencias catastróficas a las que se nos tocará enfrentarnos.

Sin olvidar el rol que la ciencia de manera determinante para este principal problema pandémico, en solo un año la movilización a fondo del potencial científico ha permitido generar una vacuna de un 90% de confiabilidad, que ya es seguida por otras. Pero aun así hemos sido testigos en tiempo real de una desgobernanza global que ha puesto en jaque a toda la humanidad con la teoría bastante latente de «sálvese quien pueda». También es necesario abordar las consecuencias incidentes del cambio climático y el calentamiento global, que siguen agravando, destruyendo ecosistemas, y poniendo en serias dificultades de subsistencia, y poniendo en jaque a las generaciones venideras.

Según informes del Banco Mundial, se preveía que en 2020 la pobreza extrema mundial haya aumentado por primera vez en más de 20 años, como resultado de las perturbaciones ocasionadas por la pandemia de Covid-19 y agravadas por las fuerzas de los conflictos y el cambio climático, que ya estaban desacelerando los avances en la reducción de la pobreza. Se estima que la pandemia de este coronavirus conducirá a entre 88 millones y 115 millones de personas a la pobreza extrema en 2021, mientras que la cifra total llegará a los 150 millones, según la gravedad de la contracción económica. La pobreza extrema, definida como la situación de quienes viven con menos de 1,90 dólares al día, probablemente haya afectado a entre un 9,1 % y un 9,4 % de la población mundial en 2020, de acuerdo con el trabajo Poverty and Shared Prosperity Report, que se publica cada dos años. La combinación de la pandemia de Covid-19 con las presiones generadas por los conflictos y el cambio climático hará imposible alcanzar el objetivo de poner fin a la pobreza para 2030 si no se toman rápidamente medidas políticas importantes y significativas, según el Banco Mundial. Para 2030, la tasa de pobreza mundial podría ser del orden del 7 %. Se prevé que cada vez más habitantes de zonas urbanas quedarán en la pobreza extrema, que tradicionalmente afectaba a los pobladores de las zonas rurales.

Por todo lo expuesto creo fundamental que esta revista invite al lector a pasar a la reflexión colectiva, básicamente a un llamado a la esperanza, basado en la ética, el inmenso capital social del conjunto de la humanidad, y entrando en detalle de los avances tan importantes de la ciencia y las nuevas tecnologías.

La revista GraZie pone el foco en la información ‘ética y positiva’ de aquellos que construyen sociedad a través de su esfuerzo y de su trabajo. Una nota en tiempos inciertos es que la información que se nos ofrece sea cada vez más ecuánime, más optimista desde un punto de vista del desarrollo y en contextualizar que los líderes actuales cambien el modelo hacia un fin último, mejorar como seres humanos. En tiempos de crisis nacen también grandes oportunidades y lecciones que deben ser atendidas. Y por último, una frase —que hay quienes lo atribuyen a un probervio árabe y otros dicen que viene de China—que me ayuda a entender que hay esperanza: “más vale encender una vela que maldecir la oscuridad”. Seamos, pues, luz a todos estos grandes retos y logremos ser la generación que logró salvarse a sí misma.

Ray A. Cazorla
Presidente Inspiring Committed Leaders Foundation New York
Founder New York Summit Awards
Managing partner Hispanic-American College

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