El candil, símbolo del hogar y la mujer, alma de la familia
Por Ángel Gutiérrez Sanz
PARTE IV
El candil: Testigo de la intimidad familiar
Entre las reliquias del pasado, he de referirme al candil como uno de los testigos silenciosos más evocadores de la intimidad familiar. En él puede verse reflejada la calidez acogedora del hogar, compañero y confidente indispensable que no podía faltar en las veladas familiares, en las animadas tertulias, leal compañero en las horas alegres y en las horas tristes. En torno a él giraban todas las miradas. Durante siglos, el candil ha representado un papel importante dentro de las casas. Junto a él se apretaban los corazones para intercambiar sentimientos, compartir historias y emociones, para rezar o contar chistes, para reír o llorar juntos, para comer y protegerse del frío.
La mujer: Corazón y alma del hogar
Aun con todo, el centro neurálgico del hogar no lo fue la llama del candil, sino el corazón de la mujer consagrada por entero a su familia. Cuando traspasas los umbrales de una casa que lleva mucho tiempo cerrada, lo primero que percibes es que este recinto sagrado ha estado gobernado por manos femeninas. Los hogares de antaño con solera no se pueden entender sin la presencia de la mujer; ella era el alma, el corazón, la vida de los mismos. Hemos tardado en darnos cuenta de ello, pero esta es la realidad, aunque la historia haya sido injusta con ellas y no lo haya sabido reconocer.
La mujer fue el alma del hogar rural: presencia discreta y constante que, con sus cuidados cotidianos, mantuvo viva la esencia de la familia y de los pueblos.
Heroínas anónimas: El trabajo y la maternidad
Desde siempre, las labores domésticas de la mujer han sido infravaloradas; se les ha visto como un entretenimiento, a lo más como una ayudilla para la economía familiar. Pocos han sido conscientes de que poner en marcha y mantener el funcionamiento doméstico, aparte de ser fundamental para la estabilidad familiar y social, es costoso, ingrato y duro. Las espaldas de estas heroínas anónimas tuvieron que soportarlo todo: encender el fuego, poner los pucheros a calentar, preparar los desayunos, levantar y asear a los niños, hacer las camas, fregar, barrer, quitar el polvo, coser, zurcir, remendar, echarse el caldero de ropa sucia a la cadera y acercarse al río para allí, después de romper el hielo con una piedra, dejarse las uñas restregando. Sin tiempo que perder tenía que llegar a casa para asistir a los animales domésticos, ordeñar la cabra y tener a punto la comida y así un día y otro día. Estos “Ángeles del hogar” tenían que administrar los recursos, estar pendientes de todo y en ocasiones verse en la necesidad de tener que convertir el agua en vino para que hubiera para todos. Además, ejercían de enfermeras y curanderas de la familia.
Vocación de madre y esposa
Ser ama de casa no fue el único rol desempeñado por estas mujeres ejemplares; ejercieron también como madres, no por obligación sino por vocación, conscientes de que la maternidad es el don más hermoso que puede poseer un ser humano. Intuyeron que ningún tipo de creación artística podía compararse al engendro de un ser humano. Las abuelas de nuestras abuelas, por instinto materno, supieron interpretar como nadie el profundo misterio de traer un niño al mundo, de criarlo, cuidarlo y educarlo. Tuvieron la certeza de que llegar a ser presidente del país más poderoso del mundo era poca cosa comparado con la sublime misión de ser madre, y tenían razón. Ya va siendo hora de que los organismos mundiales saquen las consecuencias oportunas y se pongan a trabajar en dirección distinta a la que lo vienen haciendo. Las mujeres del pasado también supieron ser dignas esposas, lo que llevaba implícito ser amantes, amigas, colaboradoras y cómplices del marido. Gracias a sus buenos oficios se resolvieron muchas crisis matrimoniales. Dar y recibir amor es una de las características de la psicología de las mujeres: “Donde no había amor, pusieron amor, para acabar cosechando amor”. El hogar pudo seguir siendo ese oasis de paz y refugio, donde todos se sentían seguros y unidos como una piña, donde podían encontrar el cariño que necesitaban en esa mujer que, habiéndose olvidado de sí misma, lo era todo para todos.
Dos manos que resumen toda una vida de entrega. El candil ilumina el hogar; el amor y el sacrificio de quienes lo habitaron mantienen viva su verdadera luz.
Reconocimiento a la fortaleza femenina
No quisiera acabar sin expresar mi admiración y reconocimiento a esas mujeres inteligentes y seguras de sí mismas que no renegaron de su identidad en tiempos difíciles de postergación, olvido y abandono, en que se les negó voz ni voto. “Pudieron perder la paciencia, pero no la perdieron; pudieron desesperarse y renegar de ser mujer, pero no lo hicieron; ahí siguieron sin perder la paz interior, ni siquiera lamentarse como corresponde a los espíritus fuertes” (Ser mujer en un mundo de hombres, Madrid 2014, A. Gutiérrez Sanz). Ello fue así porque estaban convencidas de que ser mujer era un privilegio y no sentían ninguna necesidad de emular al hombre. No estaban equivocadas. Hoy comenzamos a ver con claridad que nuestra sociedad, nuestro mundo, si algo necesita, es una fuerte dosis de feminización de la buena.
