BASTA YA
Por Bernabé García-Heras Díaz
Hay días en los que uno se pregunta hasta dónde vamos a llegar. Cuánto más vamos a tener que escuchar, soportar, justificar o simplemente aceptar como si todo lo que está pasando formara parte de la normalidad.
Porque no, no todo es normal. Y quizá lo peor no sea lo que sucede, sino la facilidad con la que nos estamos acostumbrando a ello.
Estamos cansados. Cansados de ver cómo se repiten las mismas injusticias, cómo las personas parecen importar cada vez menos y cómo muchas cosas que deberían avergonzarnos como sociedad terminan convirtiéndose en una noticia más. La vemos, nos indignamos un momento y seguimos con nuestro día. Mañana habrá otra.
También estamos cansados de la política y de quienes deberían ejercerla con responsabilidad. De las discusiones interminables, de las acusaciones, de las promesas que se olvidan y de esa sensación de que demasiadas veces los problemas de la gente quedan en segundo plano. Parece que importa más tener razón que encontrar soluciones. Y mientras unos discuten, otros siguen esperando que alguien se ocupe de sus problemas.

Una sociedad que empieza a acostumbrarse a aquello que nunca debería considerar normal.
Y luego están las guerras. Las que vemos en las imágenes, con ciudades destrozadas, niños que pierden su infancia y familias que lo pierden todo. Pero también esas otras guerras que no siempre se reconocen como tales: las que se libran con intereses económicos, con desigualdades, con abusos de poder, con decisiones que condenan a millones de personas a vivir sin oportunidades. No todas las guerras necesitan bombas para destruir vidas.
¿De verdad tenemos que acostumbrarnos a esto?
Pero el hartazgo no está solamente ahí fuera. También vive en nuestras casas, en nuestros trabajos, en nuestras relaciones y en esas pequeñas situaciones que vamos acumulando sin decir demasiado.
En el cansancio de quien siempre tiene que entender. De quien pone buena cara cuando no le quedan ganas, de quien mide sus palabras para no molestar y termina guardándose tantas cosas que ya no sabe ni por dónde empezar. De quien respeta, escucha, cede y vuelve a intentarlo, mientras al otro lado parece que todo eso se da por hecho.
Y llega un día en que uno se cansa.
Se cansa de aguantar por educación, de callar para evitar problemas, de tener que comprender siempre a los demás mientras nadie se pregunta cómo está uno. Porque respetar no significa estar de acuerdo con todo, ni ser comprensivo obliga a soportarlo todo. Hay límites, y también tenemos derecho a defenderlos.
No podemos pasarnos la vida justificando comportamientos que nos hacen daño, aceptando situaciones injustas o sintiéndonos culpables por expresar lo que pensamos.
A veces nos dicen que tengamos paciencia. Que no merece la pena discutir. Que las cosas son así. Pero ¿y si precisamente ese es el problema? ¿Y si llevamos demasiado tiempo aceptando que las cosas sean así?

También tenemos derecho a decir basta, defender nuestros límites y dejar de aceptar aquello que nos hace daño.
No quiero un mundo perfecto. Sé que no existe. Tampoco espero que todos pensemos igual, que desaparezcan las diferencias o que nunca volvamos a equivocarnos. Lo que cuesta aceptar es que hayamos llegado a considerar inevitable tanto egoísmo, tanta indiferencia y tanta falta de respeto.
Y no, no quiero acostumbrarme.
Quiero poder mirar alrededor sin sentir que todo da igual. Quiero seguir creyendo en las personas, pero sin tener que cerrar los ojos ante lo que hacen. Quiero que podamos discrepar sin destruirnos, convivir sin pisarnos y vivir sin tener que estar permanentemente a la defensiva.
Por eso, a veces, lo único que queda por decir es BASTA YA.
Basta de guerras, de injusticias, de mentiras y de abusos. Basta de utilizar a las personas como instrumentos para conseguir poder, dinero o reconocimiento. Basta de tanta indiferencia ante el sufrimiento ajeno.
Y, en lo personal, basta de creer que tenemos que aguantarlo todo para demostrar que somos buenas personas.
Porque también llega un momento en el que uno necesita pensar en sí mismo, levantar la voz y decir que hasta aquí hemos llegado.
No es odio. No es rencor. Tampoco es renunciar a la esperanza.
Es sencillamente no querer seguir aceptando aquello que sabemos que está mal.
Y si todavía nos queda voz para decirlo, que se escuche:
BASTA YA…
Sobre la autoría
Bernabé García-Heras Díaz
Creativo editorial | Diseño de identidad corporativa | Creador y fundador de GraZie Magazine
Creativo editorial y diseñador especializado en identidad corporativa, con una trayectoria vinculada a proyectos culturales, editoriales e institucionales. Su trabajo reúne diseño, fotografía y comunicación visual. Es creador y fundador de GraZie Magazine, publicación digital centrada en las personas, las historias y los valores humanos.
















