NADA DE LO HECHO SE PERDERÁ
Por Ángel Gutiérrez
Hay textos que no buscan respuestas rápidas, sino detenernos. En este artículo, Ángel Gutiérrez invita al lector a mirar de frente la huella que dejan nuestros actos, la responsabilidad que nos acompaña y el lugar que ocupa el perdón en la conciencia humana. Una reflexión profunda, serena y necesaria sobre lo que hacemos, lo que somos y aquello que permanece.
La huella imborrable de nuestros actos
Estamos llamados a perpetuarnos a través de nuestras obras. Lo que vamos dejando hecho nunca desaparece; hecho queda para siempre. Estamos condenados a cargar con la responsabilidad de aquello que hemos hecho bien y también de lo que hemos hecho mal. La suerte del inocente, igual que la del criminal, quedan marcados. Por mucho arrepentimiento que se le suponga, Caín siempre será el asesino de su hermano Abel. Es como si hubiera caído sobre él un maldito estigma del que ya nunca pudiera liberarse. Fueron los maestros existencialistas los que nos enseñaron que soportar una responsabilidad culpable, sin hacer trampas, resulta doloroso y dramático. Podemos, eso sí, mirar para otro lado o falsearlo todo, pero entonces de lo que estaríamos hablando sería de una existencia inauténtica, que es en la que frecuentemente intentamos refugiarnos. La decisión, pongamos por caso, de no parar y pasar de largo con nuestro automóvil, dejando tendido en la cuneta a un accidentado, que se retuerce y desangra entre amasijos de chatarra, es decisión tomada en breves segundos; puede ser funesta para el malherido, pero también puede convertirse en tormento y acusación permanente de por vida para aquel que se negó a socorrerlo. Los finos e incisivos análisis existencialistas sobre estas cuestiones nos dejan un hondo pesimismo y desesperación en el alma cuando no se contempla la posibilidad del perdón.
Judas y Pedro: dos formas de afrontar la culpa
Los comportamientos de Judas y de Pedro discurren paralelos. Ambos son conscientes de que traicionaron al Maestro. Saben que su alma ha quedado marcada por esta deslealtad y que ya siempre se les podrá llamar traidores. La diferencia está en que uno se desespera y otro se arrepiente; uno cierra su corazón a la esperanza y el otro aún confía en el perdón.

Lo que hacemos también nos define
Lo que hicimos nos pertenece, por eso nos acompañará siempre como cosa nuestra. La vida nueva y el mundo nuevo que haya de venir será glorioso y magnífico, muy distinto al que conocemos, cierto; pero nadie dejará de ser lo que fue, ni dejará de pertenecerle lo que hizo. Mi conciencia personal no quedará absorbida por la conciencia universal. Seguiré manteniendo mis señas de identidad, que no pueden ser otras que las obras con las que he ido definiendo mi existencia. Cuanto hice seguirá siendo mío, nunca me abandonará; como mi sombra me acompañará dondequiera que vaya y lo tendré conmigo en esa nueva dimensión de la existencia. “Sé que las cosas que quedan atrás, en esta vida cargada de lentitud, no se han perdido para siempre”. (R. Tagore: Del alba al crepúsculo).
El libro de la vida que nada olvida
Cuando todo haya acabado, se cerrará el libro que hemos ido escribiendo letra a letra y quedará sellado para que nada se pierda. La visita que hicimos al enfermo, el consuelo que prestamos al triste, la ayuda que proporcionamos al necesitado, el vaso de agua que dimos al sediento, todo será tenido en cuenta y será objeto de eterna recompensa, según divina promesa. Al borde de la eternidad, antes de recibir la recompensa, todos necesitaremos del perdón: nuestros triunfos, nuestros fracasos, nuestros trabajos, nuestros amores y desengaños, todo, todo irá con nosotros, desde la primera sonrisa hasta la última lágrima, y quién sabe si también nos llevemos alguna nostalgia de nuestro paso por el mundo.
Reflexión GraZie
En un tiempo que a menudo corre demasiado deprisa y banaliza incluso lo esencial, este texto nos recuerda algo incómodo y hermoso a la vez: nada de lo que hacemos carece de sentido. Cada gesto deja huella. Cada omisión también. Y quizá por eso la vida no solo deba entenderse desde la responsabilidad, sino también desde la esperanza. Porque donde existe conciencia, también puede existir verdad; y donde hay verdad, el perdón deja de ser debilidad para convertirse en una forma profunda de humanidad.
