EL CAMINITO DEL REY

por Bernabé García-Heras Díaz | Bienestar, Destacada

EL CAMINITO DEL REY

Hay lugares que nos hacen más pequeños y más libres

Bernabé García-Heras Díaz

Hay lugares a los que uno llega pensando que va a hacer una ruta.

Y después descubre que había mucho más.

A mediados de junio nos fuimos hasta Málaga para conocer el Caminito del Rey.

Dormimos en Ardales.

Y quizá eso también formaba parte del plan: no convertir el día en una carrera de kilómetros, carreteras y horarios. Llegar, descansar, levantarnos y comenzar la ruta con la sensación de que el viaje empezaba antes de poner un pie sobre la primera pasarela.

El Caminito del Rey nos esperaba al día siguiente.

Aunque todavía no sabíamos que, además de caminar entre paredes de roca, íbamos a encontrarnos con trenes, centrales eléctricas, presas, túneles, historias de reyes, ingenieros y trabajadores que, hace más de cien años, se movían por aquellos mismos lugares.

Porque el Caminito del Rey tiene una historia que merece ser contada.

Y empieza antes de que existiera el Caminito.

Caminito del Rey sobre el Desfiladero de los Gaitanes entre paredes de roca y el río

La pasarela del Caminito del Rey se adentra entre las paredes del Desfiladero de los Gaitanes.

ANTES DEL CAMINITO, LLEGÓ EL TREN

Hoy podemos llegar hasta El Chorro en tren.

La pequeña estación aparece entre las montañas como si siempre hubiera estado allí.

Pero cuando uno descubre su historia entiende que el tren fue, en realidad, uno de los primeros grandes protagonistas de este paisaje.

La línea ferroviaria entre Málaga y Córdoba se construyó en el siglo XIX y quedó terminada en 1866.

No era una obra sencilla.

El recorrido tenía 192 kilómetros y obligó a construir túneles, viaductos y puentes para atravesar una geografía complicada. Y precisamente uno de los lugares más difíciles era este: el Desfiladero de los Gaitanes.

El tren entró en este paisaje mucho antes que los visitantes.

Y todavía hoy lo atraviesa.

La vía discurre por el desfiladero prácticamente a la misma altura que el Caminito del Rey. Desde el tren se puede contemplar la pasarela suspendida sobre las paredes de roca.

Y también ocurre al contrario.

Cuando estamos en el Caminito y escuchamos o vemos aparecer un tren entre las montañas, resulta inevitable pensar en todas las personas que han pasado por allí durante más de un siglo.

El paisaje deja de ser solamente paisaje.

Empieza a tener memoria.

UN LUGAR DONDE EL AGUA TENÍA MUCHO QUE DECIR

El Guadalhorce había abierto durante miles de años su propio camino entre las rocas.

El río fue excavando el desfiladero hasta crear un cañón que, en algunos puntos, apenas alcanza los diez metros de anchura y llega a superar los 300 metros de altura en sus paredes.

Pero a comienzos del siglo XX alguien empezó a mirar aquel paisaje de otra manera.

No solo como un lugar espectacular.

También como una fuente de energía.

El ingeniero malagueño Rafael Benjumea entendió las posibilidades que ofrecía el desnivel del río.

En 1903 fundó la Sociedad Hidroeléctrica del Chorro y comenzó la construcción de una central hidroeléctrica que aprovecharía la fuerza del agua.

Las instalaciones quedaron terminadas en 1905 y comenzaron a funcionar en 1906.

Aquella central acabaría teniendo una importancia enorme para Málaga.

La electricidad que producía permitió impulsar industrias, servicios y transportes y convirtió aquel rincón de la provincia en algo mucho más importante de lo que podía parecer desde fuera.

Creación artística del Caminito del Rey y una central hidroeléctrica entre las montañas del Desfiladero de los Gaitanes

Creación artística inspirada en el paisaje del Caminito del Rey y la historia de la central hidroeléctrica del Chorro.

