Compromiso Social

SEPTIEMBRE

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Por Ángel de Quinta

A ver, dime ¿qué pueden tener en común César Vallejo, Woody Allen, Lou Reed, Luis García Montero, Kurt Weill, Pablo Neruda, Jaime de Armiñán, Dinah Washington, Jack Kerouac o los Earth Wind and Fire?

Imagen de personajes

Lo has acertado, todos se han acordado alguna vez de septiembre. Sus poemas, canciones o películas han sido inspiradas por el que puede ser el mes más temido y a la vez más deseado del calendario. Seguro que -igual que el que escribe- quisieron de alguna manera rendir homenaje al final del largo y cálido verano que nos ha ido quemando como hormiguitas bajo la lupa de un niño travieso. Tal vez todos andaban locos por recuperar sus vidas cuando acabara agosto, deseando que los días echaran el cierre un poco antes, que el violento sol que expone sin piedad cada una de nuestras flaquezas, empezara a bajar su lámpara sin hacerse tanto de rogar.

Septiembre. Pronúncialo conmigo. ¿Acaso no es el nombre más hermoso de entre todos los meses del calendario? ¿Sabes que significa “el séptimo”? (lo acabo de mirar en la Wikipedia), “Septem”, cuando los romanos se ahorraban la cabalgata de reyes y las rebajas de Zara comenzando directamente en Semana Santa, listos ellos. Cuando el año arrancaba en marzo, y septiembre –setiembre sin p durante muchos siglos- jugaba con el número siete, antes de tener un 9 en el dorsal.

Ya sé que los que están de vuelta al trabajo maldecirán mis palabras y con razón, por lo cortas que se vuelven las vacaciones y la vida entera conforme vamos gastando almanaques. Por lo pronto que volvemos a verle el careto a ese jefe que -pobres infelices- pensábamos que no veríamos hasta pasar una eternidad. La eternidad era el verano de cuando teníamos ocho años, mientras el infinito del mar y del tiempo no nos asustaba, ni nos importaba. ¿Te acuerdas de lo contentos que volvíamos de las vacaciones entonces?

Imagen de gotas de agua en una planta

Dolor de los pecados, propósito de enmienda. A dios ponemos por testigo de que volveremos de cabeza a la dieta de la alcachofa cruda, al gimnasio del que nos largamos mucho antes de aprobar la operación bikini, de que volveremos a pilates, o a yoga, o a lo que sea que nos permita estirarnos como si fuéramos una Maya Plisétskaya cualquiera. Empezaremos a coleccionar algo de Planeta Agostini (la de dedales del mundo podría ser una opción), nos matricularemos en ese curso tan interesante sobre energías renovables y trazabilidad, aunque el de gestión de alérgenos tampoco tiene mala pinta… igual un máster en algo, que tenemos el currículum más abandonao que las plantas.

Dejaremos de fumar de una vez, y de beber tanto -este es el propósito más incumplido de todos-, retomaremos el inglés que aunque este verano no hayan venido casi extranjeros hace mucha falta siempre, le preguntaremos al menos el nombre al próximo/a con quien nos enrollemos, incluso mantendremos una mínima conversación de cortesía -lo bien que se ha quedao la tarde oye-, leeremos más, leeremos mejor -o al menos acabaremos ese jodido libro con el que nos hemos llevado todo el verano-, escucharemos música clásica, de este año no pasará que vayamos a alguna ópera (si hay), visitaremos exposiciones de pago (si hay), veremos todo el rato cine en V.O. e iremos mucho al teatro. Con las medidas de seguridad pertinentes, pero lo haremos, por estas que sí. (Si hay, y ojalá que lo haya).

El teatro, las ganas de ir al teatro son directamente proporcionales al acorte de los días, mirar las programaciones de espectáculos y planear ir a conciertos a los que luego igual nunca vamos… encima esta temporada que llega el panorama tampoco ayuda, pero aun así es bonito fantasear con ser más bellos por dentro, para variar. Cultivar la mollera, tener un poquito más de vida interior y mucha culturilla de esa que queda tan bien en las reuniones otoñales, lejos del mundanal chiringuito. Todo eso es muy de septiembre ¿o no?, y también muy de octubre, ya en noviembre se nos pasa y volvemos a ser lo que de verdad somos, gente que sueña con que se vayan pronto el frío y la lluvia que nos tienen arrestados en casa y volver cuanto antes a colgar fotos de nuestros piececillos mojados en la orilla -por favor, no todos los pies son dignos de ser publicados- y de la copa de balón con mucho hielo y mucho cítrico al borde de la piscina. La de gintonics salpicados de cloro que nos habremos tragado por mor de que el selfie salga chulo y dé mucha envidia de la mala…

Pues visto lo poco que dura este tiempo de expiación, vamos a darnos prisa en purgarnos haciendo, por ejemplo… por ejemplo pasear bajo las primeras y tímidas lluvias sentándonos a leer en un café. Digo yo, por decir algo que me sugiere este mes de manguita larga y pie cubierto.

Aquella noche de setiembre, fuiste tan buena para mí... ¡hasta dolerme! 

Vamos a leer poesía por el amor de dios, ¡que no nos va a pasar nada! Del peruano Vallejo o del granadino García Montero.

Imagen de gato en un recuadro con flores

Por septiembre se te llenan de sótanos los labios y es relativo el cielo después de haberte visto preguntarle a la vida.

Con Neruda siempre aciertas. Baila, septiembre, baila con los pies de la patria, canta, septiembre, canta con la voz de los pobres…

O volvamos a ver el rostro de Mia Farrow empapada en la melancolía de un septiembre grisáceo. Miremos alguna película intimista para variar (Woody Allen o Bergman, que son tan de este mes). Y conversemos sobre ellas al salir, con la prudente distancia social se entiende. Soñemos con romper la distancia social en una esquina cualquiera poco iluminada al salir del cine, soñemos estos días que lo que estamos viviendo es solo un mal sueño.

O pongamos en Spotify a Dinah Washington alabando septiembre bajo la lluvia, o a JP Cooper, o a Lou Reed cantando por Kurt Weill, o a Frank Sinatra, si prefieres una versión menos roquera (pero en el premium, no seas roña, el que no interrumpe con anuncios todo el rato).

But the days grow short when you reach September, when the autumn weather turns the leaves to flame…

Aunque, pensándolo bien, ¿qué quieres que te diga? Con lo corta que es la vida y el invierno que nos queda por tragar… ¿para qué ponernos tan intensos? Conozco -y conoces- un temazo con el que nunca nos hemos podido quedar sentados. Olvida todo lo que te he dicho antes -menos lo de preguntar el nombre del ligue ¿eh?- y ponte lo más alto que tus vecinos te permitan esa canción que tiene una letra mucho más superflua que todo lo anterior, pero inmensamente más divertida.

Ba de ya, say do you remember, ba de ya, dancing in September, ba de ya, never was a cloudy day…

 

Firma de Ángel de Quinta

Por:Ángel de Quinta

Ficha del autor:

Ángel de Quinta

Ángel de Quinta

Licenciado en Historia del Arte


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