Por Pedro Rodríguez Castañeda
A la vista de los últimos acontecimientos que estamos viviendo, sean políticos, económicos, sociales o de cualquier otro tipo, muchos de vosotros os habréis hecho la misma pregunta y no sé si tendréis respuestas satisfactorias para continuar la vida con perspectivas positivas o si, por el contrario, os está creando preguntas adicionales que, aún más, os llevan a no entender nada de lo que pasa y os limitáis a aceptar una triste realidad.
Según mi criterio, todas las circunstancias socioculturales que vivimos nos obligan a tener en cuenta los valores que necesitamos implementar con fuerza para evitar lo no deseado. Me refiero a la tolerancia, al respeto recíproco, la solidaridad, la paz y, sobre todo, al reconocimiento de la dignidad del ser humano. Estos valores citados no son compatibles con lo que estamos viviendo actualmente: el fundamentalismo fanático, el dogmatismo ideológico, el totalitarismo sociopolítico o cualquier otro contravalor que nos lleva directamente al nihilismo.
Esta situación actual no es precisamente nueva; siempre han existido en la historia personajes nefastos para la sociedad cuyo único sentido era conseguir poder y obtener privilegios sin tener en cuenta la ética o, sencillamente, la responsabilidad. Es precisamente esta responsabilidad la base para conseguir esa sociedad deseada. La ética es obligatoria para todos los dirigentes, especialmente para los políticos, y deben ser conscientes de que solamente se puede alcanzar esa responsabilidad con juicios, valoraciones y decisiones morales que estén ajustadas a la verdad. Esto implica leyes y normas justas y, sobre todo, hacer lo necesario para que se cumplan en toda la sociedad, especialmente para los que deben ser referencia; me refiero otra vez, de manera explícita, a los políticos.
Reconocemos que no todo el mundo piensa de igual manera y que la búsqueda de la felicidad no es igual para unos que para otros, lo que ha dado lugar a diferentes conceptos del bien, a diferentes formas de vida y, por añadidura, a un pluralismo ético después de haber aceptado el pluralismo religioso y político existente. Max Weber, sociólogo, jurista e historiador alemán, distinguió entre éticas de intención, fundamentadas sobre convicciones subjetivas, y éticas de responsabilidad, acordes con la objetividad, y con esta división encontrar los límites del pluralismo. Ludwig Josef Wittgenstein, filósofo austríaco, llegó a canonizar el pluralismo sociológico con la conocida doctrina de los juegos del lenguaje: el pluralismo lingüístico y social en las preferencias humanas por valores. Podríamos seguir haciendo referencia a grandes personajes que han dedicado su vida a estas cuestiones, pero para no ser pesado podemos decir que, desde la antigua Grecia, Sócrates, Platón y Aristóteles, entre otros, tuvieron muy claro cuestiones como el bien, la felicidad, la virtud, el deber, el placer y, sobre todo, el conocimiento de los principios morales referentes en su propia vida.

Armonizar nuestra herencia humanista con los desafíos de la tecnología es el gran reto de nuestro tiempo.
Si esto ha sido tan estudiado y tratado en tantos años, ¿por qué estamos viviendo esta situación de amoralidad, sobre todo de los políticos? Las razones pueden ser varias y diferentes para cada persona, pero posiblemente para la mayoría hay varios puntos comunes que voy a intentar desarrollar y, con ello, indicar algún camino a seguir, para todos, que nos ayude a mejorar la situación. El camino que necesitamos andar para conseguir los objetivos de felicidad tiene que ajustarse a obrar correctamente, sabiendo que la virtud es el modo de ser del espíritu, pero solamente cuando el hombre es bueno. Para forjar la personalidad moral, este hombre bueno necesita ejercer su actividad con acciones que le lleven a conseguir un hábito para obrar bien. Esta disposición adquirida mediante esfuerzo y disciplina es virtud, y con esta virtud se adquiere y se armoniza el goce del placer, que no es otra cosa que conseguir un deseo.
Este camino citado solamente se puede conseguir con una buena educación, que es precisamente uno de los pilares que se deben fomentar de manera continuada en las familias, las escuelas y colegios donde los capacitados —que no son todos— puedan acceder a formaciones superiores sin despreciar la formación profesional, tan demandada y necesaria. Una vez conseguida esa formación superior, según su ideal y voluntad, estarán capacitados para complementar su formación con los más capacitados en esa materia en otros países donde sea referencia la materia elegida. No podemos consentir que esos profesionales, por razones económicas, de seguridad y falta de medios, se establezcan en otros lugares y aquí se acepten personas mediocres en puestos que tienen que ser ejemplo y estímulo para todos.
Esta corta exposición nos lleva a hacernos algunas preguntas sobre la realidad que vivimos en el mundo y, especialmente, en nuestro país. ¿Es correcto que ministros, jueces, fiscales, catedráticos y cualquier otra profesión relevante sean nombrados en primera línea porque siguen las normas establecidas por el “presidente” o porque sean familia, amigos o cualquier otra relación difícil de expresar por el que decide su nombramiento? Immanuel Kant, filósofo prusiano, ya en el siglo XVIII argumentó sobre la ética materialista de bienes, fines, inclinaciones y deseos, ya que la ética material anulaba la autonomía del sujeto moral e implantaba imperativos hipotéticos que, al responder a intereses individuales, restringen la libertad, imposibilitan la universalización de normas e instauran el imperio del egoísmo.
Ahora la tecnología ha evolucionado mucho para conseguir situaciones puramente egoístas; desde un punto de vista personal, pidamos capacidad de análisis de datos y reaccionemos en beneficio de la sociedad.
Reflexión GraZie: «Caminar hacia el futuro exige mirar el pasado con gratitud por los maestros que nos dieron las luces, y con responsabilidad hacia quienes vendrán. La excelencia no es un privilegio, es un deber ético que debemos cultivar en cada acción cotidiana. Gracias, Pedro, por recordarnos que, ante la amoralidad, la respuesta siempre es nuestra integridad personal.»
La ética como imperativo: La responsabilidad no es opcional para quien ejerce el poder; es el pilar fundamental que sostiene la legitimidad social.
Virtud vs. Egoísmo: El verdadero progreso nace del hábito de obrar bien, superando la tiranía de los intereses personales que Kant advertía ya en el siglo XVIII.
Educación y excelencia: No podemos permitir que la mediocridad dicte el rumbo de una nación; debemos fomentar el talento y la formación como motor de cambio.
#SiempreGraZie
#Ética #ResponsabilidadSocial #ValoresHumanos #Liderazgo #Filosofía #GraZieMagazine #PedroRodriguezCastañeda
Sobre la autoría

D. Pedro Rodríguez Castañeda
Licenciado en Ciencias Químicas, especialidad Industrial, en la Universidad de Valladolid.
Máster en Dirección y Administración de empresas, por ESDEN. Máster en Formación para directivos Gustav Kaeser y Máster en estudios avanzados de Filosofía, por la Universidad Complutense de Madrid.
Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid.
Resaltar, además de la formación, los trabajos realizados: dos años en la Universidad de Valladolid en la catedra de Química Orgánica, realizando la TESIS doctoral. Tres años como jefe de Laboratorio en Sociedad General Azucarera (SGA) y varios años trabajando con diferentes multinacionales del sector médico. Esta formación y experiencia me llevó a constituir mi propia empresa, PAIPEISA, S.A, a la que he dedicado más de tres décadas y donde he conseguido mucho más de lo esperado.