Y ENTONCES APARECIÓ EL CAMINITO

Aquí está una de las historias que más nos gusta descubrir cuando hacemos una ruta.

Porque el Caminito del Rey no nació para que la gente pudiera hacer turismo.

Ni siquiera nació con ese nombre.

Fue construido como un camino de servicio.

La Sociedad Hidroeléctrica del Chorro necesitaba comunicar las instalaciones del Salto del Gaitanejo con las del Salto del Chorro. Había que permitir el paso de trabajadores, transportar materiales, vigilar las instalaciones y mantener el canal que llevaba el agua hasta la central.

Las obras comenzaron en 1901 y terminaron en 1905.

Y para hacerlo tuvieron que construir una estrecha pasarela colgada sobre las paredes del desfiladero.

Hoy nos parece una locura.

Entonces era una necesidad.

Y aquella necesidad terminó creando uno de los caminos más conocidos de España.

CAMINAMOS POR DONDE ANTES TRABAJABAN OTROS

Cuando comenzamos el recorrido, cuesta imaginar que aquello no fue concebido para visitantes.

No había fotografías.

No había turistas.

No había teléfonos preparados para capturar el paisaje.

Había trabajadores.

Hombres que tenían que desplazarse por aquellas pasarelas para mantener una infraestructura de la que dependía algo tan moderno para la época como producir electricidad.

El paisaje que nosotros contemplamos con cierta admiración era para ellos también un lugar de trabajo.

Y eso cambia la manera de mirarlo.

Porque detrás de cada pared de roca hay una historia de personas que tuvieron que enfrentarse a aquel territorio mucho antes de que nosotros llegáramos con nuestras zapatillas y nuestras cámaras.

EL REY QUE DIO NOMBRE AL CAMINO

Y aquí aparece Alfonso XIII.

En 1921, el rey llegó hasta esta zona para inaugurar una de las grandes obras hidráulicas de aquel momento: la presa del Chorro, actualmente conocida como presa del Conde de Guadalhorce.

Para llegar hasta ella tuvo que recorrer el camino que ya existía.

Lo atravesó.

Y a partir de entonces comenzó a popularizarse entre la gente el nombre de Caminito del Rey.

No porque el camino hubiera sido construido para el rey.

Eso es importante.

El camino ya estaba allí.

El rey lo recorrió.

Y el nombre se quedó.

Recreación histórica de Alfonso XIII recorriendo el Caminito del Rey en 1921 junto al Desfiladero de los Gaitanes

Recreación artística del recorrido de Alfonso XIII por el Caminito del Rey en 1921.

EL PUENTE DEL REY

Hay otro pequeño detalle que ayuda a imaginar aquel momento.

El Puente del Rey recibe su nombre porque Alfonso XIII lo cruzó aquel 21 de mayo de 1921.

Hoy puede parecer simplemente otro elemento del recorrido.

Pero cuando conocemos su historia deja de ser una estructura más.

Es un pequeño testigo de aquel día.

Y quizá ese sea uno de los encantos de lugares como este.

No hace falta que todo sea monumental.

A veces basta con saber que alguien estuvo allí antes que nosotros.

MIRAR HACIA ABAJO

Y después está el desfiladero.

Ese sí que no necesita demasiadas explicaciones.

La roca sube.

El río queda abajo.

La pasarela avanza.

Y uno continúa.

Hay momentos en los que el paisaje parece demasiado grande para caber en una fotografía.

Las paredes verticales hacen que el visitante se sienta pequeño.

Muy pequeño.

Pero no es una sensación desagradable.

Al contrario.

Hay algo casi liberador en comprobar que, durante unas horas, el mundo puede ser mucho más grande que nuestros problemas cotidianos.

No hace falta sacar ninguna conclusión.

Solo mirar.

Y DE PRONTO, EL TREN

Uno de los momentos que más nos gusta imaginar —y que forma parte de la personalidad de este lugar— es ese cruce silencioso entre dos formas de recorrer el desfiladero.

El tren por un lado.

