No pasa día sin que algo suceda
Por Ángel Gutiérrez Sanz
¿Alguna vez nos detenemos a pensar que cada jornada es, en sí misma, una síntesis asombrosa de la existencia? A menudo, el ritmo vertiginoso nos hace olvidar que el milagro de la vida late en cada instante, transformando lo cotidiano en un escenario de constante renovación. Invitamos al lector a pausar su mirada y redescubrir la profundidad oculta en el devenir de nuestras propias horas.
La incesante marcha del universo
No pasa día sin que algo suceda. Siempre sucede algo. Con el amanecer de un nuevo día nos parece que el universo se revive, como si volviera a nacer. Todo está sujeto a una renovación constante, que se va repitiendo. Si, como los físicos aseguran, en una molécula de polvo se condensa el universo entero, con mayor razón podríamos decir que un solo día es la síntesis de una larga existencia.
Continuamente están sucediendo cosas en el mundo; basta con asomarse a los medios de comunicación. Cada segundo se generan noticias, siniestras unas, venturosas otras, aunque desgraciadamente damos muestra de interesarnos más por aquellas que por éstas. Continuamente también nos suceden cosas a nosotros mismos; muchas de ellas ni siquiera las percibimos. Algo maravilloso está sucediendo a cada instante, dentro de nosotros mismos, sin que le prestemos atención apenas.
La belleza en lo cotidiano
Los sentidos no cesan de ponernos en contacto con la exterior belleza, derramada en imágenes de luz, de formas, de colores, de armónicos sonidos. ¡Qué espectáculo!… Sin que nos demos cuenta, el pensamiento se va adueñando de las cosas hasta hacerlas suyas; después hay que conservarlas vivas dentro de nosotros y esperar a que el propio sentimiento entre en acción, porque como bien decían los Maestros de la Escolástica, “nada puede ser querido sin ser antes conocido”.
Todo sucede en perfecto orden y armonía, según el plan establecido por Dios, aunque nosotros no acabemos de comprenderlo; y así todos los días, así cada momento. Y ¿la vida? ¿Qué decir del milagro de la vida y del misterioso funcionar del organismo? Vivir es lo más grande que ha podido sucedernos; sólo Dios nos pudo regalar un don así. Complicado es el funcionamiento de los órganos, complicados son los mecanismos que nos mantienen vivos. No menos de cien mil latidos de nuestro corazón son necesarios para que la llama de la vida se mantenga cada día.

En la danza constante entre el cosmos y lo cotidiano, cada segundo es un universo en sí mismo.
La intensidad como antídoto a la rutina
No hace falta recurrir a las fechas en rojo de nuestro calendario para ser testigos de eventos importantes; sólo hace falta saber vivir intensamente el momento que nos toca vivir. Me viene a la memoria el diario de Ana Frank, universalmente conocido y por todos valorado. Nada tienen de particular las anotaciones de esta adolescente de 14 años. En realidad, no queda reflejado más que el acontecer diario de personas normales en un recinto reducido y, sin embargo, interesa a las gentes, mucho más que un selecto noticiario: ¿Por qué?
El secreto está en la intensidad. Interesante es todo lo que se vive intensamente; en sentir pasión por aquello que a nosotros nos pasa. Nuestro pecado es convertir en rutina lo que pasa a nuestro alrededor, en deslizarnos por los acontecimientos sin llegar a calar hondo. Lo que nos cuenta esta muchacha no es más que el día a día de un grupo reducido de personas en trance de perder la vida; eso sí, quizás por eso, cada momento lo sabían vivir intensamente.
Oímos el despertador, nos levantamos, por la ventana miramos para ver qué día hace, cogemos el coche y nos vamos al trabajo, después de despedirnos de los nuestros. Total, pura rutina, hasta que un día descubrimos que esto mismo podría ser la ilusión de muchas vidas. Poder oír el despertador, haber podido por sí solo tirarse de la cama, ver la luz del día, poder ir a trabajar y tener una familia. De regreso a casa nos hemos sentado a ver un vídeo y a través de él hemos viajado por países exóticos. Nos hemos deleitado con la música, disfrutando con nuestro cantante preferido y todo esto a la hora que más nos convenía, sin sospechar siquiera que ninguno de estos lujos figuraba en los diarios de reyes o magnates de tan sólo hace cien años.

