RUINAS SAGRADAS EN TRISTE ORFANDAD:
Un viaje a la memoria de nuestra España rural
PARTE I
En el murmullo de nuestra historia reciente, existen ecos que solo logran escucharse cuando hacemos un alto en el camino. Adentrarse en las «Ruinas Sagradas» no es solo un ejercicio de memoria, sino un acto de justicia hacia el alma de una España que se niega a desaparecer en el olvido.
El valor de lo olvidado
Nuestra nueva sección, “TESTIGOS SILENCIOSOS”, nace con el propósito de proyectar el foco sobre aquellos temas, objetos, situaciones y acontecimientos que duermen, a menudo, el sueño de los justos. Son elementos portadores de un mensaje profundo que merece la pena descifrar, y es precisamente esa capacidad de revelación la que nos invita a detenernos y escuchar lo que el silencio tiene que decirnos.
La agonía de nuestra geografía y el vaciamiento rural
El vaciamiento rural es uno de esos fenómenos de nuestro tiempo que nos hiela la sangre y nos obliga a dedicar un recuerdo emocionado a los que un día fueron pequeños núcleos urbanos llenos de vida, esparcidos por nuestra piel de toro y que, por diversas razones, han sido borrados del mapa. Se calcula que son más de 3000 los pueblecitos, aldeas o villorrios desaparecidos en los últimos años, repartidos todos ellos por la extensa y variada geografía de la vieja Hispania, entre páramos y campiñas, llanuras y estepas, al abrigo de los montes o en acantilados frente al mar abierto.
La España que se muere a pedazos: Tradiciones en olvido
Tengo la impresión de que estamos asistiendo a la agonía de esa España rural, relicario bendito de tradiciones y cultura milenarias, y me siento triste por ello. Dicen que se nos está muriendo a pedazos nuestra España vetusta y con solera; que en sus calles ya no se escucha el griterío de los niños, que faltan brazos vigorosos para cultivar sus tierras y en las ventanas de sus casas no se ven ya mocitas soñando primaveras. Dicen, en fin, que también nuestros mayores han desaparecido, llevándose consigo el sabor de la tierra que les vio nacer y también las esencias y valores de la España profunda, en la que siempre creyeron y a la que honraron con un patriotismo incondicional.

«Ventanas que ya no miran al futuro, testigos mudos de la despoblación»
El silencio que interpela: Un encuentro con los ancestros
Desde hace tiempo, los pueblos abandonados de nuestra geografía se han convertido en testigos silenciosos que nos interpelan. Sus casas, construidas con adobe y barro, con pedruscos y vigas de madera, siguen oliendo a aprisco, a retama quemada, a hogaza recién sacada del horno.
En mis incursiones por estas sagradas ruinas, lo que intento conseguir no es tanto realidades históricas contundentes, cuanto empatizar con quienes fueron mis ancestros; busco crear una imagen de ellos en mi retina y poder dedicar mi cariñoso agradecimiento a sus moradores. Sin olvidarme de que la vida es como es y que los tiempos cambian, no me cansaré de repetir con Cicerón: “¡Oh tempora, o mores!”.
Reflexión GraZie
Al recorrer estos espacios silenciados, no solo encontramos los restos de muros de piedra, sino las huellas de una gratitud olvidada hacia quienes construyeron, con su esfuerzo diario, la base de nuestra identidad. Que esta lectura no sea solo un ejercicio de nostalgia, sino un recordatorio de que cada rincón de nuestra tierra merece ser honrado con nuestra atención y respeto. ¿Qué huella estamos dejando nosotros hoy para que sea encontrada mañana?
