SEGUIR A LAS MARIPOSAS
Por Bernabé García-Heras Díaz
Hay caminos que comenzamos a recorrer mucho antes de preguntarnos si realmente queremos seguirlos. Desde pequeños aprendemos qué se espera de nosotros, qué decisiones parecen acertadas y qué dirección debemos tomar para construir una vida que los demás consideren buena.
Y caminamos.
Estudiamos, trabajamos, asumimos responsabilidades, formamos parte de una familia y procuramos hacer las cosas lo mejor que sabemos. Escuchamos consejos, aceptamos normas y, poco a poco, vamos encontrando nuestro lugar en el mundo.
No hay nada necesariamente malo en ello. Muchas de esas decisiones nos regalan momentos felices, personas imprescindibles y experiencias que forman parte de lo que somos. Pero, entre tantas cosas que debemos hacer, quizá alguna vez dejamos de preguntarnos qué nos gustaría hacer a nosotros.
Hay sueños que aplazamos porque no es el momento. Inquietudes que guardamos para cuando tengamos más tiempo. Caminos que ni siquiera nos atrevemos a explorar porque parecen demasiado inciertos o porque no encajan en la vida que hemos aprendido a construir.
Siempre habrá algo más urgente, alguna responsabilidad que atender o alguien a quien no queremos decepcionar.
Y así, casi sin darnos cuenta, podemos pasar muchos años caminando en una dirección sin detenernos a pensar si también es la nuestra.
Cuando la vida parece estar completa
A veces, la pregunta aparece con el paso del tiempo. No necesariamente después de una decepción ni cuando las cosas van mal. Puede surgir precisamente cuando todo parece estar en su sitio.

A veces, encontrar nuestro camino comienza cuando nos permitimos elegir.
Miramos lo que hemos construido, recordamos lo vivido y reconocemos el valor de las personas que nos acompañan. Sin embargo, sentimos que algo permanece pendiente, aunque no sepamos explicar exactamente qué es.
Quizá no nos falte nada de lo que siempre consideramos importante. Quizá lo que echamos de menos sea aquello que nunca llegamos a descubrir de nosotros mismos.
Entonces aparece una pregunta que puede resultar incómoda: ¿cuántas de las decisiones que han dado forma a mi vida nacieron realmente de lo que yo deseaba?
No siempre es fácil responder. Hemos aprendido a cumplir, a adaptarnos y a encontrar nuestro lugar dentro de las expectativas de los demás. En ocasiones, incluso llegamos a confundir lo que se espera de nosotros con aquello que queremos.
Y no se trata de buscar culpables. Quienes nos aconsejaron probablemente lo hicieron pensando en nuestro bien. Nosotros mismos tomamos decisiones con los conocimientos, los miedos y las circunstancias que teníamos en cada momento.
No podemos volver atrás para descubrir qué habría sucedido si hubiéramos elegido otro camino. Pero sí podemos mirar hacia delante y reconocer que todavía hay preguntas que merecen ser escuchadas.
Porque aceptar nuestra historia no significa renunciar a todo aquello que aún podemos vivir.
Seguir a las mariposas
Imaginemos que caminamos por un sendero conocido. Sabemos adónde conduce y podríamos recorrerlo casi sin prestar atención. Entonces, una mariposa aparece a nuestro lado.
Se acerca, se aleja y cambia de dirección. Por unos instantes dejamos de mirar hacia delante para seguir su vuelo. No sabemos dónde terminará ni qué encontraremos si decidimos acompañarla.
Y, sin embargo, sentimos curiosidad.
Quizá esa mariposa nos lleve hasta un rincón del paisaje que nunca habíamos observado. Quizá desaparezca a los pocos segundos. Tal vez no encontremos nada extraordinario. Pero, durante ese breve instante, hemos dejado de caminar por inercia. Nos hemos permitido seguir algo que despertaba nuestro interés sin preguntarnos para qué podía servirnos.
¿Y si también necesitáramos eso en nuestra vida?
Seguir a las mariposas es permitirnos escuchar aquello que nos mueve por dentro. Es reconocer que hay deseos que no necesitan la aprobación de los demás para tener sentido y que no todas nuestras decisiones deben conducirnos a un destino conocido.
Puede ser recuperar una afición olvidada, aprender algo que siempre nos llamó la atención, conocer un lugar, cambiar una costumbre o atrevernos a hacer algo que llevamos demasiado tiempo posponiendo.
No tiene que ser una gran aventura. Ni siquiera tiene que parecer importante a los ojos de otras personas.
Lo importante es que nazca de nosotros.
