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Silvia Luchetti

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Con todos ustedes...

“Cada vez pido menos permisos”

¿Aún no has visto Anastasia? Bueno, no corras demasiado porque hay Anastasia para rato en la Gran Vía, pero tampoco te duermas.
Lo mejor de este musical de auténtico lujo es el concepto, la idea, la armonía de un conjunto pensado y mimado con toneladas de cariño y también de profesionalidad.
Hoy he tomado café con una de las componentes del magnífico reparto que ostenta, Silvia Luchetti, que hace uno de los personajes más potentes de la función: la divertida y encantadora Condesa Lily. Lo que se dice un bombón de papel, uno de esos personajes que tardan en salir a escena, pero que cuando por fin aparecen… todo cambia.

Foto de Silvia Luchetti

Llega al bar donde hemos quedado y al cruzarse la mirada conmigo me regala una sonrisa que ilumina como un foco de proscenio, de esas que sabes que no se fingen. Y mira que los actores saben fingir… Pero ella es de verdad, y eso nos gusta. A pesar de lo que atrae todo aquello del glamour desde el patio de butacas, pero no, aquí hay carne y hueso, y ojos, y maneras, y otra cosa que si no la tienes de nacimiento, uf, difícil que lo aprendas en la escuela de teatro. Charme, gracia, encanto… luz.

GraZie Magazine-Empezamos con la pregunta con la que empezaría cualquier entrevistador poco original tipo yo.
¿Cuándo fue la primera vez que supiste que querías ser actriz?

Silvia- En realidad yo comencé bailando, al ser mi madre cantante de ópera (su madre es la soprano argentina Edith Scandro), pasé mi infancia de camerino en camerino de gira por teatros de toda América. Pero siempre tuve claro que sería bailarina. Con ocho años comencé la carrera de ballet y ejercí profesionalmente abordando todo el repertorio clásico, desde Giselle hasta Don Quijote (durante varios años formó parte del ballet de Julio Bocca), hasta que aparece La Bella y la Bestia en Argentina en 1998, y ahí empezó a cambiar todo.

Foto de Silvia Luchetti en Anastasia

GM- ¿Entonces fue cuando te diste cuenta de que se podía bailar cantando y actuando, que es lo que sigues haciendo hoy día no?

S- Claro, yo ya estudiaba canto en el conservatorio pero lo hacía para mí y para cantar en mi casa, pero entonces fue cuando vi la posibilidad de bailar y cantar. Me dije ¿y ahora de qué se trata? La curiosidad mató al gato, y a Silvia Luchetti también, y cuando fui seleccionada como “cover” de “Bella” se me abrió todo un mundo de posibilidades en el que mezclar el canto y el baile con la interpretación, y me puse a estudiar teatro con Luis Romero –que me acaba de dirigir en Casi Normales- y ahí me empecé a enamorar del texto, de la fuerza de la palabra.

“Me siento muy de aquí, me identifico
mucho con los códigos de España”

Con 23 años ya le había entrado el veneno de la actuación en el cuerpo y hoy es una actriz, con todas y cada una de las seis letras que tiene el término. Además de haber interpretado papeles en musicales tan célebres como Los Miserables o El Fantasma de la Ópera -pasando por Sonrisas y lágrimas que estrenó como protagonista en la excelente producción de Jaime Azpilicueta-, ha trabajado en teatro de texto (que es como los aficionados llamamos a ese teatro en el que nadie canta ni baila), en piezas tan importantes como por ejemplo ¿Quién teme a Virginia Woolf?, haciendo el papel de Martha en el montaje de José Manuel Cámara de 2011.
Y hoy es lo que quisiera volver a hacer. Aunque se siente plena actuando en musicales sueña con coger por derecho un papelón dramático “a pelo”.
Por cierto, que no lo he dicho antes, Silvia es argentina, nacida en Mar del Plata. Pero hoy es también española, y yo creo que en su pasaporte debe figurar como ciudadana de la Gran Vía.

Silvia Luchetti

S-¡Cierto! (ríe), pero ya llevo como quince años viviendo aquí y me siento española. En realidad mi pasaporte es italiano, mi padre es italiano de nacimiento y mi madre argentina de origen italiano, vamos que en casa todos hacemos pasta y raviolis caseros. Pero yo ya me siento muy de aquí, la verdad, y me identifico mucho con los códigos de España. Aunque nunca se sabe, soy de aquí, también de allí… ¡ciudadana del mundo!

GM- Y así debe ser, los actores son de todas partes, como sus personajes. Geográficamente hablando tal vez sea la Condesa Lily, una aristócrata rusa venida a menos (o a más), tu personaje más lejano ¿o no? Dime, ¿quién es exactamente la Condesa Lily Malevsky-Malevitch?.

