LAS PRUEBAS EN LA VIDA SIEMPRE ACABAN LLEGANDO

por Ángel Gutiérrez Sanz | Ángel Gutiérrez Sanz, Autores, Compromiso social, Destacada

LAS PRUEBAS EN LA VIDA SIEMPRE ACABAN LLEGANDO

UNA REFLEXIÓN SOBRE LA LUCHA Y LA ESPERANZA

Por Ángel Gutiérrez Sanz

En el libro de Job (VII, 1) podemos leer: «Milicia es la vida del hombre sobre la tierra».

¿Solo la vida del hombre es milicia? Si pudieran hablar los peces, las hormigas, las abejas e incluso las cigarras, seguro que dirían lo mismo. La vida es milicia para todo ser vivo. Individuos y especies estamos llamados a sostener una lucha titánica por la existencia, en forma de confrontación de unos con otros, como pugna por adaptarse al medio o como quiera que sea; el caso es que todos estamos condenados a superar las dificultades que se van presentando.

El mismo nacer ya es una prueba que no todos consiguen superar. Ningún individuo perteneciente a las distintas especies queda a salvo. Razón tenía Darwin, al menos en parte, al decir que solo los mejor dotados y más fuertes logran perpetuarse por vía de la selección natural.

No creo exagerado afirmar que una prueba, así entendida, pueda ser considerada como la condición universal de la existencia, como algo por lo que todos, incluidos hombres y mujeres, hemos de pasar. Esto es cierto en el orden natural y sigue siéndolo en el orden sobrenatural.

La prueba como condición de la existencia

Si nos atenemos a los datos que nos brinda la Historia Sagrada, hubo un periodo en que la existencia humana transcurrió sin dolores, sin necesidades y sin carencias; lo que se dice una existencia beatífica.

La de Adán y Eva hubo un tiempo que lo fue, aunque lo que no faltó fue la prueba, una especie de examen al que fueron sometidos. Antes ya había pasado algo semejante con los ángeles caídos.

Basta repasar la Historia de la Salvación para comprobar que por la prueba pasaron Abraham, Moisés, Job, Pedro, Pablo, todos y cada uno de los santos, también la gloriosa Madre de Dios y madre nuestra, María.

Hasta el mismo Jesucristo tuvo que pasar por ella y podríamos decir, incluso, que ninguna fue comparable a la del Gólgota.

Es como si la historia universal y personal de la salvación tuviera que quedar justificada ante Dios, y hubiéramos de pensar que no hay galardón sin victoria, que no hay victoria sin combate y que no hay combate sin prueba.

Hombre caminando por un sendero montañoso hacia una cumbre iluminada por el sol

Cada prueba es un tramo más del camino que estamos llamados a recorrer.

La batalla interior del ser humano

El ser humano se nos muestra como una tensión entre oponentes: cuerpo y alma, carne y espíritu, razón y vida; lo apolíneo y lo dionisíaco, que diría Nietzsche.

Todo viene a ser lo mismo. De una parte tenemos la mesura, la proporcionalidad, el equilibrio y el justo medio; de otra, el ímpetu vital y desbordado, el instinto brutalmente biológico y la pasión desenfrenada y salvaje.

Ese vitalista empedernido que fue Nietzsche se quejaba de que el espíritu amenaza con matar la vida, que dificulta el goce pasional de los sentidos y que impide consumirnos en el ardor del paroxismo; mientras que el asceta cristiano se lamenta de que el mundo y la carne pongan barro en las alas del espíritu y le impidan volar en libertad.

En uno y otro caso, de lo que estamos hablando es de la confrontación entre dos fuerzas; una confrontación de la que nadie habrá de verse libre.

Y si un día dejamos de sentir esa tensión interna, y en nosotros ya no hay lucha, ni conciencia de pecado, ni sentimiento alguno de culpabilidad, será, posiblemente, porque estemos muertos espiritualmente.

En tono jocoso, recuerdo haber oído decir a alguien, en alguna ocasión, que el diablo no pierde su tiempo en probar a quien ya tiene seguro.

Hay pruebas que llegan para medir nuestras fuerzas y otras que aparecen para descubrirnos quiénes somos. Nadie las busca, pero todos acabamos encontrándolas en algún momento del camino. Quizá la diferencia no esté en evitarlas, sino en la manera de atravesarlas. Porque, al final, las heridas también enseñan, las dudas también forman y la lucha, cuando no nos vence, termina convirtiéndose en parte de nuestra propia identidad.