Con esta quinta entrega concluye la serieRuinas Sagradas en Triste Orfandad. A través de objetos, lugares y recuerdos aparentemente olvidados, Ángel Gutiérrez Sanz nos ha invitado a redescubrir el valor de nuestras raíces, la memoria compartida y el legado de quienes nos precedieron. Porque hay ruinas que no hablan de destrucción, sino de todo aquello que merece ser recordado para no perder lo mejor de nosotros mismos.
Como CEO de GraZie Magazine, mi misión es transformar y elevar el concepto de la comunicación, convirtiendo nuestras publicaciones en un referente dentro de su nicho. Esto no trata solo de mantenerse al día con las últimas tendencias, sino de innovar y buscar nuevas formas de contar historias que realmente importan y nos conduzcan a un estado de reflexión. Estoy comprometida a liderar con una visión clara y estratégica, enfocada en el crecimiento sostenible y la innovación constante.
En mi rol, tengo el privilegio de coordinar y motivar a un equipo increíblemente talentoso y comprometido con este magazine. Juntos, hemos incrementado nuestra base de lectores de manera significativa y fortalecido nuestra presencia en el mercado, con la mirada puesta en expandirnos aún más. Nuestro enfoque está en crear contenidos relevantes y atractivos que no sólo informen, sino que también inspiren y conectan profundamente con nuestra comunidad.
Mi amor por la comunicación no se detiene aquí. Estoy dedicada a seguir aprendiendo y creciendo en este apasionante campo, siempre buscando nuevas formas de mejorar y ofrecer lo mejor a nuestros lectores. La comunicación no es solo una profesión para mí; es mi vocación y mi pasión.
Ángel Gutiérrez Sanz nace en Alaraz (Salamanca) 20 de Julio (1939) en el seno de una familia cristiana, donde se tenía aprecio por la cultura. Fue el más pequeño de una familia numerosa, integrada por siete hermanos. Aquí aprendería las primeras letras. Apenas cumplidos los 11 años, abandona su pueblo natal con destino al internado que los PP. Dominicos tenían en La Mejorada, provincia de Valladolid, luego vendrían otros internados en la provincia de Segovia, Toledo y Ávila, por lo que solo pudo disfrutar del calor de familia en las vacaciones estivales. A los 12 años murió su padre y a los 23, aún sin haber concluido su carrera de filosofía en Madrid, murió su madre, por lo que se vio obligado a trabajar para costearse sus estudios de Filosofía, graduándose finalmente en Madrid por la Universidad Complutense, el año 1964.
Una vez licenciado en Filosofía y Letras y con los estudios completos de Teología, se puso a trabajar como profesor en colegios privados de Madrid. Posteriormente obtendría el grado de doctor por la misma universidad Complutense de Madrid, pero antes de que esto sucediera, fue llamado a filas y tuvo que cumplir su servicio militar, lo que supondría para él un grave contratiempo, al ver truncada su carrera y su vida profesional apenas iniciada. Una vez cumplidas sus obligaciones con la Patria, fue admitido en el mismo colegio que estaba trabajando y la vida volvería a recobrar su ritmo.
En el año 1967 se casaría con la pedagoga Francisca Abad Martín, fijando su residencia en Madrid.
A partir de este momento, Gutiérrez Sanz vivió entregado a la vida familiar, que supo conjugar perfectamente con su profesión de docente y también con sus estudios, porque en los primeros años de matrimonio, Ángel Gutiérrez estaba ocupado en preparar sus oposiciones, para obtener una plaza como profesor numerario de filosofía, a la vez que trataba de concluir su tesis doctoral. Fueron años difíciles, en que tuvo que trabajar duro y sin tregua, para conseguir lo que consiguió. Cierto que a su lado tuvo siempre a una amiga y colaboradora, que siendo ya madre, no solo supo hacer frente a las circunstancias, manteniendo intacta durante cinco años la licencia por estudios, concedida por el Ministerio de Educación, para que pudiera cursar la carrera de Pedagogía, sino que logró que los ojos de su marido pudieran contemplar la realidad con el verde de la esperanza.
Pasados estos primeros años de matrimonio, la situación fue mejorando. La tesis doctoral que llevaría por título "La Ética en Baltasar Gracián" llegó a feliz término, mereciendo la máxima calificación de "Sobresaliente cum laude", siendo publicada posteriormente. Y sobre todo la obtención de una plaza como profesor titular de filosofía y luego como catedrático de esta misma asignatura, iba a suponer que Gutiérrez Sanz pudiera dedicarse a su pasión de escribir.
En su dilatada vida docente en la enseñanza publica, ha desempeñando diversos cargos directivos, pero ello no ha sido obstáculo para seguir trabajando en el campo de la investigación. Su compromiso al servicio de la cultura ha quedado patente, tanto en las aulas como fuera de ellas, bien como conferenciante en diversos foros, en el Ateneo de Madrid por ejemplo, así como en colaboración con diversos medios de comunicación social, a través de revistas filosófico-teológicas, históricas. educativas o de pensamiento.
Digno de reseñar es que, siendo catedrático y jefe del Seminario de Filosofía del Instituto Miguel Servet de Madrid y en colaboración con un equipo de profesores de este mismo seminario, obtuvo el Primer Premio Nacional del Segundo Concurso de Prensa sobre artículos, en la modalidad de reportajes sobre Pedagogía, convocado por la Fundación Santa María (S.M.).
En el año 1990, Ediciones TAU saca a la luz su primer libro titulado " Aspectos de una sociedad en crisis", en donde el autor apunta las directrices por donde habría de discurrir su pensamiento.
A partir de entonces su vocación como escritor fue haciéndose más determinante, hasta el momento de su jubilación.