S-¡Uy! Ella es quien cuida de la emperatriz Maria Feodorovna, es su única persona de confianza, la que administra su casa en su exilio de París. Y Lily la ama, la quiere de verdad, le es fiel y leal al cien por cien, y es también la que le da el carácter que ya no tiene en su vejez. Y se empeña en que siga siendo la emperatriz y que la traten como tal, aunque ya no lo sea en realidad.

GM-¿Y qué tiene ella que ver contigo?

S- La Lily (así llama cariñosamente a su actual segunda piel) me ha dado muchas cosas a mí, ella es la espontaneidad pura y dura. Si bien tiene toda esa parte disciplinada, responsable y respetuosa con su posición, también es capaz de disfrutar de los placeres más mundanos de la vida y “descocarse” a poco que tenga ocasión. Yo hago algo parecido, cuando tienes que afrontar ocho o nueve funciones semanales y hay que estar al pie del cañón, tomo mis clases de danza, cumplo a diario con mi rutina de preparación física, estudio, cuido la alimentación, etc. pero a la hora de soltarme… ahí está la otra cara de la Lily, a la que le gusta salir de fiesta, jugar, bailar, beber… en definitiva descocarse. Y yo eso también lo siento muy cercano.

¡Y cómo se descoca! De los momentos más chispeantes de la función es cuando la vemos en el club donde se reúnen los expatriados rusos en París para recordar los viejos tiempos. Ahí es donde la actriz saca las uñas de la diva y se come literalmente el escenario en un numerazo de baile al más genuino estilo Broadway –La tierra del ayer-, así como en el dúo con el antiguo amante al que que se tropieza justo al terminar dicho número (magnífica la química con el genial Javier Navares, que tiene uno de los papeles más agradecidos del show).

Foto de Silvia Luchetti en Anastasia

S-Luego es una mujer que no pide muchos permisos, y yo cada vez pido menos permisos, que nunca me gustó demasiado (ríe). Mi madre diría, ¡ay si lo sabré yo! Claro, dentro de un orden, sin perder el respeto a nadie, entiéndeme.

Este papel, aparentemente secundario lo han interpretado actrices de la talla de Caroline O´Connor (Moulin Rouge, Chicago) o Vicky Lewis (Damn Yankees, Gypsy), lo que no hace sino reafirmar eso que dicen de que no hay papeles pequeños sino actores pequeños. Y, la verdad, yo no veo ninguno por aquí cerca.

GM-Sabemos los que seguimos tu carrera que te mueves como por tu casa en todo tipo de registros, desde la comedia al drama –mucho mejor si es con música- y que también has trabajado, además de en muchos musicales, en teatro de texto y en música sin teatro (desde hace años canta con el grupo de jazz Sergio Fulqueris Trío) ¿Dónde te encuentras más cómoda? ¿En los taconazos de esta frívola condesa exiliada o en las zapatillas de la madre bipolar de Casi Normales? ¿Correteando los prados de la dulce Maria von Trapp o luciendo los harapos de la grotesca Madame Thenardier de Los Miserables?.

S-Es que a cada uno le doy algo mío, cada uno es un poco yo. Creo que no podría hacer un papel con el que no tuviera cierta conexión. Hay quien prefiere abarcar el personaje desde el texto hacia afuera, pero yo vengo de una escuela muy argentina, donde la conexión emocional es fundamental. A Diana (Casi Normales), por ejemplo, le di mi alma, y hubo críticas que señalaban que parecía que me rompiera interpretándola. Es uno de esos papeles más duros, pero tú te permites bucear en esa oscuridad tuya que de algún modo todos tenemos, y con todo el respeto y tratando de no hacerte daño llegas hasta donde puedes. De todas formas la palabra “cómoda” en un papel… A mí me parece que siempre tengo que tener un punto de incomodidad a la hora de afrontar un nuevo personaje, porque se trata de meterte en la piel de otra persona, y eso siempre debe serun reto. A mis alumnos suelo decirles ¿estáis cómodos?, ¡pues entonces está mal hecho!.

Y es que Silvia Luchetti también es docente, y adora serlo, y da clases de técnica vocal además de impartir workshops de teatro musical por toda España. Sí, un poco intensa sí que es, en el buen sentido. Y un poco despistada también, pero ¿qué artista no lo es?.