El Caminito por otro.

Dos caminos que conviven en el mismo paisaje.

Uno atraviesa la montaña.

El otro se agarra a ella.

Y entre ambos está el Guadalhorce.

La línea ferroviaria fue construida décadas antes del Caminito, y años después también tuvo un papel fundamental en las grandes obras hidráulicas de la zona.

Cuando se construyó la presa del Chorro no existían las carreteras que hoy conocemos.

El ferrocarril era fundamental para transportar materiales y maquinaria.

Incluso se construyó un apeadero, El Coscojal, para facilitar el traslado de suministros hacia las obras, y desde allí se creó un pequeño sistema ferroviario para acercarlos a los tajos.

Resulta curioso pensar que aquel paisaje que hoy visitamos tranquilamente estuvo durante años lleno de actividad, obreros, maquinaria, trenes y materiales.

EL CHORRO, MUCHO MÁS QUE UNA ESTACIÓN

Al llegar a la zona de El Chorro aparece otra sorpresa.

Porque la construcción de la central y de todas aquellas infraestructuras no solo transformó el paisaje.

También transformó la vida de las personas.

El poblado de El Chorro creció alrededor de la actividad hidroeléctrica.

Y llegó a disponer de colegio, biblioteca, capilla e incluso pistas de tenis y baloncesto.

La Capilla-Escuela se construyó para los hijos de los trabajadores y técnicos.

Los edificios fueron formando poco a poco una pequeña comunidad alrededor de la central.

Y eso hace que El Chorro tenga una historia propia.

No era simplemente un lugar de paso.

Durante décadas hubo allí familias, niños, trabajadores, escuela, comercio y vida cotidiana.

Estación de El Chorro y poblado histórico entre las montañas y los embalses del entorno del Caminito del Rey

El Chorro, un antiguo poblado vinculado a la actividad hidroeléctrica, rodeado por las montañas y las aguas del entorno del Caminito del Rey.

CUANDO EL AGUA SE CONVIERTE EN PAISAJE

Después del desfiladero, uno empieza a comprender que toda esta zona está unida por el agua.

El Guadalhorce.

El Gaitanejo.

Los embalses.

Las presas.

La central.

El canal.

El río que entra y sale de las montañas.

El entorno del Caminito forma parte de un sistema mucho mayor, en el que aparecen los embalses del Guadalhorce, Guadalteba, Conde de Guadalhorce y Gaitanejo.

Desde algunos puntos, el paisaje cambia completamente.

Ya no estamos viendo solamente paredes de roca.

Aparecen grandes superficies de agua.

Montañas.

Bosques.

Carreteras que se pierden entre curvas.

Y pequeños rincones donde apetece quedarse un rato.

AQUÍ TAMBIÉN SE PUEDE NAVEGAR

Y esa es otra de las cosas que quizá no esperamos encontrar cuando pensamos en el Caminito del Rey.

Agua.

Mucha agua.

En el entorno de los embalses existen zonas destinadas a actividades acuáticas y es posible encontrar propuestas relacionadas con el kayak, además de otras formas de disfrutar de este paisaje desde el agua.

Es curioso.

Desde arriba descubrimos el desfiladero.

Desde el tren lo vemos pasar.

Y desde el agua el paisaje vuelve a cambiar.

El mismo lugar.

Tres maneras completamente diferentes de recorrerlo.

Y eso nos hace pensar que quizá un viaje no consiste tanto en tachar lugares de una lista como en descubrir cuántas historias caben dentro de un mismo paisaje.

NO TODO TERMINA CUANDO TERMINA EL CAMINITO

Una de las cosas que más nos gustan de las escapadas es que el destino principal no tiene por qué ocupar todo el día.

El Caminito tiene un principio y un final.

Pero el viaje no.

Después quedan los alrededores.

El Chorro.

Los embalses.

Las carreteras que atraviesan la sierra.

Las pequeñas poblaciones.

El agua.

Las fotografías que hemos ido haciendo.