Las mariposas no prometen un destino. Aparecen, se alejan y cambian de dirección. Seguirlas significa aceptar que no siempre sabremos adónde nos conducen, que quizá tengamos que modificar nuestros planes y que algunas veces nos equivocaremos.
Pero también significa descubrir que la incertidumbre no tiene por qué ser un motivo para permanecer inmóviles.
A veces, la libertad comienza cuando dejamos de exigirnos saber cómo terminará todo antes de atrevernos a dar el primer paso.
No necesitamos dejar de ser quienes somos
Elegir nuestro propio camino no significa abandonar lo que hemos construido ni dar la espalda a quienes queremos. Tampoco exige convertir el pasado en un error o pensar que nuestra vida habría sido mejor si hubiéramos tomado otras decisiones.
Podemos amar lo vivido y, al mismo tiempo, sentir curiosidad por lo que todavía nos espera.
Podemos seguir cuidando de los demás sin olvidarnos de nosotros mismos. Cumplir nuestras responsabilidades y reservar un espacio para aquello que nos ilusiona. Aceptar que algunas cosas no dependen de nuestra voluntad y descubrir que otras sí están en nuestras manos.
Tal vez durante mucho tiempo hayamos esperado el momento perfecto para hacer aquello que deseamos. Un momento en el que todo esté resuelto, no existan dificultades y tengamos la seguridad de que cada decisión será acertada.
Pero la vida rara vez nos ofrece tantas garantías.

El pasado forma parte de nosotros, pero todavía podemos elegir hacia dónde caminar.
Quizá no necesitemos esperar a que desaparezcan todas las obligaciones. Quizá baste con dejar de considerar que nuestros propios deseos siempre deben ocupar el último lugar.
No sabemos cuánto cambiará nuestra vida si nos permitimos explorar otra dirección. Lo que sí sabemos es que, si nunca lo intentamos, algunas preguntas pueden acompañarnos durante mucho tiempo.
Y no todas necesitan una respuesta extraordinaria. A veces basta con concedernos la oportunidad de averiguar qué sucede cuando hacemos algo porque realmente queremos hacerlo.
El camino también nos pertenece
No podemos seguir todas las mariposas que aparecen en nuestra vida. Algunas se alejarán antes de que podamos acercarnos. Otras nos despertarán una ilusión que quizá desaparezca al poco tiempo. Habrá caminos que decidamos abandonar y otros que nos sorprendan precisamente porque nunca habríamos imaginado recorrerlos.
No necesitamos convertir cada deseo en una decisión ni perseguir todas las posibilidades que se cruzan en nuestro camino.
Se trata, sencillamente, de no cerrar los ojos ante ellas.
Tal vez llegue un momento en que dejemos de preguntarnos si hemos vivido correctamente y empecemos a preguntarnos si hemos vivido de acuerdo con aquello que somos. No para juzgar nuestro pasado, sino para comprender que nuestra historia no tiene por qué estar escrita de antemano hasta su última página.
Siempre habrá cosas que ya no podremos cambiar. Pero mientras la vida siga abriéndose ante nosotros, todavía podremos descubrir algo nuevo, tomar una decisión diferente o concedernos aquello que tantas veces dejamos para después.
Quizá no podamos recuperar todas las oportunidades que dejamos pasar. Tampoco necesitamos hacerlo. La vida no consiste en recorrer todos los caminos posibles, sino en encontrar la manera de habitar el nuestro sin renunciar por completo a lo que llevamos dentro.
Por eso, cuando una mariposa aparezca a nuestro lado, tal vez merezca la pena levantar la mirada.
No para atraparla, ni para exigirle que nos conduzca a algún lugar concreto. Simplemente, para observarla y decidir si queremos acompañarla durante un trecho.
Puede que no sepamos dónde terminaremos. Puede que el camino no sea el que habíamos imaginado.
Pero, al menos esta vez, habremos elegido nosotros.
Y quizá eso sea lo que significa seguir a las mariposas: descubrir que la vida no solo consiste en llegar a donde nos habíamos propuesto, sino también en atrevernos a caminar hacia aquello que, sin saber muy bien por qué, nos hace sentir que estamos vivos.
Sobre la autoría
Bernabé García-Heras Díaz
Creativo editorial | Diseño de identidad corporativa | Creador y fundador de GraZie Magazine
Creativo editorial y diseñador especializado en identidad corporativa, con una trayectoria vinculada a proyectos culturales, editoriales e institucionales. Su trabajo reúne diseño, fotografía y comunicación visual. Es creador y fundador de GraZie Magazine, publicación digital centrada en las personas, las historias y los valores humanos.
