Foto de Silvia Luchetti

S-¡Mucho!, mira, el único sitio donde no lo soy es en el escenario, mis compañeros a veces se asombran de mi visión periférica con la que controlo todo lo que está sucediendo alrededor, hasta los movimientos de los técnicos me sé. No se me escapa nada, el escenario es como mi casa y no se me va un detalle. Sin embargo puedo aparcar y no tener luego ni idea de dónde he dejado el coche, y, bueno, no importa que lo cuentes (se ríe), he llegado a tirar una maleta al contenedor ¡y estar a punto de irme de viaje con la bolsa de la basura!.

GM- Ahora vas a bajarte un momento del escenario, respóndeme como aficionada, como simple espectadora ¿cuál es tu musical favorito?.

S-¿Como espectadora? Yo soy clásica en general, me gustan mucho los clásicos, como Carousel, Kiss me Kate…, que lo vi en Nueva York hace tiempo con Marin Mazzie (y a los dos se nos humedecen los ojos al recordar a nuestra adorada y recientemente desaparecida diva de Broadway), que cuando supe que murió tan joven se me saltaron las lágrimas, porque puedo decir que con ella aprendí a cantar muchas de las cosas que sigo cantando hoy. Y luego dentro de los contemporáneos hay un compositor que me tiene loca que es Jason Robert Brown, el autor de The last five years, The bridges of Madison County… Es un autor del que me gustaría hacer algo algún día, pero no sé si alguien se atreverá o lo tendré que montar yo misma aunque sea en formato pequeño. Y luego todo lo que sea Sondheim también me encanta.

GM- Y cuando mencionas al Maestro nos ponemos de rodillas.

S-Es un material que todavía aquí… mira, en estos últimos quince años el musical ha crecido en España no sólo en la parte actoral, que cada vez hay actores más completos y las generaciones nuevas vienen súper potentes por suerte. Y además el público, que hoy está más formado y más abierto a nuevas cosas, afortunadamente.

Nos estamos refiriendo a lo complejo de la estructura y las letras de Stephen Sondheim en especial a la hora de afrontar su traducción al español, y eso me lleva a mencionar el excelente trabajo de traducción del libreto y las letras de Anastasia.

S-Roger Peña y Zenón Recalde, que han hecho un gran trabajo en la adaptación del texto de Terrence McNally y las letras de Lynn Ahrens. Una de las labores más complicadas porque, como digo yo, o agregas corcheas o quitas letras… y encima los monosílabos que no existen en español tanto como en inglés… muy complicado. Y luego –seguimos hablando de sus autores de cabecera- soy una enamorada de Kurt Weill, hice la Jenny de Mahagonny con dirección de Mario Gas, con la que inauguramos el Matadero Legazpi, y fue como uno de esos caramelitos que de pronto te surgen –mira al cielo, ¡gracias, gracias muchas gracias!- porque es un tipo de material muy difícil de encontrar ya que no tiene una audiencia muy amplia, y como no lo afronte un teatro público, no hay manera.

“El escenario es
como mi casa,
y no se me va un detalle”

GM-Has sido la Jenny de Kurt Weill y la Evita de Lloyd Webber, con todo lo que pueda haber en medio, ¿existe un papel con el que aún sueñas?

S-Bueno, la verdad es que por ahora voy cumpliendo sueños y a veces me superan… (ríe) No sé, me gustaría afrontar más papeles como el de la Diana de Casi Normales, con más peso dramático, y me apetece muchísimo hacer texto, solamente texto, que es lo que menos hago porque cuando te metes en el circuito del musical no es fácil alejarse, además de que estoy feliz haciendo lo que hago, claro. Tocar autores como Albee (del que ya hizo ¿Quién teme a Virginia Woolf), un Arthur Miller, Tennessee Williams…

GM-Te veo en un momento muy pre-Blanche DuBois (Un tranvía llamado Deseo).

Foto de Silvia Luchetti en la Gran Via de Madrid

S- (Ríe a carcajadas, y como cada vez que lo hace, el bar se ilumina un poquito más) ¡Me encantaaa! Es que mira, babeo, se me hace agua la boca, ¡madre santa! Es que el actor completo aquí en España cuesta de encontrar todavía, pero cada vez menos, porque lo que ha aportado el teatro musical de calidad -y ahora mismo estamos en un momento maravilloso en este campo- es mucho. Los montajes que se han hecho en los últimos años -tanto dentro como fuera de la Gran Vía- demandan gente que se prepare a fondo en actuación, cante y baile, aparte de hacer que surjan espectáculos que unan estas disciplinas lejos de etiquetas. ¿No has visto el show que dirige Peris-Mencheta de los Lehman Brothers? Tienes que pillarlo como sea, no te lo pierdas, meten música y sonido a sus obras de texto, y entonces es como que todo se empieza a mezclar más… (se refiere entusiasmada al montaje dirigido por Sergio Peris-Mencheta titulado “Lehman Trilogy”), incluso en las audiciones para teatro clásico te piden que cantes algo de música barroca, o que bailes… y ya no se ve tan raro, el actor tiene que ser más completo, y no sólo para hacer teatro musical sino para todas las artes escénicas. Y eso es algo con lo que ganamos toda la comunidad teatrera.