La intensidad es el secreto para convertir el acontecer diario en una experiencia plena y consciente.
Reflexión GraZie
Al cerrar estas líneas, nos queda la invitación a mirar más allá de lo cotidiano y reconocer la magnitud del milagro que respiramos en cada latido. En GraZie Magazine, creemos que la intensidad con la que habitamos el presente es el ejercicio más genuino de gratitud. Que esta reflexión sea el motor para transformar nuestra rutina en un acto consciente de celebración; agradezcamos la fortuna de ser testigos de nuestro propio día, pues en el detalle más pequeño reside a menudo la grandeza de nuestra existencia. Gracias por acompañarnos en este viaje hacia una conciencia más plena y humana.
Ver siguiente capítulo: RETROSPECCIÓN (Próximamente)
Ver capítulo anterior: A LA ESPERA DE LOS ACONTECIMIENTOS
Sobre la autoría

VIDA Y OBRA DE ÁNGEL GUTIÉRREZ SANZ
Ángel Gutiérrez Sanz nace en Alaraz (Salamanca) 20 de Julio (1939) en el seno de una familia cristiana, donde se tenía aprecio por la cultura. Fue el más pequeño de una familia numerosa, integrada por siete hermanos. Aquí aprendería las primeras letras. Apenas cumplidos los 11 años, abandona su pueblo natal con destino al internado que los PP. Dominicos tenían en La Mejorada, provincia de Valladolid, luego vendrían otros internados en la provincia de Segovia, Toledo y Ávila, por lo que solo pudo disfrutar del calor de familia en las vacaciones estivales. A los 12 años murió su padre y a los 23, aún sin haber concluido su carrera de filosofía en Madrid, murió su madre, por lo que se vio obligado a trabajar para costearse sus estudios de Filosofía, graduándose finalmente en Madrid por la Universidad Complutense, el año 1964.
Una vez licenciado en Filosofía y Letras y con los estudios completos de Teología, se puso a trabajar como profesor en colegios privados de Madrid. Posteriormente obtendría el grado de doctor por la misma universidad Complutense de Madrid, pero antes de que esto sucediera, fue llamado a filas y tuvo que cumplir su servicio militar, lo que supondría para él un grave contratiempo, al ver truncada su carrera y su vida profesional apenas iniciada. Una vez cumplidas sus obligaciones con la Patria, fue admitido en el mismo colegio que estaba trabajando y la vida volvería a recobrar su ritmo.
En el año 1967 se casaría con la pedagoga Francisca Abad Martín, fijando su residencia en Madrid.
A partir de este momento, Gutiérrez Sanz vivió entregado a la vida familiar, que supo conjugar perfectamente con su profesión de docente y también con sus estudios, porque en los primeros años de matrimonio, Ángel Gutiérrez estaba ocupado en preparar sus oposiciones, para obtener una plaza como profesor numerario de filosofía, a la vez que trataba de concluir su tesis doctoral. Fueron años difíciles, en que tuvo que trabajar duro y sin tregua, para conseguir lo que consiguió. Cierto que a su lado tuvo siempre a una amiga y colaboradora, que siendo ya madre, no solo supo hacer frente a las circunstancias, manteniendo intacta durante cinco años la licencia por estudios, concedida por el Ministerio de Educación, para que pudiera cursar la carrera de Pedagogía, sino que logró que los ojos de su marido pudieran contemplar la realidad con el verde de la esperanza.
Pasados estos primeros años de matrimonio, la situación fue mejorando. La tesis doctoral que llevaría por título "La Ética en Baltasar Gracián" llegó a feliz término, mereciendo la máxima calificación de "Sobresaliente cum laude", siendo publicada posteriormente. Y sobre todo la obtención de una plaza como profesor titular de filosofía y luego como catedrático de esta misma asignatura, iba a suponer que Gutiérrez Sanz pudiera dedicarse a su pasión de escribir.
En su dilatada vida docente en la enseñanza publica, ha desempeñando diversos cargos directivos, pero ello no ha sido obstáculo para seguir trabajando en el campo de la investigación. Su compromiso al servicio de la cultura ha quedado patente, tanto en las aulas como fuera de ellas, bien como conferenciante en diversos foros, en el Ateneo de Madrid por ejemplo, así como en colaboración con diversos medios de comunicación social, a través de revistas filosófico-teológicas, históricas. educativas o de pensamiento.
Digno de reseñar es que, siendo catedrático y jefe del Seminario de Filosofía del Instituto Miguel Servet de Madrid y en colaboración con un equipo de profesores de este mismo seminario, obtuvo el Primer Premio Nacional del Segundo Concurso de Prensa sobre artículos, en la modalidad de reportajes sobre Pedagogía, convocado por la Fundación Santa María (S.M.).
En el año 1990, Ediciones TAU saca a la luz su primer libro titulado " Aspectos de una sociedad en crisis", en donde el autor apunta las directrices por donde habría de discurrir su pensamiento.
A partir de entonces su vocación como escritor fue haciéndose más determinante, hasta el momento de su jubilación.
MÁS INFORMACIÓN EN: https://blogculturalgutierrezsanzangel.blogspot.com/p/sobre-mi_10.html