Y esa sensación tan agradable de haber pasado varias horas fuera de nuestro escenario habitual.

Por eso dormir en Ardales fue también parte de la experiencia.

No tuvimos que llegar y marcharnos.

Pudimos quedarnos.

Y cuando uno se queda, aunque sea solamente una noche, empieza a mirar de otra manera.

El viaje deja de ser una visita.

Se convierte en una pequeña escapada.

Paisaje de los embalses del entorno del Caminito del Rey entre montañas y bosques de Ardales

El paisaje de los embalses y las montañas que rodean el Caminito del Rey, más allá de la propia ruta.

HAY LUGARES QUE NOS HACEN MÁS PEQUEÑOS

Quizá esa sea una de las cosas que más recordamos del Caminito del Rey.

No la altura.

No el número de kilómetros.

No cuánto tardamos.

Recordamos la sensación de caminar entre aquellas paredes enormes.

De mirar el río desde arriba.

De descubrir que por allí pasa un tren.

De saber que Alfonso XIII había recorrido aquel mismo camino.

De pensar en los trabajadores que lo utilizaron cuando todavía no existía como destino turístico.

De imaginar el ruido de las obras, la maquinaria, los trenes cargados de materiales y aquella primera central hidroeléctrica funcionando en medio de las montañas.

Y entonces el paisaje cambia.

Ya no estamos viendo solamente una ruta espectacular.

Estamos viendo un lugar donde naturaleza, ingeniería e historia llevan más de un siglo caminando juntas.

Quizá por eso el Caminito del Rey deja una sensación difícil de explicar.

Porque durante unas horas nosotros somos solamente visitantes.

Pero el camino permanece.

La roca permanece.

El agua continúa bajando.

Los trenes siguen atravesando el desfiladero.

Y aquella pasarela que nació para que otros pudieran trabajar sigue allí, más de cien años después, convertida en uno de esos lugares que merece la pena caminar al menos una vez.

Nosotros llegamos.

Caminamos.

Miramos.

Descubrimos.

Y después nos fuimos.

Pero el desfiladero se quedó allí.

Como siempre.

Quizá esa sea la verdadera lección de algunos viajes:

hay lugares que no necesitan cambiarnos la vida.

A veces basta con que, durante unas horas, nos hagan mirar la vida desde otro lugar.

Y eso también es viajar.

Panorámica del Caminito del Rey entre las paredes del Desfiladero de los Gaitanes

Las pasarelas del Caminito del Rey recorren las paredes del Desfiladero de los Gaitanes.


Y el camino continúa…

· MIENTRAS LAS VÍAS SIGAN AHÍ – V | La estación donde ya no paran los trenes.
Hay lugares que siguen esperando aunque los trenes hayan dejado de parar. Una historia sobre vías, estaciones y la memoria de quienes alguna vez comenzaron allí un viaje.

· EL REAL DE LA JARA | Un lugar donde el paisaje también cuenta historias.
Naturaleza, caminos, historia y pequeñas escenas de un pueblo de Sierra Morena donde descubrir el territorio también significa detenerse a conocer su gente.

· UN CAMINO DE SUPERACIÓN Y ESPERANZA | La fuerza de un camino transformador.
El Camino de Santiago contado como una experiencia que va mucho más allá de caminar: personas, esfuerzo, convivencia, inclusión y todo aquello que puede suceder mientras avanzamos.


 

Sobre la autoría

Retrato de Bernabé García-Heras Días, creador y colaborador de GraZie Magazine
Creativo editorial | Diseño de identidad corporativa en  | Web

Bernabé García-Heras Díaz

Creativo editorial | Diseño de identidad corporativa | Creador y fundador de GraZie Magazine

Creativo editorial y diseñador especializado en identidad corporativa, con una trayectoria vinculada a proyectos culturales, editoriales e institucionales. Su trabajo reúne diseño, fotografía y comunicación visual. Es creador y fundador de GraZie Magazine, publicación digital centrada en las personas, las historias y los valores humanos.

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