GM-Si de eso se trata podemos afirmar que a Silvia Luchetti no le va a faltar nunca el trabajo, por ser una actriz sólida y completa. Lo tiene todo ella.

S-Gracias, gracias… (se ruboriza) No me quejo.

Y no se puede quejar, y no sólo por lo que trabaja y ha trabajado siempre –cosa que no puede decir el setenta por ciento de los que se dedican a esto- sino por haber logrado ser quien quiere ser y vivir la vida que quiere vivir. ¿Se puede pedir más?.

“Por ahora
voy cumpliendo sueños,
aunque a veces me superan”

Nosotros sí que nos podemos quejar por no tener más tiempo para disfrutar de su graciosa presencia, pero se tiene que marchar al teatro, a su casa (estirar, prepararse, vestuario, maquillaje, ejercicios de voz…) y en un par de horas salir a dárselo todo a los que han pagado por su butaca y a su Lily de su alma, que se lo merece por demás.

GM-Una última pregunta, ¿recuerdas cuál fue el primer musical que viste?.

S-Sí, lo recuerdo, fue Nine, en Argentina, una producción maravillosa en la que estaba Elenita Roger en el coro y luego hicimos juntas Bella y Bestia –se refiere a Elena Roger, la última Evita de Broadway, y la nombra en diminutivo cariñoso porque puede- y hoy las dos somos como hermanas.

GM- (Significa mucho para el que escribe que su primer musical como espectadora no fuera Grease o La Sirenita, nos dice mucho de su exquisito paladar). Y de verdad, te lo juro, ésta ya sí que es la última –que no queremos que llegue tarde al teatro, cosa que no hace jamás- ¿Cómo es Silvia Luchetti cuando se baja del escenario? Dime algo que te guste mucho hacer en la vida.

S-Me gustan muchas cosas, me encanta cocinar, cuidar de mi huerto –tiene un huerto ecológico muy lejos de las luces de la Gran Vía- trabajar la tierra y estar con mis gatos. Ah, y coger setas, que ahora es el tiempo.

Ya de camino al teatro seguimos hablando –no es un mito que los argentinos sean generosos en palabras- como si nos conociéramos de toda la vida, que es la sensación que aún tengo al transcribir esta entrevista. Y charlamos de cocina, y de que está estudiando serbio, y de cómo le gusta esa cultura, y el cine y el teatro de allí (y de que ha ido más de una vez a Belgrado), y de que Julianne Moore es su principal referente como actriz, y de las divas y el divismo. De cómo se agradece la sencillez con la que te atienden algunos de los más grandes de este género cuando los abordas a la salida de un teatro, mientras que otros menos importantes te miran por encima del hombro. De lo que nos gusta a los dos Audra McDonald y de lo que le hubiera gustado ver su función sobre Billie Holiday. Del frío que empieza a hacer en Madrid y de lo bonitas que están las luces de navidad recién encendidas. Y del regalazo que es compartir noche tras noche escenario con Jana Gómez (la soberbia Anya del show), Íñigo Etayo, Carlos Salgado, el antes mencionado Javier Navares o la que interpreta el papel de la dama a la que acompaña su querida Lily, Ángels Jiménez, como la Emperatriz Viuda y abuela de la protagonista. Y con el resto del elenco, y hasta con el último técnico. Y del lujo que es para ella trabajar desde hace tiempo con una productora que ha hecho tanto por el musical en España como Stage Entertainment.

Después de hacernos un par de fotos frente al enorme cartel de Anastasia, a la puerta del Coliseum, nos despedimos con un abrazo y la miro alejarse corriendo como el conejito de Alicia en el País de las Maravillas. Y yo me quedo en medio de la Gran Vía con una sonrisa de oreja a oreja, y con muchas ganas de volver a ver el show una vez más, y de volver a encontrarme algún otro día con mi nueva amiga.

ENTREVISTA: Ángel de Quinta

FOTOGRAFÍA: Bb / Javier Naval

Firma de Ángel de Quinta

 

 

Por:Ángel de Quinta

Ficha del autor:

Ángel de Quinta

Ángel de Quinta

Licenciado en Historia del Arte

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