Categoria: TESTIGOS SILENCIOS
Siguiente: PARTE II «El emotivo mensaje de los pueblos abandonados [Próxima entrega – Disponible el 10 de junio]
#SiempreGraZie
Sobre la autoría

VIDA Y OBRA DE ÁNGEL GUTIÉRREZ SANZ
Ángel Gutiérrez Sanz nace en Alaraz (Salamanca) 20 de Julio (1939) en el seno de una familia cristiana, donde se tenía aprecio por la cultura. Fue el más pequeño de una familia numerosa, integrada por siete hermanos. Aquí aprendería las primeras letras. Apenas cumplidos los 11 años, abandona su pueblo natal con destino al internado que los PP. Dominicos tenían en La Mejorada, provincia de Valladolid, luego vendrían otros internados en la provincia de Segovia, Toledo y Ávila, por lo que solo pudo disfrutar del calor de familia en las vacaciones estivales. A los 12 años murió su padre y a los 23, aún sin haber concluido su carrera de filosofía en Madrid, murió su madre, por lo que se vio obligado a trabajar para costearse sus estudios de Filosofía, graduándose finalmente en Madrid por la Universidad Complutense, el año 1964.
Una vez licenciado en Filosofía y Letras y con los estudios completos de Teología, se puso a trabajar como profesor en colegios privados de Madrid. Posteriormente obtendría el grado de doctor por la misma universidad Complutense de Madrid, pero antes de que esto sucediera, fue llamado a filas y tuvo que cumplir su servicio militar, lo que supondría para él un grave contratiempo, al ver truncada su carrera y su vida profesional apenas iniciada. Una vez cumplidas sus obligaciones con la Patria, fue admitido en el mismo colegio que estaba trabajando y la vida volvería a recobrar su ritmo.
En el año 1967 se casaría con la pedagoga Francisca Abad Martín, fijando su residencia en Madrid.
A partir de este momento, Gutiérrez Sanz vivió entregado a la vida familiar, que supo conjugar perfectamente con su profesión de docente y también con sus estudios, porque en los primeros años de matrimonio, Ángel Gutiérrez estaba ocupado en preparar sus oposiciones, para obtener una plaza como profesor numerario de filosofía, a la vez que trataba de concluir su tesis doctoral. Fueron años difíciles, en que tuvo que trabajar duro y sin tregua, para conseguir lo que consiguió. Cierto que a su lado tuvo siempre a una amiga y colaboradora, que siendo ya madre, no solo supo hacer frente a las circunstancias, manteniendo intacta durante cinco años la licencia por estudios, concedida por el Ministerio de Educación, para que pudiera cursar la carrera de Pedagogía, sino que logró que los ojos de su marido pudieran contemplar la realidad con el verde de la esperanza.
Pasados estos primeros años de matrimonio, la situación fue mejorando. La tesis doctoral que llevaría por título "La Ética en Baltasar Gracián" llegó a feliz término, mereciendo la máxima calificación de "Sobresaliente cum laude", siendo publicada posteriormente. Y sobre todo la obtención de una plaza como profesor titular de filosofía y luego como catedrático de esta misma asignatura, iba a suponer que Gutiérrez Sanz pudiera dedicarse a su pasión de escribir.
En su dilatada vida docente en la enseñanza publica, ha desempeñando diversos cargos directivos, pero ello no ha sido obstáculo para seguir trabajando en el campo de la investigación. Su compromiso al servicio de la cultura ha quedado patente, tanto en las aulas como fuera de ellas, bien como conferenciante en diversos foros, en el Ateneo de Madrid por ejemplo, así como en colaboración con diversos medios de comunicación social, a través de revistas filosófico-teológicas, históricas. educativas o de pensamiento.
Digno de reseñar es que, siendo catedrático y jefe del Seminario de Filosofía del Instituto Miguel Servet de Madrid y en colaboración con un equipo de profesores de este mismo seminario, obtuvo el Primer Premio Nacional del Segundo Concurso de Prensa sobre artículos, en la modalidad de reportajes sobre Pedagogía, convocado por la Fundación Santa María (S.M.).
En el año 1990, Ediciones TAU saca a la luz su primer libro titulado " Aspectos de una sociedad en crisis", en donde el autor apunta las directrices por donde habría de discurrir su pensamiento.
A partir de entonces su vocación como escritor fue haciéndose más determinante, hasta el momento de su jubilación.
MÁS INFORMACIÓN EN: https://blogculturalgutierrezsanzangel.blogspot.com/p/sobre-mi_10.html













