Aprender de la experiencia
Por Ángel Gutiérrez Sanz
Bien está hacer memoria del pasado, no para quedarse en él, sino para extraer alguna pertinaz lección de todo cuanto va pasando.
Aprender del pasado sin quedarse a vivir en él
Diríase que el ser humano tiene algo de bondad natural, bastante de debilidad y muchas toneladas de insensatez y de ignorancia. Esto último es nuestro gran problema, según Platón. Andamos despistados, sin acertar a descubrir la belleza y el bien que nos circunda y se esconde en cada acontecimiento de la vida. Si al final no sacamos partido de todo lo que nos sucede es porque somos necios y no sabemos interpretar lo que nos va pasando.
Cuando una mala experiencia cambia nuestra mirada
El alma inocente de los niños se muestra confiada, hasta que llegan experiencias amargas que les van haciendo reservados y les colocan a la defensiva. Nos fiamos de los hombres y mujeres hasta que un mal día somos víctimas del fraude o el engaño. Conozco a gente que en la calle o en el metro fue víctima de algún coleccionista de carteras que se fijó en la suya y, desde entonces, para ellos todos los hombres y mujeres comienzan a ser sospechosos; comienzan a recelar de cualquiera que se les arrima y se pone a su lado.

Las heridas del pasado pueden cambiar nuestra mirada, pero no deberían arrebatarnos la capacidad de confiar.
Los hombres y mujeres creemos en la amistad, hasta que ese amigo que dábamos por fiel es cogido en un renuncio. Practicamos la honradez hasta que, cansados, pensamos que ser honesto es muy costoso y no está exento de pegas e incomodidades. Con los muchos años de vida y experiencia vienen las dudas y vacilaciones que pueden convertirnos en unos viejos decepcionados de todos y de todo. Las experiencias van dejando huella. Nada nos pasa sin que sea en balde. Decimos que del pasado hay que aprender y así lo hacemos; pero muchas veces aprendemos mal.
El peligro de aprender las lecciones equivocadas
Crecer puede ser terrible si con ello vamos aprendiendo a coleccionar falsas enseñanzas, que nos obligan a ir enterrando bajo paletadas de lodo los más nobles sentimientos, hasta anegar las corrientes cristalinas que fluyen de nuestro corazón.
No es justo condenar a todo el mundo por el solo hecho de que algún desalmado ande suelto por ahí haciendo de las suyas, ni tampoco lo es dejar de confiar en un amigo que fue fiel noventa y nueve veces y una sola nos falló. Tampoco hay fundamento real que avale el «piensa mal y acertarás»; todo lo contrario, lo que la experiencia nos dice es que, cuando así lo hacemos, de cuatro veces nos equivocamos tres.

La verdadera experiencia no endurece el corazón; lo fortalece para seguir creyendo en el amor, el perdón y la esperanza.
La experiencia que nos hace más humanos
Si ponerse a salvo de peligros, engaños o traiciones supone vivir en la desconfianza constante, si el sentirme seguro exige cerrar con siete llaves mi alma a los demás, sería preferible correr los riesgos que fueren necesarios.
Si algo he de aprender de mi pasado, pido a Dios que no sea otra cosa que humanidad, para que las deslealtades sufridas no engendren en mí resentimiento; los engaños no hagan de mí un ser desconfiado; la agresión, un resentido; la traición, un mal pensado. Que, como Francisco de Asís, sepa yo tener presente la lección del amor en medio de los odios, del perdón en medio de la ofensa, que la unión prevalezca sobre la discordia y la esperanza sobre la desesperación. A la hora de interpretar los acontecimientos y extraer de ellos la lección pertinente, sepa yo hacerlo en clave no de terrenal prudencia, sino según consejo de la sabiduría divina.
En GraZie creemos que…
La experiencia es una de las maestras más valiosas de la vida, pero también una de las más exigentes. Cada vivencia deja una huella, y depende de nosotros decidir si esa huella se convierte en una cicatriz que nos endurece o en una enseñanza que nos hace crecer.
El texto de Ángel Gutiérrez Sanz nos invita a una reflexión profunda: aprender no significa desconfiar de todo ni levantar barreras infranqueables alrededor del corazón. La verdadera sabiduría consiste en mantener la prudencia sin renunciar a la confianza, en aceptar que el ser humano puede fallar sin dejar de creer en su capacidad para hacer el bien.
En un tiempo en el que la desconfianza parece abrirse camino con demasiada facilidad, este artículo nos recuerda que la mayor victoria no está en protegernos de todos los riesgos, sino en conservar intacta nuestra humanidad. Porque, al final, la mejor lección que puede dejarnos la experiencia no es el miedo, sino la capacidad de seguir mirando a los demás con esperanza.
#SiempreGraZie
Para seguir reflexionando
- HUMANIDAD, DIÁLOGO Y LIBERTAD | Pedro Rodríguez Castañeda reflexiona sobre la construcción de una sociedad más humana a través del diálogo, la libertad y el pensamiento crítico. Un artículo que complementa la reflexión de Ángel Gutiérrez sobre cómo nuestras experiencias deben ayudarnos a crecer sin perder la confianza en las personas.
- ÚNICOS E IRREPETIBLES | Ángel Gutiérrez Sanz profundiza en el valor irrepetible de cada persona y en la importancia del «yo» dentro de la humanidad. Una reflexión que amplía la mirada sobre la dignidad humana y el sentido de nuestra existencia.
Sobre la autoría