#SiempreGraZie
Sobre la autoría

VIDA Y OBRA DE ÁNGEL GUTIÉRREZ SANZ
Ángel Gutiérrez Sanz nace en Alaraz (Salamanca) 20 de Julio (1939) en el seno de una familia cristiana, donde se tenía aprecio por la cultura. Fue el más pequeño de una familia numerosa, integrada por siete hermanos. Aquí aprendería las primeras letras. Apenas cumplidos los 11 años, abandona su pueblo natal con destino al internado que los PP. Dominicos tenían en La Mejorada, provincia de Valladolid, luego vendrían otros internados en la provincia de Segovia, Toledo y Ávila, por lo que solo pudo disfrutar del calor de familia en las vacaciones estivales. A los 12 años murió su padre y a los 23, aún sin haber concluido su carrera de filosofía en Madrid, murió su madre, por lo que se vio obligado a trabajar para costearse sus estudios de Filosofía, graduándose finalmente en Madrid por la Universidad Complutense, el año 1964.
Una vez licenciado en Filosofía y Letras y con los estudios completos de Teología, se puso a trabajar como profesor en colegios privados de Madrid. Posteriormente obtendría el grado de doctor por la misma universidad Complutense de Madrid, pero antes de que esto sucediera, fue llamado a filas y tuvo que cumplir su servicio militar, lo que supondría para él un grave contratiempo, al ver truncada su carrera y su vida profesional apenas iniciada. Una vez cumplidas sus obligaciones con la Patria, fue admitido en el mismo colegio que estaba trabajando y la vida volvería a recobrar su ritmo.
En el año 1967 se casaría con la pedagoga Francisca Abad Martín, fijando su residencia en Madrid.
A partir de este momento, Gutiérrez Sanz vivió entregado a la vida familiar, que supo conjugar perfectamente con su profesión de docente y también con sus estudios, porque en los primeros años de matrimonio, Ángel Gutiérrez estaba ocupado en preparar sus oposiciones, para obtener una plaza como profesor numerario de filosofía, a la vez que trataba de concluir su tesis doctoral. Fueron años difíciles, en que tuvo que trabajar duro y sin tregua, para conseguir lo que consiguió. Cierto que a su lado tuvo siempre a una amiga y colaboradora, que siendo ya madre, no solo supo hacer frente a las circunstancias, manteniendo intacta durante cinco años la licencia por estudios, concedida por el Ministerio de Educación, para que pudiera cursar la carrera de Pedagogía, sino que logró que los ojos de su marido pudieran contemplar la realidad con el verde de la esperanza.
Pasados estos primeros años de matrimonio, la situación fue mejorando. La tesis doctoral que llevaría por título "La Ética en Baltasar Gracián" llegó a feliz término, mereciendo la máxima calificación de "Sobresaliente cum laude", siendo publicada posteriormente. Y sobre todo la obtención de una plaza como profesor titular de filosofía y luego como catedrático de esta misma asignatura, iba a suponer que Gutiérrez Sanz pudiera dedicarse a su pasión de escribir.
En su dilatada vida docente en la enseñanza publica, ha desempeñando diversos cargos directivos, pero ello no ha sido obstáculo para seguir trabajando en el campo de la investigación. Su compromiso al servicio de la cultura ha quedado patente, tanto en las aulas como fuera de ellas, bien como conferenciante en diversos foros, en el Ateneo de Madrid por ejemplo, así como en colaboración con diversos medios de comunicación social, a través de revistas filosófico-teológicas, históricas. educativas o de pensamiento.
Digno de reseñar es que, siendo catedrático y jefe del Seminario de Filosofía del Instituto Miguel Servet de Madrid y en colaboración con un equipo de profesores de este mismo seminario, obtuvo el Primer Premio Nacional del Segundo Concurso de Prensa sobre artículos, en la modalidad de reportajes sobre Pedagogía, convocado por la Fundación Santa María (S.M.).
En el año 1990, Ediciones TAU saca a la luz su primer libro titulado " Aspectos de una sociedad en crisis", en donde el autor apunta las directrices por donde habría de discurrir su pensamiento.
A partir de entonces su vocación como escritor fue haciéndose más determinante, hasta el momento de su jubilación.
MÁS INFORMACIÓN EN: https://blogculturalgutierrezsanzangel.blogspot.com/p/sobre-mi_10.html