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Sobre la autoría

Ángel Gutiérrez Sanz

VIDA Y OBRA DE ÁNGEL GUTIÉRREZ SANZ

Ángel Gutiérrez Sanz nace en Alaraz (Salamanca) 20 de Julio (1939) en el seno de una familia cristiana, donde se tenía aprecio por la cultura. Fue el más pequeño de una familia numerosa, integrada por siete hermanos. Aquí aprendería las primeras letras. Apenas cumplidos los 11 años, abandona su pueblo natal con destino al internado que los PP. Dominicos tenían en La Mejorada, provincia de Valladolid, luego vendrían otros internados en la provincia de Segovia, Toledo y Ávila, por lo que solo pudo disfrutar del calor de familia en las vacaciones estivales. A los 12 años murió su padre y a los 23, aún sin haber concluido su carrera de filosofía en Madrid, murió su madre, por lo que se vio obligado a trabajar para costearse sus estudios de Filosofía, graduándose finalmente en Madrid por la Universidad Complutense, el año 1964.

Una vez licenciado en Filosofía y Letras y con los estudios completos de Teología, se puso a trabajar como profesor en colegios privados de Madrid. Posteriormente obtendría el grado de doctor por la misma universidad Complutense de Madrid, pero antes de que esto sucediera, fue llamado a filas y tuvo que cumplir su servicio militar, lo que supondría para él un grave contratiempo, al ver truncada su carrera y su vida profesional apenas iniciada. Una vez cumplidas sus obligaciones con la Patria, fue admitido en el mismo colegio que estaba trabajando y la vida volvería a recobrar su ritmo.

 En el año 1967 se casaría con la pedagoga Francisca Abad Martín, fijando su residencia en Madrid.

A partir de este momento, Gutiérrez Sanz vivió entregado a la vida familiar, que supo conjugar perfectamente con su profesión de docente y también con sus estudios, porque en los primeros años de matrimonio, Ángel Gutiérrez estaba ocupado en preparar sus oposiciones, para obtener una plaza como profesor numerario de filosofía, a la vez que trataba de concluir su tesis doctoral. Fueron años difíciles, en que tuvo que trabajar duro y sin tregua, para conseguir lo que consiguió.  Cierto que a su lado tuvo siempre a una amiga y colaboradora, que siendo ya madre, no solo supo hacer frente a las circunstancias, manteniendo intacta durante cinco años la licencia por estudios, concedida por el Ministerio de Educación, para que pudiera cursar la carrera de Pedagogía, sino que logró que los ojos de su marido pudieran contemplar la realidad con el verde de la esperanza.

Pasados estos primeros años de matrimonio, la situación fue mejorando. La tesis doctoral que llevaría por título "La Ética en Baltasar Gracián" llegó a feliz término, mereciendo la máxima calificación de "Sobresaliente cum laude", siendo publicada posteriormente. Y sobre todo la obtención de una plaza como profesor titular de filosofía y luego como catedrático de esta misma asignatura, iba a suponer que Gutiérrez Sanz pudiera dedicarse a su pasión de escribir.

En su dilatada vida docente en la enseñanza publica, ha desempeñando diversos cargos directivos, pero ello no ha sido obstáculo para seguir trabajando en el campo de la investigación. Su compromiso   al servicio de la cultura ha quedado patente, tanto en las aulas como fuera de ellas, bien como conferenciante en diversos foros, en el Ateneo de Madrid por ejemplo, así como en colaboración con diversos medios de comunicación social, a través de revistas filosófico-teológicas, históricas. educativas o de pensamiento.

Digno de reseñar es que, siendo catedrático y jefe del Seminario de Filosofía del Instituto Miguel Servet de Madrid y en colaboración con un equipo de profesores de este mismo seminario, obtuvo el Primer Premio Nacional del Segundo Concurso de Prensa sobre artículos, en la modalidad de reportajes sobre Pedagogía, convocado por la Fundación Santa María (S.M.).

En el año 1990, Ediciones TAU saca a la luz su primer libro titulado " Aspectos de una sociedad en crisis", en donde el autor apunta las directrices por donde habría de discurrir su pensamiento.

A partir de entonces su vocación como escritor fue haciéndose más determinante, hasta el momento de su jubilación.

MÁS INFORMACIÓN EN: https://blogculturalgutierrezsanzangel.blogspot.com/p/sobre-mi_10.html

 

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