POR UN MUNDO CON CORAZÓN
Ángel Gutiérrez Sanz
NACIDOS PARA VIVIR JUNTOS
Cada vez estoy más convencido de que la dimensión comunitaria es algo esencial e inseparable de la condición humana. Haría falta, nos dice Aristóteles, ser un dios o una bestia para poder vivir de espaldas a los demás. Hemos nacido para compartir, para entendernos, para vivir juntos y que así fuera, pienso yo, sería una de las mejores cosas que podría pasarnos.
Cuando oigo decir que solo el amor puede salvar al mundo, creo que se está diciendo una gran verdad. Solo cuando nos sentimos cerca los unos de los otros podemos decir que comenzamos a vivir.
Las palabras de J. P. Sartre, que nos hablan de que el infierno son los otros, me dejan un poso de tristeza cuando las leo y me pregunto: ¿por qué trance doloroso estaría atravesando el filósofo francés para decir eso?
En un momento tonto, cualquiera podemos decir cosas que en el fondo no sentimos. Tal vez estuviera bajo los efectos de una pequeña traición o acabara de sufrir un desengaño, algo… no lo sé, de lo que estoy seguro es de que Sartre, como todos, tuvo necesidad de los demás.
EL HORROR DE LA SOLEDAD
¿Qué sería del yo solitario sin un tú, sin un nosotros, vagando errático por el universo?
Qué horror, imaginar tan siquiera que tuviéramos que vivir absolutamente solos, en un mundo despoblado, gélido, incomunicado, en solitaria orfandad, sabiendo que por mucho que gritáramos nadie nos iba a oír. Solo de pensarlo me produce pánico. Esto sí podría ser el infierno.

El horror de la soledad
Si he de estar en el mundo, que sea con los otros, alegrándome y compadeciéndome con ellos. Prefiero decir con Hegel: “El yo somos nosotros y nosotros es el yo”.
CUANDO EL AFECTO SE PIERDE
Nunca sabremos lo que significan las personas que conviven con nosotros hasta que las perdemos. Nunca lamentaremos suficientemente el no habernos entregado a ellas, no haberles dado el amor que merecían.
Nuestro mundo está lleno de personas que sufren desafecto, que viven en la calle, con el corazón a la intemperie, sin recibir calor de nadie, esperando un momento de cariño, que pudiera valer toda una vida, una palabra tierna, una caricia, un abrazo que tal vez no lleguen nunca.
Me imagino a la madre Teresa, por las calles de Calcuta. Se cuenta que en una ocasión, en una de tantas recogidas de pobres y abandonados en las aceras, le tocó el turno, no diré a un anciano, porque en esas circunstancias es difícil llegar a viejo, diré simplemente un pobre hombre en estado terminal.
Le condujeron a una amplia nave, donde le esperaban otros muchos en su misma situación. Allí le dieron todo el cariño y la ternura, para hacer más llevadera su inminente partida.

Cuando el afecto se pierde
Los ojos del indigente se llenaron de una luz especial, sus labios dibujaron una amplia sonrisa y su lengua tuvo todavía tiempo de pronunciar estas palabras: “He pasado toda mi vida como mendigo, pero ahora tengo la inmensa suerte de poder morir como un rey”.
LOS MILAGROS DEL AMOR
Así son los milagros del amor. En cierta manera todos andamos pordioseando afecto por las esquinas, en tanto que nos resistimos a prodigar el nuestro, dejando que se nos pudra dentro.
El afecto que no damos es afecto que se pierde, como el agua de la torrentera que acaba en la alcantarilla:
“Moneda que está en la mano,
tal vez se deba guardar.
La monedita del alma
se pierde si no se da”.
(A. Machado)
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Sobre la autoría

