ENTREVISTA a Pepe Rodríguez – “Tenemos que trabajar en algo que nos motive”.

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PLANTILLA LIBRE

ENTREVISTA A: Pepe Rodríguez por Custodia Ponce

Pepe desde muy temprana edad comienzas a trabajar en la cocina del restaurante familiar, a la vez que presidías “Amidemar”, una asociación de ayuda al toxicómano en Illescas. ¿Qué te hizo tomar esa decisión y qué aprendiste allí?
––Yo estaba trabajando en el restaurante familiar y fundé esta asociación junto a un vecino de Illescas. Cuando iba con mis amigos a tomar algo, veía a ese señor que salía con cuatro o cinco toxicómanos del pueblo con los que la gente no se quería juntar. Y pensé: “Qué mérito tiene ayudar a esa gente con la que no queremos estar ninguno”. Y a partir de ahí, hablé con él, con José, y empezamos a ayudar a esa gente y a sus familias. Los llevábamos a centros de desintoxicación, conseguimos que hablaran con psicólogos, etc… y montamos la asociación “Amidemar”. Fue un gran aprendizaje.

Tanto tú, como Jordi y Samantha sois ejemplo a seguir para muchos jóvenes y no tan jóvenes que quieren hacerse un hueco en el mundo de la gastronomía a través del programa MasterChef. Pepe, ¿qué es lo que más te ha enseñado a ti este programa?
––Me ha enseñado muchas cosas. Sobre todo, a divulgar la cocina, porque sabíamos cocinar, pero no es lo mismo cocinar que divulgar cocina. Es verdad que hacer un programa de televisión de éxito, y además de gastronomía, te hace ver que puedes ser un ejemplo para los demás y cuidar mucho más lo que haces. Sabes que puedes ser una motivación para chavales que están empezando en este mundo. Nos divertimos y trabajamos muchas horas, pero todo con mucha pasión por lo que hacemos. Intentamos transmitir felicidad.

 

En GraZie decimos que el mundo se puede cambiar haciendo cosas y que todos podemos aportar nuestro granito de arena. ¿Consideras que deberíamos pararnos a reflexionar más sobre esto?
––Yo no sé si me paro cada diez minutos, pero lo que sí sé es que lo tengo presente. Todo lo que hagamos aquí tiene repercusión en los demás. Yo cuando veo en algún pueblo, que me fijo mucho en eso, algún matrimonio que llevan toda la vida juntos y no salen en ninguna revista, en ningún anuncio, ni en ningún programa, pienso: “ni falta que hace”. Ellos ya están dando un ejemplo de gente normal, trabajando, siendo buenos ciudadanos, buenos vecinos y padres. Eso ya es un ejemplo para los demás. Siendo respetuoso y siendo buen compañero ya estás cambiando el mundo. No hace falta hacer cosas extraordinarias. En el mundo hay mucha gente buena.

¿Crees que vivimos demasiado deprisa?
––Sí, es verdad. Vivimos demasiado deprisa pegados al teléfono móvil y al reloj. Esto en el fondo hace que al final parezca que nos faltan horas. En los últimos 25-30 años todo va mucho más deprisa. Hay que saber gestionar eso.

La gastronomía, ¿qué posición ocupa en la historia de un país?
––En un país como España mucho. Como en Francia o como en Perú, por poner algún ejemplo. En otros no ha tenido tanta repercusión y la gente ha comido porque simplemente había que sobrevivir. Cuando de la comida se hace algo más, se puede convertir una forma de vida o una forma de relacionarse. En España somos lo que comemos y la comida tiene mucha importancia de norte a sur y de este a oeste. Somos un país gastronómico, donde en cada pueblo hay un restaurante diferenciador y no solo para quitar el hambre, como hicieron mis padres en 1971. Hay una generación que ha entendido que puede cambiar el estilo de vida de los ciudadanos haciendo gastronomía con restaurantes para dar placer de verdad. No todos los países hacen eso. En España sí se ha hecho porque el nivel de vida ha ido subiendo en los últimos 40 años. Esto en los países subdesarrollados es muy difícil, porque lo primero que hay que hacer es alimentarse bien. En nuestro país, con una sociedad del bienestar, mucha gente puede acceder a una gastronomía con un punto más, convertir la cocina en arte dando un plus a comer.

¿Qué significa para ti ser premiado como embajador mundial de la gastronomía en los premios NY SUMMIT?
––Me parece algo muy grande. Lo que he hecho en mi vida es cocinar e intentar superar el legado de mi abuela y mi madre. Es un gusto que alguien que maneja algo relacionado con la gastronomía piense que yo, o nosotros, somos embajadores mundiales de la gastronomía. No sé si tengo el mejor restaurante de Illescas, como para pensar si puedo influir en la gastronomía de otras ciudades o países del mundo.

Seguro hay algo que nunca has confesado a tus compañeros Jordi y Samantha y que te gustaría hacerlo a través de nuestras páginas, ahora es el momento. ¿Qué les dirías?
––Son tantas horas juntos, viajando, comiendo, trabajando y compartiendo tantas cosas buenas y alguna que otra mala, que creo que les he confesado todo. Nos conocemos muchísimo, quizás no al 100%, porque siempre te guardas algo del ámbito privado, pero al 80% seguro que sí.

Podrías elaborarnos una receta que alimente a pequeños y mayores, hombres y mujeres… en definitiva a cualquiera que esté buscando su sueño.
––La receta es encontrar lo que te gusta, dar con la tecla. Yo entré en la hostelería por mi familia, pero no entré en la cocina, empecé como camarero. Pero por cosas de la vida acabé en la cocina y descubrí algo apasionante, con la capacidad de cambiar el plato todos los días. Y tuve ejemplos muy buenos alrededor, fijándome en Martin Berasategui o en Ferrán Adriá, porque eran los dos más grandes a nivel nacional. Y dije: “estos tíos me interesan”. La gente tiene que buscar modelos y tiene que buscar su hueco en la vida, aunque no siempre sea fácil. Una vez que lo encuentras, te enamoras una y otra vez de lo que estás haciendo. Tenemos que trabajar en algo que nos motive todos los días a levantarnos para trabajar y para poder ser cada día un poco mejor persona y mejorar un poco el mundo que nos rodea.

 

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