Escuchar pájaros, insectos, el batir de las olas, el sordo crepitar de los copos de nieve en una noche luminosa y la música. La palabra de la madre; el dulce beso en la noche que protege tus sueños; las manos que arropan; la caricia en las caderas, los besos, miles de besos… Cada uno de estos gestos contiene la felicidad. El destino por escribir de cada ser humano, las elecciones de vida, los compañeros de viaje.  Tomarse tiempo para contemplar la vida, asomarse al interior sin miedo y preguntar por si alguien responde: ¿Quién soy? ¿Qué deseo?

El ritmo impuesto, autoimpuesto, de lo cotidiano sepulta la belleza intrínseca de las cosas y nos transforma en seres ordinarios, sin milagros ni sorpresas. Sobrevivir es nuestra misión. Dejarnos llevar, encauzar el único viaje del que somos dueños en un molde que nos proteja de la desgracia y la inseguridad, que se ajuste a lo esperado, el mismo por el que a velocidad de vértigo se esfuma la felicidad.

La vida es una ventana abierta cuya luz ciega. El futuro es libre y amenazan sus cascadas, sus picos escarpados, sus colores de infinitos matices; las ausencias, el desamor, la soledad. Asusta estar solo con tanta intensidad que paraliza.

Escribí una novela hace ahora dos años y mis personajes siguen reclamando sus reflexiones. La más recurrente es la de encontrar el sentido de sus vidas. Mi favorito, un hombre valiente, hecho a si mismo, sin vértigos ni miedo a lo que estaba por venir, se enfrentó solo, con sus ideas, sus propósitos y su fuerza a un mundo hostil y al mismo tiempo lleno de oportunidades. Al final de su vida, repleta de riqueza, de posesiones, de hijos, de mujeres y de poder, solo se aferra a tres objetos para no perderse. Un anillo de cobre, sin valor, unas semillas de tejo, una foto descolorida… Recuerdos de la única mujer a quien amó olvidándose incluso de quién era él mismo. Esos tres objetos son lo único que le devuelven quién fue, qué sintió, a quién amó. Quién es en la más íntima soledad. 

Los demás personajes, no menos queridos, indagan sobre sus sentimientos, sobre la soledad, con un hilo conductor que les transporta a todos como si viajaran en el mismo tren: amar y ser amados. 

Cuanto más tiempo se vive más necesita uno aferrarse a la felicidad, a la luz, al corazón expandido, a las ilusiones, a la pasión para no creerse muerto. Los días, las horas, los fines de semana, los cafés, las copas… todo nos parece igual, como si esto fuera la vida, llevar una mascarilla, dejar de tocarse, olvidar los abrazos, desterrar las emociones, como si sobrevivir fuera lo único que importa. 

Entonces unos ojos, una caricia, que digan tu nombre con cariño, te parece un milagro dentro de otro milagro que es la vida y que no recordamos. La vida es el milagro, pero lo es todavía más el amor, conectar con otras personas, sentir que sentimos por los demás, sentir que amamos, que queremos. No dejarse vencer, no malgastar la fuerza, desear la libertad.

Pasa la vida y contemplamos la luz de la luna, ese rayo de sol que se cuela entre las hojas de los árboles mientras caminamos por un sendero hacia ninguna parte; el croar de algunas ranas; las chicharras en verano, el canto de ruiseñor por las noches. Uno se busca, se pierde y solo cuando oímos nuestro nombre en los labios de otro ser humano, nos encontramos. Esta persona era yo y no aquella que quedó sepultada en un molde mientras pasaba aquél tren que silbaba y al que no quise escuchar para ocultar mi lamento. Esta persona soy yo y basta escuchar mi nombre en tus labios.

POR: Celia Benito Quislant

#SiempreGraZie

 

Sobre la autoría

Celia Benito Quislant

Tengo más de 20 años de experiencia en medios de comunicación y desde hace 15 me especialicé en la dirección, formando equipos y gestionando momentos de crisis de manera muy creativa, mi fuerte. Busco siempre soluciones para conseguir el objetivo. Fundé mi propia productora de TV con la que he realizado varios formatos de entretenimiento, documentales y campañas de comunicación, imagen corporativa y branding. He dirigido gabinetes de comunicación y relaciones públicas, trabajado en radios, en agencias de comunicación, en prensa y en revistas. Acabo de terminar un biopic interesante en el que relato mi experiencia, durante estos casi 4 años, como Directora de Comunicacion al lado del padre Ángel. Además, sigo con mi primera y apasionante novela de corte histórico, llena de historias truncadas de amor debido al destino fatal de dos familias que marcaron el rumbo de España.

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