VIDA Y OBRA DE ÁNGEL GUTIÉRREZ SANZ
Ángel Gutiérrez Sanz nace en Alaraz (Salamanca) 20 de Julio (1939) en el seno de una familia cristiana, donde se tenía aprecio por la cultura. Fue el más pequeño de una familia numerosa, integrada por siete hermanos. Aquí aprendería las primeras letras. Apenas cumplidos los 11 años, abandona su pueblo natal con destino al internado que los PP. Dominicos tenían en La Mejorada, provincia de Valladolid, luego vendrían otros internados en la provincia de Segovia, Toledo y Ávila, por lo que solo pudo disfrutar del calor de familia en las vacaciones estivales. A los 12 años murió su padre y a los 23, aún sin haber concluido su carrera de filosofía en Madrid, murió su madre, por lo que se vio obligado a trabajar para costearse sus estudios de Filosofía, graduándose finalmente en Madrid por la Universidad Complutense, el año 1964.
Una vez licenciado en Filosofía y Letras y con los estudios completos de Teología, se puso a trabajar como profesor en colegios privados de Madrid. Posteriormente obtendría el grado de doctor por la misma universidad Complutense de Madrid, pero antes de que esto sucediera, fue llamado a filas y tuvo que cumplir su servicio militar, lo que supondría para él un grave contratiempo, al ver truncada su carrera y su vida profesional apenas iniciada. Una vez cumplidas sus obligaciones con la Patria, fue admitido en el mismo colegio que estaba trabajando y la vida volvería a recobrar su ritmo.
En el año 1967 se casaría con la pedagoga Francisca Abad Martín, fijando su residencia en Madrid.
A partir de este momento, Gutiérrez Sanz vivió entregado a la vida familiar, que supo conjugar perfectamente con su profesión de docente y también con sus estudios, porque en los primeros años de matrimonio, Ángel Gutiérrez estaba ocupado en preparar sus oposiciones, para obtener una plaza como profesor numerario de filosofía, a la vez que trataba de concluir su tesis doctoral. Fueron años difíciles, en que tuvo que trabajar duro y sin tregua, para conseguir lo que consiguió. Cierto que a su lado tuvo siempre a una amiga y colaboradora, que siendo ya madre, no solo supo hacer frente a las circunstancias, manteniendo intacta durante cinco años la licencia por estudios, concedida por el Ministerio de Educación, para que pudiera cursar la carrera de Pedagogía, sino que logró que los ojos de su marido pudieran contemplar la realidad con el verde de la esperanza.
Pasados estos primeros años de matrimonio, la situación fue mejorando. La tesis doctoral que llevaría por título "La Ética en Baltasar Gracián" llegó a feliz término, mereciendo la máxima calificación de "Sobresaliente cum laude", siendo publicada posteriormente. Y sobre todo la obtención de una plaza como profesor titular de filosofía y luego como catedrático de esta misma asignatura, iba a suponer que Gutiérrez Sanz pudiera dedicarse a su pasión de escribir.
En su dilatada vida docente en la enseñanza publica, ha desempeñando diversos cargos directivos, pero ello no ha sido obstáculo para seguir trabajando en el campo de la investigación. Su compromiso al servicio de la cultura ha quedado patente, tanto en las aulas como fuera de ellas, bien como conferenciante en diversos foros, en el Ateneo de Madrid por ejemplo, así como en colaboración con diversos medios de comunicación social, a través de revistas filosófico-teológicas, históricas. educativas o de pensamiento.
Digno de reseñar es que, siendo catedrático y jefe del Seminario de Filosofía del Instituto Miguel Servet de Madrid y en colaboración con un equipo de profesores de este mismo seminario, obtuvo el Primer Premio Nacional del Segundo Concurso de Prensa sobre artículos, en la modalidad de reportajes sobre Pedagogía, convocado por la Fundación Santa María (S.M.).
En el año 1990, Ediciones TAU saca a la luz su primer libro titulado " Aspectos de una sociedad en crisis", en donde el autor apunta las directrices por donde habría de discurrir su pensamiento.
A partir de entonces su vocación como escritor fue haciéndose más determinante, hasta el momento de su jubilación.
MÁS INFORMACIÓN EN: https://blogculturalgutierrezsanzangel.blogspot.com/p/sobre-mi_10.html
