VIDA Y OBRA DE ÁNGEL GUTIÉRREZ SANZ
Ángel Gutiérrez Sanz nace en Alaraz (Salamanca) 20 de Julio (1939) en el seno de una familia cristiana, donde se tenía aprecio por la cultura. Fue el más pequeño de una familia numerosa, integrada por siete hermanos. Aquí aprendería las primeras letras. Apenas cumplidos los 11 años, abandona su pueblo natal con destino al internado que los PP. Dominicos tenían en La Mejorada, provincia de Valladolid, luego vendrían otros internados en la provincia de Segovia, Toledo y Ávila, por lo que solo pudo disfrutar del calor de familia en las vacaciones estivales. A los 12 años murió su padre y a los 23, aún sin haber concluido su carrera de filosofía en Madrid, murió su madre, por lo que se vio obligado a trabajar para costearse sus estudios de Filosofía, graduándose finalmente en Madrid por la Universidad Complutense, el año 1964.
Una vez licenciado en Filosofía y Letras y con los estudios completos de Teología, se puso a trabajar como profesor en colegios privados de Madrid. Posteriormente obtendría el grado de doctor por la misma universidad Complutense de Madrid, pero antes de que esto sucediera, fue llamado a filas y tuvo que cumplir su servicio militar, lo que supondría para él un grave contratiempo, al ver truncada su carrera y su vida profesional apenas iniciada. Una vez cumplidas sus obligaciones con la Patria, fue admitido en el mismo colegio que estaba trabajando y la vida volvería a recobrar su ritmo.
En el año 1967 se casaría con la pedagoga Francisca Abad Martín, fijando su residencia en Madrid.
A partir de este momento, Gutiérrez Sanz vivió entregado a la vida familiar, que supo conjugar perfectamente con su profesión de docente y también con sus estudios, porque en los primeros años de matrimonio, Ángel Gutiérrez estaba ocupado en preparar sus oposiciones, para obtener una plaza como profesor numerario de filosofía, a la vez que trataba de concluir su tesis doctoral. Fueron años difíciles, en que tuvo que trabajar duro y sin tregua, para conseguir lo que consiguió. Cierto que a su lado tuvo siempre a una amiga y colaboradora, que siendo ya madre, no solo supo hacer frente a las circunstancias, manteniendo intacta durante cinco años la licencia por estudios, concedida por el Ministerio de Educación, para que pudiera cursar la carrera de Pedagogía, sino que logró que los ojos de su marido pudieran contemplar la realidad con el verde de la esperanza.
Pasados estos primeros años de matrimonio, la situación fue mejorando. La tesis doctoral que llevaría por título "La Ética en Baltasar Gracián" llegó a feliz término, mereciendo la máxima calificación de "Sobresaliente cum laude", siendo publicada posteriormente. Y sobre todo la obtención de una plaza como profesor titular de filosofía y luego como catedrático de esta misma asignatura, iba a suponer que Gutiérrez Sanz pudiera dedicarse a su pasión de escribir.
En su dilatada vida docente en la enseñanza publica, ha desempeñando diversos cargos directivos, pero ello no ha sido obstáculo para seguir trabajando en el campo de la investigación. Su compromiso al servicio de la cultura ha quedado patente, tanto en las aulas como fuera de ellas, bien como conferenciante en diversos foros, en el Ateneo de Madrid por ejemplo, así como en colaboración con diversos medios de comunicación social, a través de revistas filosófico-teológicas, históricas. educativas o de pensamiento.
Digno de reseñar es que, siendo catedrático y jefe del Seminario de Filosofía del Instituto Miguel Servet de Madrid y en colaboración con un equipo de profesores de este mismo seminario, obtuvo el Primer Premio Nacional del Segundo Concurso de Prensa sobre artículos, en la modalidad de reportajes sobre Pedagogía, convocado por la Fundación Santa María (S.M.).
En el año 1990, Ediciones TAU saca a la luz su primer libro titulado " Aspectos de una sociedad en crisis", en donde el autor apunta las directrices por donde habría de discurrir su pensamiento.
A partir de entonces su vocación como escritor fue haciéndose más determinante, hasta el momento de su jubilación.
MÁS INFORMACIÓN EN: https://blogculturalgutierrezsanzangel.blogspot.com/p/sobre-mi_10.html













