LITERATURA CONTEMPLATIVA
CUANDO DEJAMOS DE BUSCARNOS
Por Bernabé García-Heras Días
Hay días en los que uno no sabe dónde está.
No porque haya perdido el camino.
Ni porque haya olvidado hacia dónde quería ir.
Simplemente ocurre que hay demasiados caminos abiertos al mismo tiempo.
Demasiadas ideas.
Demasiadas cosas pendientes.
Demasiados lugares a los que llegar, proyectos que comenzar, decisiones que tomar, palabras que escribir.
Y entonces sucede algo extraño: cuanto más intentamos ordenar nuestra vida, más desorden parece haber dentro de nosotros.
Queremos encontrar una respuesta y aparecen cinco preguntas.
Queremos comenzar algo y aparecen diez cosas que deberíamos haber hecho antes.
Queremos detenernos un momento y nuestra cabeza continúa caminando.
Y quizá por eso hay momentos en los que sentimos que nos hemos perdido.
Pero ¿y si no fuera así?
¿Y si no estuviéramos perdidos?
¿Y si simplemente estuviéramos demasiado ocupados buscándonos?
CUANDO SENTIMOS QUE NOS HEMOS PERDIDO
Nos han enseñado que debemos saber quiénes somos.
Desde muy pronto comenzamos a construir una respuesta.
Qué queremos ser.
Qué queremos hacer.
Dónde queremos llegar.
Qué esperamos de la vida.
Y, poco a poco, vamos convirtiendo esas respuestas en una especie de mapa que llevamos dentro.
Pero los mapas tienen una dificultad.
No siempre representan el lugar en el que estamos.
La vida cambia.
Nosotros cambiamos.
Lo que ayer parecía importante puede dejar de serlo mañana.
Aquello que perseguimos durante años puede perder su sentido.
Y aquello que nunca habíamos imaginado puede aparecer de repente delante de nosotros.
Entonces miramos nuestro viejo mapa y pensamos que somos nosotros quienes estamos equivocados.
Quizá no.
Quizá el mapa simplemente se quedó pequeño.
Hay una forma silenciosa de cansancio que no nace del cuerpo.
Nace de intentar encontrar constantemente una explicación para todo.
¿Por qué estoy así?
¿Qué debería hacer?
¿Estoy aprovechando mi vida?
¿Estoy en el lugar correcto?
¿Debería cambiar?
¿Debería empezar de nuevo?
¿Estoy perdiendo el tiempo?
Preguntas.
Más preguntas.
Y mientras intentamos responderlas todas, dejamos de escuchar algo mucho más sencillo.
Lo que está ocurriendo ahora.
El momento que tenemos delante.
La conversación que estamos manteniendo.
La luz que entra por una ventana.
Una taza que se enfría lentamente sobre la mesa.
El sonido de la calle.
El silencio de una habitación.
La respiración.
La vida, haciendo su trabajo sin pedirnos que la entendamos.
EL MAPA QUE YA NO NOS SIRVE
Tal vez nos hemos acostumbrado demasiado a pensar que todo tiene que conducir hacia alguna parte.
Que cada experiencia debe enseñarnos algo.
Que cada error tiene que convertirse en aprendizaje.
Que cada día debe ser productivo.
Que cada decisión tiene que acercarnos a una versión mejor de nosotros mismos.
Incluso el descanso parece necesitar una justificación.
Descansamos para volver a producir.
Paramos para continuar.
Nos alejamos para regresar más fuertes.
Y quizá haya momentos en los que no necesitemos regresar más fuertes.
Quizá simplemente necesitemos quedarnos.
Sin mejorar.
Sin resolver.
Sin avanzar.
Quedarnos un instante exactamente donde estamos.
Hay algo profundamente humano en no saber.
Lo olvidamos porque vivimos rodeados de respuestas.
Todo parece tener una explicación.
Todo tiene un método.
Un camino.
Una fórmula.
Una dirección.
Pero hay preguntas que no necesitan ser respondidas inmediatamente.
Hay momentos que necesitan ser atravesados.
Y hay partes de nosotros que solo pueden conocerse cuando dejamos de interrogarlas.
Quizá por eso algunas respuestas aparecen cuando ya hemos dejado de buscarlas.
Llegan mientras caminamos.
Mientras cocinamos.
