LA OCASIÓN DESAPROVECHADA

Por Ángel Gutiérrez Sanz

En la existencia humana hay momentos en que afloran situaciones favorables especiales, de las que se podría sacar provecho. Son ocasiones que se ponen a tiro, incluso sin buscarlas. Aparecen a modo de invitación que, sin más, se nos ofrece, bien sea para afianzar el rumbo de nuestras andaduras, bien para enmendar errores cometidos. Es lo que se conoce como «segundas oportunidades». En uno y otro caso son posibilidades para ser aprovechadas.

Si hiciéramos memoria de cuántas ocasiones se nos brindan para mejorar comportamientos y actitudes, capacidades y disposiciones, caeríamos en la cuenta de que han sido muchas; aunque, la mayoría de las veces, todo hay que decirlo, no hemos sabido aprovecharlas.

Sucede con frecuencia que afanosamente buscamos objetos de valor en la lejanía, mientras dejamos pasar la oportunidad de hacernos con preciados tesoros que tenemos cerca, al alcance de la mano. Mantenemos fijos los ojos en el barro que pisamos, al tiempo que pasa desapercibido el maravilloso espectáculo que tiene lugar por encima de nuestras cabezas. Nos hemos fabricado un mundo confortable donde poder vivir cómodamente, conformándonos solo con esto. En este mundo nuestro del asfalto, la velocidad y los rascacielos, se hace cada día más difícil ver estrellas en el cielo y poder disfrutar de las mil maravillas de nuestro alrededor.

Habría que decir con I. Manuel Gil:

«Abre los ojos y sueña
que es verdad tanta hermosura
diariamente en la tierra».

Dos personas se tienden la mano como símbolo de las oportunidades en las relaciones humanas.

Una mano tendida puede convertirse en una oportunidad para acercarnos a los demás.

LAS OPORTUNIDADES EN LAS RELACIONES HUMANAS

En el campo de las humanas relaciones, las posibilidades que se nos ofrecen son también constantes. Cada poco se presenta la ocasión de ser amable, comprensivo, cariñoso con los otros. Nuevas y continuas oportunidades de generosidad para enriquecernos por dentro, y las dejamos pasar.

A mi memoria viene esa parábola de Tagore, que lleva por título «El menor grano de trigo». Es hermosa:

«Estaba mendigando de puerta en puerta por la calle de la aldea, cuando tu carro dorado apareció en la distancia, como un sueño espléndido, y me pregunté quién sería ese Rey de reyes… El carro se detuvo donde yo estaba. Tu mirada se posó sobre mí y descendiste del carro con una sonrisa. Sentí que por fin había llegado la ocasión de mi vida. De pronto tendiste la mano derecha diciendo: “¿Qué me puedes dar?”. ¡Ah, qué regia broma, tender tu palma a un mendigo para mendigar! Me quedé confuso e indeciso, pero luego saqué lentamente de mi bolsa un grano de trigo y te lo di. ¡Cuál fue mi sorpresa cuando, al final del día, vacié mi bolsa en el suelo y encontré en aquel pobre montón de trigo un pequeño grano de oro! Lloré a lágrima viva y deseé haber tenido el valor de habértelo dado todo».

Era verdad que la ocasión había llegado. Me parece ver en esta fábula la expresión de una promesa, la del ciento por uno que aún sigue en pie.


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Sobre la autoría

Ángel Gutiérrez Sanz

VIDA Y OBRA DE ÁNGEL GUTIÉRREZ SANZ

Ángel Gutiérrez Sanz nace en Alaraz (Salamanca) 20 de Julio (1939) en el seno de una familia cristiana, donde se tenía aprecio por la cultura. Fue el más pequeño de una familia numerosa, integrada por siete hermanos. Aquí aprendería las primeras letras. Apenas cumplidos los 11 años, abandona su pueblo natal con destino al internado que los PP. Dominicos tenían en La Mejorada, provincia de Valladolid, luego vendrían otros internados en la provincia de Segovia, Toledo y Ávila, por lo que solo pudo disfrutar del calor de familia en las vacaciones estivales. A los 12 años murió su padre y a los 23, aún sin haber concluido su carrera de filosofía en Madrid, murió su madre, por lo que se vio obligado a trabajar para costearse sus estudios de Filosofía, graduándose finalmente en Madrid por la Universidad Complutense, el año 1964.

Una vez licenciado en Filosofía y Letras y con los estudios completos de Teología, se puso a trabajar como profesor en colegios privados de Madrid. Posteriormente obtendría el grado de doctor por la misma universidad Complutense de Madrid, pero antes de que esto sucediera, fue llamado a filas y tuvo que cumplir su servicio militar, lo que supondría para él un grave contratiempo, al ver truncada su carrera y su vida profesional apenas iniciada. Una vez cumplidas sus obligaciones con la Patria, fue admitido en el mismo colegio que estaba trabajando y la vida volvería a recobrar su ritmo.

 En el año 1967 se casaría con la pedagoga Francisca Abad Martín, fijando su residencia en Madrid.

A partir de este momento, Gutiérrez Sanz vivió entregado a la vida familiar, que supo conjugar perfectamente con su profesión de docente y también con sus estudios, porque en los primeros años de matrimonio, Ángel Gutiérrez estaba ocupado en preparar sus oposiciones, para obtener una plaza como profesor numerario de filosofía, a la vez que trataba de concluir su tesis doctoral. Fueron años difíciles, en que tuvo que trabajar duro y sin tregua, para conseguir lo que consiguió.  Cierto que a su lado tuvo siempre a una amiga y colaboradora, que siendo ya madre, no solo supo hacer frente a las circunstancias, manteniendo intacta durante cinco años la licencia por estudios, concedida por el Ministerio de Educación, para que pudiera cursar la carrera de Pedagogía, sino que logró que los ojos de su marido pudieran contemplar la realidad con el verde de la esperanza.

Pasados estos primeros años de matrimonio, la situación fue mejorando. La tesis doctoral que llevaría por título "La Ética en Baltasar Gracián" llegó a feliz término, mereciendo la máxima calificación de "Sobresaliente cum laude", siendo publicada posteriormente. Y sobre todo la obtención de una plaza como profesor titular de filosofía y luego como catedrático de esta misma asignatura, iba a suponer que Gutiérrez Sanz pudiera dedicarse a su pasión de escribir.

En su dilatada vida docente en la enseñanza publica, ha desempeñando diversos cargos directivos, pero ello no ha sido obstáculo para seguir trabajando en el campo de la investigación. Su compromiso   al servicio de la cultura ha quedado patente, tanto en las aulas como fuera de ellas, bien como conferenciante en diversos foros, en el Ateneo de Madrid por ejemplo, así como en colaboración con diversos medios de comunicación social, a través de revistas filosófico-teológicas, históricas. educativas o de pensamiento.

Digno de reseñar es que, siendo catedrático y jefe del Seminario de Filosofía del Instituto Miguel Servet de Madrid y en colaboración con un equipo de profesores de este mismo seminario, obtuvo el Primer Premio Nacional del Segundo Concurso de Prensa sobre artículos, en la modalidad de reportajes sobre Pedagogía, convocado por la Fundación Santa María (S.M.).

En el año 1990, Ediciones TAU saca a la luz su primer libro titulado " Aspectos de una sociedad en crisis", en donde el autor apunta las directrices por donde habría de discurrir su pensamiento.

A partir de entonces su vocación como escritor fue haciéndose más determinante, hasta el momento de su jubilación.

MÁS INFORMACIÓN EN: https://blogculturalgutierrezsanzangel.blogspot.com/p/sobre-mi_10.html

 

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