Compromiso Social

UN ARCO IRIS VITAL

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Por Celia Benito Quislant

En estos días celebramos que en España se haya consolidado un ingreso para las familias más desfavorecidas gracias al estado del bienestar en el que vivimos. Además de las ayudas materiales, tan necesarias en estos momentos difíciles que estamos viviendo todos, hay algo necesario e intangible que el estado del bienestar no puede darnos ni podrá jamas: una visión optimista de la vida. Una visión vital.

Escucho palabras que parecen truenos, opiniones que parecen piedras lanzadas sin pensar en las heridas que pueden abrir. Parece que el futuro solo tuviera dos sentidos, como si la vida hubiera que verla negra o blanca, sin respetar siquiera ese río que nace en la cueva del negro y desemboca en la montaña del blanco, coloreando a su paso y según se mezcla paulatinamente, una fabulosa gama de grises. El futuro que antes era libre, imaginativo, inesperado, se ha convertido de golpe en algo plúmbeo donde solo hay dos señalizaciones: o conmigo, o contra mi. Los espejos en que nos miramos -la clase política, los medios de comunicación- nos devuelven un reflejo que apenas reconocemos después de navegar en una tormenta de la que ansiábamos salir limpios, con lo necesario para vivir, como náufragos que sólo necesitan ya el calor de otro ser humano y un pedazo de pan.

Brote verde en una grieta en la pared

Si a un niño se le obliga a elegir entre más de dos cosas se pierde, se asusta, se angustia. Prefiere la dicotomía: una muñeca nueva o ir al cine. Un balón de fútbol o salir a comer un helado. Discernir entre muchas opciones y calibrar además cuáles serán las consecuencias de la elección requiere mucha pericia. Si me compran las muñeca, me quedo sin ir al cine, pero la muñeca es para siempre y el cine solo dura un rato; aunque en el cine me juntaré con mis primos y con la muñeca tendré que jugar solo… ¿Y si no encuentro la muñeca que me gusta? ¿Y si la película es un rollo?

La dualidad simplifica las elecciones. Lejano el niño que fuimos, comprendemos que elegir de otra manera significa madurar. La vida ofrece siempre elecciones infinitas. Podemos renunciar a la muñeca y al cine y elegir ir a dar un paseo con nuestros amigos. O no elegir nada y quedarnos tranquilamente en casa mientras nuestro abuelo nos acaricia el pelo y nos cuenta cómo era la vida cuando él jugaba en la calle.

La libertad es lo que tiene: no existe la dualidad en las decisiones y ese camino libre está ahí para cualquiera que se atreva a transitarlo. Es un camino para valientes, para personas que manejan criterios propios, con ojos llenos de luz, de imaginación, de destreza, de atrevimiento. Un sendero plagado de colores con matices, un arco iris vital. El regalo que la vida nos ofrece a todos es el poder de ver la realidad de una manera optimista, luchadora y bella. Debemos luchar para que nadie nos arrebate este don maravilloso y enfrentarnos a nuestra aventura vital con limpieza, con empatía, con alegría y ganas de compartir, y no de luchar en una batalla que no tiene colores. Estas armas que nos regala la vida no hieren, sólo alumbran nuestro destino y ayudan a veces a los demás para que no se pierdan en esas señales del blanco o negro. Podemos utilizarlas siempre y no deberíamos permitirle a nadie que nos las arrebate. El arco iris vital es invencible, y los del blanco o negro no lo saben.

Taza de colores humeante

 

Firma de Celia

Por:Celia Benito Quislant

Ficha del autor:

Celia Benito Quislant

Celia Benito Quislant

Soy esencialmente creativa y positiva.


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