VESTIR SIN SEGUIR LA MODA
La ropa puede cambiar cada temporada. El estilo, cuando es verdaderamente nuestro, no necesita hacerlo.
Por Redacción GraZie Magazine
Hay una pregunta que quizá deberíamos hacernos alguna vez delante del armario:
¿Me visto porque me gusta o porque se supone que esto es lo que toca llevar?
La diferencia parece pequeña, pero no lo es.
Cada temporada llegan nuevos colores, nuevas siluetas, nuevos tejidos, nuevas combinaciones y nuevas formas de entender la manera de vestir. La moda tiene esa capacidad extraordinaria de convertir en imprescindible aquello que, hasta hace poco, apenas habíamos mirado.
Y nosotros, muchas veces, seguimos el ritmo.
Pero algo parece estar cambiando.
En las últimas temporadas, dentro del mundo de la moda y de la alta costura, la conversación gira cada vez más alrededor de la personalidad, de las prendas que permanecen y de una manera de vestir menos dependiente de los cambios constantes.
No significa abandonar las tendencias.
Quizá significa algo más sencillo:
dejar que las tendencias sean una posibilidad y no una obligación.
Porque llega un momento en que uno descubre que vestirse bien no significa estrenar constantemente.

La moda propone. El estilo decide.
LA ROPA TAMBIÉN PUEDE CONTAR QUIÉNES SOMOS
Hay personas que entran en una habitación y no recuerdas exactamente qué llevaban.
Recuerdas que estaban elegantes.
No necesariamente porque vistieran una determinada marca, ni porque llevaran la prenda que aparecía en todos los escaparates. Había algo más difícil de definir: una manera de combinar las cosas, de elegir los colores, de llevar una chaqueta, unos zapatos, un pañuelo o incluso unos vaqueros.
Eso es estilo.
No necesita anunciarse.
Y quizá ahí esté una de las diferencias más interesantes entre seguir la moda y tener estilo.
La moda propone. El estilo decide.
NO TODO LO NUEVO TIENE QUE ENTRAR EN NUESTRO ARMARIO
Durante mucho tiempo hemos asociado lo nuevo con lo mejor.
Una colección sustituye a otra. Una tendencia desaparece y aparece inmediatamente otra. Lo que hace unos meses parecía imprescindible termina arrinconado en un cajón porque ya no pertenece a la temporada.
Pero una prenda no pierde su valor porque deje de aparecer en los escaparates.
Una camisa que nos queda bien sigue quedándonos bien.
Un abrigo que nos gusta sigue siendo nuestro abrigo.
Un pantalón con el que nos sentimos cómodos no deja de funcionar porque alguien haya decidido que ahora se llevan otros.
En la moda actual también empieza a ganar espacio una mirada diferente: recuperar prendas que ya tenemos, combinarlas de otra manera y encontrar nuevas posibilidades en aquello que ya forma parte de nuestro armario.
Y eso cambia la conversación.
Ya no se trata solamente de qué comprar.
También de qué merece la pena conservar.
VESTIR TAMBIÉN ES CONOCERSE
Nuestro cuerpo cambia.
Nuestra vida cambia.
También cambian nuestros gustos.
Lo que nos hacía sentir bien a los veinte quizá no sea lo mismo que buscamos diez, veinte o treinta años después. Y eso no significa que hayamos perdido estilo.
Al contrario.
Significa que nuestro estilo ha aprendido con nosotros.
Quizá antes necesitábamos llamar la atención y ahora preferimos pasar desapercibidos.
Quizá antes buscábamos una determinada imagen y ahora nos importa mucho más la comodidad.
Quizá descubrimos que el negro nos representa, que una camisa blanca nos resuelve media vida o que aquella chaqueta antigua tiene algo que ninguna tendencia nueva consigue ofrecernos.
Vestir bien empieza muchas veces por saber qué queremos decir sin necesidad de explicarlo.

El estilo evoluciona con nosotros y refleja quiénes somos en cada etapa de la vida.
LA ELEGANCIA NO SIEMPRE ESTRENA
Hay una elegancia particular en quien no parece estar intentando demostrar nada.
Una persona puede llevar una prenda sencilla y transmitir mucho más que alguien vestido de arriba abajo con las novedades de la temporada.
Porque la elegancia no está necesariamente en el precio.
Ni en la cantidad.
Ni siquiera en la novedad.
Está en la elección.
En saber cuándo algo encaja con nosotros y cuándo no.
En combinar sin necesidad de demostrar que conocemos todas las tendencias.
En repetir una prenda porque nos gusta.
En cuidar aquello que tenemos.
En permitir que nuestra ropa tenga memoria.
En los últimos años también se ha hablado mucho de una elegancia más discreta, basada en la calidad, la sencillez y las prendas que pueden acompañarnos durante mucho tiempo.
Pero tampoco necesitamos convertir la sencillez en otra tendencia.
Ese sería precisamente el mismo juego con otro nombre.
NO SEGUIR LA MODA TAMBIÉN PUEDE SER UNA FORMA DE LIBERTAD
No significa vestir siempre igual.
Ni rechazar las tendencias.
Ni pensar que todo lo nuevo es superficial.
La moda también puede divertirnos. Puede ayudarnos a probar, a cambiar, a jugar con nuestra imagen. Una tendencia puede descubrirnos una combinación que nunca habíamos imaginado.
La cuestión es otra:
que podamos elegirla sin sentir que la necesitamos.

Vestir a nuestra manera también es una forma de libertad.
Podemos tomar una idea de una colección y hacerla nuestra.
Podemos incorporar un color porque nos gusta, no porque sea el color de la temporada.
Podemos comprar una prenda porque llevábamos años buscándola, aunque no aparezca en ninguna lista de tendencias.
Podemos incluso seguir llevando aquello que otros consideran antiguo.
Porque nuestro armario no tiene por qué funcionar como un calendario.
QUIZÁ EL VERDADERO ESTILO SEA SABER CUÁNDO PARAR
Hay algo liberador en abrir el armario y no sentir que falta nada.
No porque esté lleno.
Precisamente porque lo que hay dentro tiene sentido.
Unas cuantas prendas que combinan entre sí. Algunas piezas especiales. Ropa para los días normales. Alguna que nos recuerda a alguien o a algún momento. Y esas prendas que, con el paso de los años, terminan formando parte de nuestra identidad.
La moda puede decirnos qué acaba de llegar.
El estilo nos recuerda qué queremos conservar.
Y quizá esa sea una de las formas más sencillas de vestir sin seguir la moda:
dejar de preguntarnos qué lleva todo el mundo y empezar a preguntarnos qué queremos llevar nosotros.
Porque al final, vestirse no debería consistir en parecerse a una temporada.
Debería consistir en reconocernos frente al espejo.
TAMBIEN TE PUEDE INTERESAR…
Sobre la autoría
GraZie Magazine es mucho más que una revista; es un abrazo cálido en forma de palabras e imágenes que celebra el alma humana. En un mundo a menudo tumultuoso, encontramos la belleza y la esperanza en cada persona. Creemos en el poder de las historias humanas para inspirar y conectar corazones.
