Mientras conducimos.
Mientras miramos por una ventana.
Mientras hacemos algo completamente distinto.
Como si una parte de nosotros hubiera estado esperando precisamente a que dejáramos de perseguirla.

A veces no estamos perdidos; simplemente estamos ante demasiados caminos.
EL LUGAR DE NO SABER
Quizá no estamos perdidos.
Quizá estamos entre dos versiones de nosotros mismos.
La que ya conocemos y la que todavía no sabemos quién será.
Ese lugar puede resultar incómodo.
No tiene nombre.
No tiene instrucciones.
No sabemos cuánto tiempo permaneceremos allí.
Pero también tiene algo hermoso.
Todavía no está escrito.
Y quizá esa incertidumbre que tanto nos inquieta sea, al mismo tiempo, el espacio donde algo nuevo puede comenzar.
No todo lo que parece vacío está vacío.
A veces hay cosas creciendo en silencio.
Por eso quizá no necesitemos encontrarnos.
Tal vez esa sea una de las trampas más discretas de nuestra época: pensar que existe una versión definitiva de nosotros mismos esperando ser descubierta.
Como si en algún lugar hubiera un “yo verdadero” que, una vez encontrado, nos permitiría vivir sin dudas.
Pero quizá somos precisamente nuestras dudas.
Nuestros cambios.
Nuestras contradicciones.
Las cosas que dejamos atrás.
Las que todavía no comprendemos.
Las personas que fuimos y las que estamos aprendiendo a ser.
Quizá no somos un lugar al que llegar.
Quizá somos un camino que cambia mientras lo recorremos.
DEJAR DE BUSCARNOS
Y entonces puede ocurrir algo pequeño.
Una tarde cualquiera.
Sin acontecimientos importantes.
Sin respuestas extraordinarias.
De repente dejamos de preguntarnos qué deberíamos estar haciendo.
Dejamos de compararnos.
Dejamos de medir nuestro avance.
Dejamos de intentar encontrar una explicación para todo.
Y simplemente estamos.
No sucede nada espectacular.
No aparece ninguna señal.
El mundo no cambia.
Pero algo dentro de nosotros se queda quieto.
Y por primera vez en mucho tiempo no sentimos la necesidad de correr detrás de nosotros mismos.
Quizá eso sea suficiente.
Quizá ese instante sea una forma de encontrarnos.
No porque hayamos descubierto quiénes somos.
Sino porque, por un momento, hemos dejado de exigirnos saberlo.
Tal vez mañana volvamos a perdernos.
Volverán las preguntas.
Las dudas.
Los planes.
Las ideas.
Las cosas pendientes.
Volveremos a sentir que necesitamos ordenar el mundo antes de poder descansar.
Y estará bien.
No tenemos que convertir la calma en otra obligación.
No tenemos que aprender a estar en paz para sentir que lo estamos haciendo bien.
Hay días para avanzar.
Días para detenerse.
Días para comenzar.
Y días en los que simplemente no sabemos.
También esos días forman parte de nosotros.
Quizá la vida no nos está pidiendo que nos encontremos.
Quizá solamente nos está pidiendo que dejemos de huir de donde estamos.
Que miremos un poco más despacio.
Que aceptemos no tener todas las respuestas.
Que permitamos que algunas cosas permanezcan abiertas.
Que dejemos de perseguir ese lugar imaginario donde, algún día, todo tendrá sentido.
Porque puede que el sentido no esté esperando al final.
Puede que aparezca mientras caminamos.
Y puede que, después de tanto buscarnos,
descubramos que nunca estuvimos realmente perdidos.
Solo estábamos demasiado ocupados intentando encontrarnos.
Y entonces, por fin,
dejamos de buscarnos.
Y nos quedamos.
Aquí.
Ahora.
Donde quizá siempre había estado la vida…
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Sobre la autoría
Bernabé García-Heras Díaz
Creativo editorial | Diseño de identidad corporativa | Creador y fundador de GraZie Magazine
Creativo editorial y diseñador especializado en identidad corporativa, con una trayectoria vinculada a proyectos culturales, editoriales e institucionales. Su trabajo reúne diseño, fotografía y comunicación visual. Es creador y fundador de GraZie Magazine, publicación digital centrada en las personas, las historias y los valores humanos.
















